JORGE ELIÉCER GAITAN OPINIÓN

JORGE ELIÉCER GAITAN OPINIÓN

El 9 de abril pasado se cumplieron cincuenta años de la muerte del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán y todavía el país ignora quiénes fueron, con sus nombres completos, los autores intelectuales de su asesinato; pero seguimos pagando sus consecuencias. Tal y como él mismo lo profetizó, transcurrirían cincuenta años de violencia si las oligarquías lo asesinaban. Y han transcurrido. La historia registra que las guerrillas surgieron después de su muerte, de tinte liberal al principio, y transformadas después en comunistas, luego de la rendición de Guadalupe Salcedo y la conversión al bandolerismo de Chispas , Sangrenegra y otros. Pedro Antonio Marín (Tiro Fijo) uno de los campesinos liberales que empuñó las armas para vengar la muerte de Gaitán, escogió otro camino: siguió las orientaciones del partido comunista y se desmovilizó pero sin entregar armas. Luego de la agresión militar a Marquetalia, el caserío fundado por él y en donde residía con sus hombres y familias, inició la e

11 de mayo 1998 , 12:00 a.m.

La gran verdad histórica es que Gaitán no fue asesinado sólo por Roa Siera, ni por el comunismo internacional --sindicado por el gobierno y por Laureano Gómez para desviar la atención-- ni por algún enemigo personal resentido con una de sus defensas penales. Fue asesinado por quienes temían un ascenso del pueblo a los estrados del poder de la mano suya y del partido liberal del cual se había apoderado con su verbo y su carisma, contrariando la voluntad política liberal tildada por él de oligarquía , clase política que por entonces era tan intolerante y excluyente aunque no tan corrupta como hoy. Su triunfo en las elecciones para presidente en 1.950, hubiera significado para Colombia una verdadera revolución política, si por tal entendemos el cambio en el poder de una clase, grupo o camarilla que lo detenga y lo usa en su exclusivo beneficio.

Desde luego que tal revolución no hubiera seguido el cauce comunista como ocurrió en Cuba dos lustros después. Gaitán era un liberal de tendencias socialdemócratas, un socialista democrático si se quiere, pero no un simpatizante del comunismo. Su ideario así lo decía claramente. Por algo el partido comunista de esa época no lo apoyó, lo tildaba de demagogo y prefirió adherir a Gabriel Turbay, el otro aspirante liberal a la presidencia y por tanto el preferido de la oligarquía liberal , en las elecciones que ganó Mariano Ospina Pérez. Gaitán pensaba en repartir mejor el ponqué de la riqueza nacional para permitirle a los pobres tener su parte, y en concederle al pueblo el derecho a ser tenido en cuenta en las decisiones del Estado, manejado entonces como hoy, por círculos plutocráticos. A nada más aspiró el caudillo inmolado. De haberlo logrado como presidente, hubiera eliminado o reducido la miseria y acabado con la intolerancia, y le hubiera quitado ese caldo de cultivo al movimiento insurgente. Pero sus asesinos pensaron en sus intereses más que en los de la Patria y optaron por el camino de la violencia que hoy todavía transitamos.

Gaitán abogó por la restauración moral de la República en contra de los mismos con las mismas , los oligarcas de ambos partidos, que empezaban a manchar la dignidad de la República con tímidos tráficos de influencia (todavía no se robaban descaradamente los presupuestos de los institutos y establecimientos del Estado) y llamó a la unidad del pueblo diciéndole que el hambre no era liberal ni conservadora . Era amigo de los indígenas, de los obreros, de los campesinos y ambicioso forjador de un partido liberal con ideas de transformación social encaminadas a poner a Colombia a tono con los cambios que se habían producido en el capitalismo de Europa. Pero era por sobre todo, un hombre honesto que vivía la política como servicio a la Patria y a los humildes, que no se lucraba de ella, que no la necesitaba para tal fin puesto que derivaba su sustento de su exitoso ejercicio profesional. Quienes hoy se autodenominan gaitanistas y andan de la mano de los corruptos y viviendo de las finanzas del Estado, le faltan el respeto a su memoria.

Con la muerte de Gaitán murió temporalmente el nuevo país que debió nacer en esa época y que hoy todavía lucha por salir avante, no obstante las talanqueras de los mismos con las mismas , todavía empotrados en el poder, de espaldas e indolentes frente a la sangre de los miles de compatriotas que ha corrido desde entonces. Por ello, el mejor homenaje que le podemos hacer al Tributo del Pueblo es contribuir a forjar ese nuevo país tolerante y en paz, con justicia y educación, salud, empleo, tierra, seguridad social y respeto a la vida, para todos los colombianos; país que apenas fue vislumbrado por la Constitución del 91 y que las oligarquías liberales y conservadoras de hoy se empecinan en no dejar nacer.

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