Secciones
Síguenos en:
GUERRERO QUIERE EL DESQUITE

GUERRERO QUIERE EL DESQUITE

Con la presencia por primera vez en la historia de un campeón mundial en uso de su título, Nigell Mansell, la temporada de Indy Cars se lanza hoy en Australia, en el foco de la atención de todo el concierto millonario de seguidores del automovilismo. Y en esa coyuntura mediática, el colombiano Roberto José Guerrero, regresa al calendario regular de este campeonato americano en el elegante y poderoso equipo de Kenny Barnstein, con el no menos representativo patrocinio de Budweiser, luciendo el número 40.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
21 de marzo 1993 , 12:00 a. m.

El torneo, previsto a 16 carreras que le dan opción a pilotos de ruta, de circuitos callejeros y óvalos, ha ganado una enorme atención no solo por la incrustración de Mansell, sino por el cuestionamiento que sufre actualmente la Fórmula 1.

Los Indycars, con un reglamento menos exigente en gastos, con elementos comunes a todos los equipos como las llantas, las presiones de los turbocargadores y la electrónica controlada al mínimo uso, resultan hoy unas amenazantes máquinas en las cuales el pilotaje y la destreza humana tienen toda su expresión.

De ahí la validez que han cobrado, mientras en la fórmula el público comienza a aburrirse por la perfección de los computadores que hacen el 70 por ciento del trabajo de los pilotos que los espectadores pagan por ver y los costos que tan solo a dos o tres les permiten tener acceso a los podios.

La llegada de Mansell, como coequipero de Mario Andretti, es una rara coincidencia pues en 1980, cuando el americano corrió con Lotus y venía de ganar el Mundial de 1978, encontró precisamente en ese equipo al británico que hacía sus primeras armas en la F-1 y a quien pulió en sus años de audacia.

De nuevo se encuentran y, otra vez, Mario ha tenido la misión de enseñarle a Mansell los trucos de los Indycars.

El plato central lo forma una nómina de veteranos, que Europa pretende aún calificar como una categoría senior máster. Mario, 62 años; Emerson Fittipaldi, 46; Mansell, 41; Bobby Rahal, 41, entre otros, son los protagonistas centrales de los Indy. Alternan con ellos jóvenes como Unser Jr.

Pero está ausente el campeón del 91, Michael Andretti, contratado por Mc Laren para que corra al lado de Senna, lo cual confirma que el nivel de los Indycars no tan subestimable como muchos creen.

Mansell, es el centro no solo del espectáculo, sino el calibrador de este fenómeno. Si gana en ruta y óvalos, querrá decir que el nivel de manejo de los Indy está muy por debajo de la Fórmula 1. Si lo pasean y es un rival más en el grupo de los duros, los americanos y su campeonato tendrán de qué sentirse orgullosos.

Y de lejos, todos mirarán al otro lado del mar las peripecias de Michael Andretti, su hombre estrella, quien en los Mc Laren hasta ahora no ha tenido ni suerte, ni brillo.

En resumen, con ocho días de diferencia, arrancaron dos torneos en el pasado divorciados y con su propio entorno, inclusive poco amistoso entre sí. Ahora, ambos certámenes se reparten la sintonía.

En ese territorio, para Roberto José Guerrero se abre una excelente posibilidad de recuperar una trayectoria brillante, truncada desde su accidente en Indianápolis hace cinco años y seriamente comprometida en sus experiencias con Alfa Romeo, de las cuales se quedó únicamente con el desgaste de ser piloto de pruebas pues la casa italiana abandonó el torneo, corta de recursos técnicos.

Contratado en 1992 para las 500 Millas de Indianápolis por Kenny Barnstein, un riquísimo propietario de equipos de carreras, Guerrero sacó el mejor partido del motor Buick montado en un chasis Lola y logró la arrancada en la cuerda.

Es hoy en los libros, el hombre más rápido que ha girado en ese óvalo. Pero también, quien más rápido se ha retirado de la prueba pues ni siquiera tomó la partida.

Desahuciado por muchos como piloto profesional, el mismo Barnstein tomó su bandera y le ofreció lo que nunca había tenido: dos autos Lola 93, motores Chevrolet de última generación, dinero suficiente y vistoso con el apoyo de Budweiser, un equipo íntegramente a su servicio e ingenieros ingleses a su lado provenientes directamente de la fábrica.

Para Guerrero, la carrera de hoy en Surfer s Paradise (Australia), puede ser su puerta hacia el paraíso que siempre ha soñado, con todos los elementos en la mano para demostrar su talento que ha parpadeado tantas veces, pero no ha brillado con estabilidad.

Y si tiene éxito, también para él está el enorme beneficio de correr contra el campeón mundial, que es un termómetro que dirá cuán maduro (34 años), experto y veloz es el máximo crédito de Colombia en las pistas mundiales.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.