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AHORA VIENE LO DURO...

AHORA VIENE LO DURO...

El país reaccionó. La sociedad colombiana demostró instinto de supervivencia y deseo de renovación. E hizo saber que sus valores no han muerto. Bendita democracia: no eres tan mala como a veces pareces.

Es sorprendente cómo la elección de Andrés Pastrana transformó el clima sicológico del país. Se respira un aire nuevo de confianza y optimismo, que ya se ha hecho sentir en los indicadores económicos.

En el exterior, la victoria del candidato de la oposición demostró que la democracia colombiana no estaba totalmente anquilosada y narcotizada, como algunos temían. Sí fue capaz de dar el vuelco y producir una alternación en el poder. Titulares como Triunfó la dignidad o Colombia dijo basta , de diarios españoles y estadounidenses (ABC y Miami Herald), reflejan la manera como fue interpretado el resultado electoral en la prensa internacional.

Y ahora viene lo duro. La recuperación económica y la reconstrucción institucional, en medio de una posible y muy complicada negociación con la guerrilla, es el descomunal desafío triple que tiene por delante el nuevo Gobierno.

Un hecho fundamental del domingo fueron los más de doce millones de votos depositados por la ciudadanía en medio de un puente y en pleno Mundial de Fútbol. Una participación electoral masiva y sin precedentes, que reivindica el proceso democrático y que, de cara al diálogo con la guerrilla, fortalece de manera significativa la capacidad negociadora del Estado.

Quienes descalifican la validez de las urnas y creen justificar por eso su apelación a la lucha armada, tendrán que sentirse notificados por esos doce millones 200 mil colombianos que salieron a la calle a depositar su voto.

Vale la pena destacar la actitud de Horacio Serpa. Sin reproches ni amarguras, reconoció a tiempo la victoria de Pastrana en una intervención que solo puede calificarse de patriótica.

Serpa ratificó en la derrota su temple humano y su condición de líder. Conducta que me confirma en la convicción que alguna vez expresé, de que es el hombre más calificado para dirigir al partido liberal en la oposición.

Siempre y cuando ese partido esté dispuesto y sea capaz de asumir una tarea de oposición que harto necesita, para reencontrar una vocación social y popular hace tiempos extraviada en las redes del clientelismo, la narcofinanciación y el indebido aprovechamiento de los dineros y bienes del Estado.

La pregunta es cómo y con quiénes va a ejercer Serpa la oposición política. En previsible muestra de responsabilidad política, ya anunció que colaboraría en temas fundamentales como la búsqueda de la paz.

Pero si sus principales aliados en la tarea oposicionista van a ser los mismos políticos derrotados del proceso 8.000; los mismos congresistas desgastados y cuestionados por la opinión; los mismos corruptos que el país ya identifica y conoce, será difícil que el partido que él pretende acaudillar recupere su credibilidad.

Si, en cambio, se separa de tan nefastos personajes, promueve la purificación política y busca a las figuras limpias y progresistas del liberalismo, la democracia colombiana podría avanzar mucho dentro de una real dinámica gobierno-oposición. Que sea capaz, eso sí, de liberarse de las presiones del narcotráfico; de los halagos del gran grupo económico y del chantaje parlamentario de quienes conciben la política como usufructo personal.

Andrés Pastrana tendrá que lidiar con un Congreso teóricamente hostil; con un Gobierno estadounidense que buscará imponerle una agenda unilateral en narcotráfico y, sobre todo, con enormes expectativas populares en medio de una situación económica que exigirá medidas no siempre populares.

El ajuste fiscal y la reforma política se anuncian como los temas más polémicos del inmediato futuro. Sobre todo si el Congreso decide atravesarse como vaca muerta en el camino del cambio. Para no hablar de la negociación con Farc y Eln, que puede resultar mucho más demorada, compleja y conflictiva de lo imaginado. Y para la cual deberá consolidar un amplio respaldo nacional.

Contará a su favor con un valioso y sólido equipo de colaboradores; con una favorable opinión internacional y con un generalizado sentimiento nacional que quiere mirar hacia adelante y doblar rápidamente la doliente página de este cuatrienio.

Pero el constructivo ánimo de reconciliación nacional que se respira no significa que deba haber tregua alguna con el clientelismo o la inmoralidad. Las investigaciones por corrupción política y administrativa mal podrían descuidarse. El rescate de la imagen de Colombia, de la legitimidad del Congreso y de la propia institución presidencial, es un proceso que apenas comienza.

Andrés Pastrana, un político que sabe rodearse, deberá actuar con prontitud y decisión apenas asuma el mando. El capital político con que llega no le durará indefinidamente y tendrá que gastarlo en los problemas más apremiantes.

Estoy seguro de que Pastrana es un hombre que se crecerá con el cargo. Ya al otro día de su triunfo se le notaba más seguro de sí mismo y más firme en sus opiniones. Por el bien de esta maltratada Colombia, será necesario respaldarlo en sus aciertos. Y criticarlo cada vez que falle.

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