QUÉ PAÍS QUIERE LA GUERRILLA

QUÉ PAÍS QUIERE LA GUERRILLA

Cuando uno se pone a pensar en los problemas del debate económico que, más tarde o más temprano, han de enfrentar a la guerrilla con la sociedad civil y a la guerrilla con el Gobierno, no deja de preocuparle la brecha conceptual que desde ya se vislumbra.

26 de julio 1998 , 12:00 a. m.

Son décadas de vacío de diálogo y de confrontación de ideas que no va a ser fácil de llenar. Son décadas de asimilación de distintas teorías y doctrinas. Se argumenta que la guerrilla no puede estar tan atrasada en materia de teoría económica, pues en su interior existen profesionales capacitados y que, por otro lado, el aislamiento en que se encuentra está relativizado por su acceso a medios como Internet, el correo electrónico, etc.

De todos modos, si la polémica entre distintas escuelas en el ámbito de la sociedad legal colombiana es crítica y a veces enconada, qué podremos decir del debate que se abra entre el Establecimiento y una insurgencia que seguramente saldrá a hablar otra vez de modo de producción socialista, de nacionalización de los recursos naturales, de no a la inversión extranjera en la explotación de recursos naturales, de no a la intervención de organismos como el Fondo Monetario Internacional en el manejo de las variables macroeconómicas del país? Será entonces el momento en que se apreciará hasta dónde ha cambiado el discurso antiimperialista de la insurgencia que, dentro del canto de sirenas de un Eduardo Galeano (el uruguayo autor de Las venas rotas de América Latina), pretendía achacar a los Estados Unidos la responsabilidad de todos los males (pobreza, atraso, corrupción) de sociedades tercermundistas como la colombiana.

Hay que ver, de la década de los años 60 a nuestros días, en qué medida se ha desarrollado la teoría política, pero, en particular, la teoría económica. Solo habrá que esperar un período, cuando de las bien intencionadas declaraciones de Mainz pasemos a la concreción de qué país tiene en su cabeza cada una de las partes, para ver hasta qué punto la guerrilla, por un lado, y nosotros, por el otro, entendemos problemas como el de la globalización ( factor real o imposición del imperialismo?), el papel del Estado intervencionista en la conducción de la economía, la competitividad derivada de la productividad, el conocimiento como el mayor valor agregado frente a la pérdida de valor de lo intangible, el intercambio desigual de valores como una falacia de la izquierda tradicional en el campo de la teoría del comercio internacional, y un largo etcétera.

Habrá que enfrentar el tema de Colombia, no en los términos anacrónicos de un país bloqueado a imagen y semejanza de Cuba, sino de un país cuya economía está insertada en el contexto de la economía mundial, sujeto a la competencia en cada uno de los nichos de producción, no solo con Estados Unidos o con sus vecinos andinos, sino con la productividad y el nivel de salarios de los tigres asiáticos, los europeos y los rincones más alejados del planeta.

Frente a problemas como el de la eficiencia de los organismos del Estado y la decisión de privatizar entidades cuyos rendimientos apenas alcanzan para cubrir salarios y prestaciones de su plantilla, veremos de veras si la rigidez cede ante los argumentos científicos.

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