DESDE LA PLAZOLETA DE LA MEMORIA

DESDE LA PLAZOLETA DE LA MEMORIA

Hay un lugar en el corazón de Bogotá en el que el tiempo se detuvo. En este sitio si se habla de fútbol no se menciona al Pibe, sino a Diestéfano y a Pedernera. Aquí todavía existe la Bogotá del tranvía, del Hotel Granada y del río San Francisco.

08 de enero 1998 , 12:00 a. m.

La capital de tiempos remotos resucita del pasado todos los días, invocada por las memorias de los ancianos que visitan la plazoleta del Rosario para pasar el tiempo, mientras charlan de los años que se le fueron a Bogotá, cuando no existía Chingaza ni Doña Juana y mucho menos el smog o la intolerancia.

Alrededor de las 9 de la mañana empiezan a llegar provenientes de partes tan lejanas de la ciudad como Soacha y el Restrepo. Allí se pueden ver en pequeños grupos charlando o simplemente observando el movimiento del lugar. Entre tanto, otros permanecen solos como si esperaran la llegada de alguien o el asomo de una conversación.

Alvaro Lozano, es uno de ellos. Dice que no tiene hora de llegada porque todo depende de su insomnio. Como duermo a pedazos me levanto cuando me canso de dar vueltas en la cama , afirma.

De esta manera, sale de su casa en la calle 13 Sur con carrera 2 y se dirige hacia la plazoleta, que frecuenta desde hace 3 años.

Ya que nadie le da trabajo a un viejo como yo entonces vengo aquí al menos a distraerme viendo la ciudad , señala y deja desbordar su catarata de recuerdos. Yo he hecho de todo, hasta fui futbolista de las reservas de Millonarios por allá en el 52, también trabajé en la Academia de Historia de Bogotá y luego vendí libros pero se volvió mal negocio porque la gente dejó de leer además en Internet lo consiguen todo .

Del centro de Bogotá queda muy poco, porque todo se perdió con la llegada de adefesios como el edificio del Banco de la República y el de Avianca. Además la gente ya no es la misma. Del respeto que había nada queda , concluye.

Tradición viva A pesar de que pueden pasar inadvertidos por entre los esmeralderos, vendedores de dólares, universitarios, vendedores ambulantes y demás visitantes estacionarios y esporádicos de la plazoleta, los ancianos son ya parte del lugar con un papel definido como actores urbanos.

Así lo demostró la investigación que realizaron los historiadores Mario Barbosa y Helena Pérez, para el Observatorio de Cultura Ciudadana. Durante varios días visitaron el lugar y entrevistaron a quienes frecuentan la plazoleta del Rosario para ver la manera como este grupo humano se apropió del espacio público.

De acuerdo con el estudio, los viejos son símbolos de una ciudad que ya no existe en la vida agitada de la metrópoli y pasan desapercibidos porque su ritmo pausado y su carácter lleno de buenas maneras, no hacen parte del nuevo habitante de la ciudad.

También se pudo establecer que estos ancianos mantienen una imagen idealizada de la ciudad que se perdió luego del 9 de abril de 1948, y que en su mayoría todavía conservan la forma de hablar de los cachacos de mediados de siglo y su forma de vestir.

Sus temas de conversación generalmente giran en torno a la política, la salud, el seguro social y los recuerdos de una Bogotá, según ellos, mucho más educada limpia y segura , señala la investigación.

Otra de las conclusiones es que la plazoleta conserva las funciones de plaza de pueblo, en la que los ancianos se pueden reunir y departir sin ser molestados.

Plazoleta de historias Para qué quiere saber cómo me llamo? Para escribir pendejadas? Cuál es la preguntadera? , afirma uno de los veteranos que va a la plazoleta desde hace 40 años. A pesar de su aparente agresividad no puede evitar la tentación de una conversación y empieza a desgranar recuerdos.

Fue el 9 de abril cuando Bogotá se jodió porque nada volvió a ser como antes y la ciudad quedó en poder de los guaches. Hoy todavía los vemos en la calle y muchos de ellos hasta han sido sus mandatarios , afirma blandiendo su bastón amenazante.

Cuando se le pregunta por su relación con la plazoleta, expresa que ha dejado en ella gran parte de sus 80 años de vida. Ahí debajo de la estatua de Jiménez de Quezada quedé botado hace unos meses por un ataque de trombosis y agrega que se le torció la cara y un brazo, pero que ahora está bien gracias a una planta medicinal. Y no digo el nombre porque la desaparecen, la arrasan los guaches! Para Heriberto Granados, un anciano de 70 años vestido impecable de paño azul, ir a la plazoleta del Rosario es una rutina que cumple desde hace 5 años.

Hace 20 años que llegó de Bucaramanga buscando nuevas oportunidades de trabajo, pero la suerte no ha sido la mejor. He tenido muchos negocios, pero por ser buena gente siempre me tumban . He vendido obras de arte, libros, carros de todo y nunca pude conseguir algo. Aquí se mueve mucha plata, yo oigo hablar todo el día de puntos y kilates, pero a mí no me gusta esa vaina , concluye.

Aunque vive en Soacha, le gusta venir a la plazoleta del Rosario porque se siente inmiscuido en la vida de la ciudad, incomparable con lo que sería gastar sus días encerrado en las cuatro paredes de su cuarto, afirma. Del Rosario En la plazoleta del Rosario, ubicada en carrera 7 con avenida Jiménez, predomina el comercio de las esmeraldas y en el pedestal de la estatua de Jiménez de Quezada se sitúan quienes se atreven a vender sus propias gemas. A todo lo ancho de la plazoleta se sitúan los comisionistas, a menudo elegantemente vestidos y son supervisados por sus jefes que los observan desde las oficinas que dan hacia el lugar , indica el estudio. Entre tanto, en la esquina nororiental de la zona se ubican los vendedores de dólares, que de acuerdo con la investigación, son más sedentarios que los anteriores. Los estudiantes universitarios también acuden a la plazoleta que utilizan como campus universitario y como punto obligado de paso hacia los paraderos de buses y busetas. La investigación plantea que teniendo en cuenta las características de este caso, cualquier intervención sobre este y otros espacios públicos debe estar sustentada en un estudio de las necesidades de las personas que se apropian de ellos.

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