NOTICIEROS PARROQUIALES

NOTICIEROS PARROQUIALES

El gran acontecimiento ocurrido en La Habana entre el encuentro del Papa Juan Pablo II y Fidel Castro puso de presente una vez más el parroquialismo y la mediocridad de la televisión colombiana.

28 de enero 1998 , 12:00 a. m.

Si no hubiera sido por los canales internacionales, específicamente por la CBS (a pesar de los comentarios desajustados y resentidos de los cubanos de Miami), de la Televisión Española (que fue la más profesional) y la CNN, los interesados en este gran evento estaríamos sin información, sin las imágenes de los actos, por cuanto la televisión colombiana se contentó con resúmenes de uno o dos minutos y con reporteros que cometieron exabruptos como Yolima Celis si no me equivoco que tomó por la fuerza al Papa, aferrándose a su mano sabiendo que es un hombre enfermo y que ese gesto agresivo lo podía lesionar. Es bueno anotar que esa es la rutina de Colombia: el reportero empuja y pone contra la pared a una persona para que de la declaración frente al micrófono de la televisión.

Los comentaristas de televisión han coincidido en la pésima programación de comienzo de año que está en relación directa con la ausencia de pauta publicitaria y con la autorización de emitir de los canales privados. Sin embargo, no es una situación excepcional.

Los periodistas internacionales coinciden siempre en que los medios informativos colombianos son abrumadoramente parroquiales. Y hablamos de los canales nacionales, sin tener en cuenta los regionales que son verdaderamente pueblerinos.

Por lo menos en la prensa escrita se ofrecen dos o tres páginas de resúmenes e informes especiales. Así ocurrió con EL TIEMPO y El País. También vimos un gran despliegue por parte de José Pardo Llada, no sólo por su condición de exiliado, sino por sus calidades periodísticas.

La visita del Papa a Cuba nos ha servido para saber y valorar los equivocados conceptos con los cuales se maneja la televisión colombiana en sus noticieros, y más grave aún la situación de la televisión regional que tendrá que hacer un replanteamiento muy serio para no desaparecer.

El acontecimiento ocurrido en La Habana es de una dimensión inusitada pero solo la podíamos valorar viéndola con nuestros propios ojos y escuchando los discursos y los cánticos del pueblo y la reacción de los participantes. Nada de esto se vio en Colombia, gracias a la televisión comercializada de nuestro país, que no hizo ninguna transmisión en directo. Quizás por no entender al mundo, no nos entendemos a nosotros mismos.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.