NO PUEDE SER

NO PUEDE SER

Hoy sábado se celebran -o mejor, se conmemoran- cinco años exactos del famoso 5-0 contra los argentinos. Y, para festejarlo, a la dirigencia del fútbol colombiano se le ocurrió la gran idea de llamar de nuevo a Francisco Maturana para que dirija la Selección Colombia.

05 de septiembre 1998 , 12:00 a.m.

Una cosa es borrar de un tajo el llamado proceso (que, entre otras cosas, comenzó a morir aquel recordado 5 de septiembre de 1993) y otra muy distinta mantener al fútbol colombiano en el ostracismo de la era Bolillo . Porque, hay que decirlo, Colombia lleva cinco años de estancamiento, cinco años de lento y lánguido declive, cinco años viendo cómo se aleja, cada vez más, ese tren de la historia que estuvimos a punto de alcanzar en la eliminatoria del Mundial de Estados Unidos.

Cinco años... En el primero, Colombia asombró al mundo y luego lo decepcionó. En los cuatro restantes, peor aún, lo único que ha hecho es aburrir. Bueno, no solo aburre. El lánguido final de Colombia en Francia 98 también provocó mucha lástima.

Nadie niega la historia. Nadie niega que, con Maturana, el fútbol colombiano dio un inmenso salto cualitativo. Nadie niega que Maturana lo llevó a la antesala de la elite mundial. Como dice el saber popular, a Maturana nadie le quita lo bailado . Y sus equipos de 1987 y 1993 han sido, de lejos, los que mejor han bailado y el 5-0 fue el gran baile de gala de la historia del fútbol colombiano.

Pero tampoco se puede olvidar, y mucho menos hoy, que gran parte de ese trabajo se desperdició en cinco años de arrogancia que condujo al fracaso de 1994 y cuatro más de estancamiento y declive. En la pasada Copa del Mundo, el único país de América Latina que no superó la primera fase fue Colombia. Duele decirlo, pero en Francia-98 fuimos, junto con Estados Unidos, el relleno de este continente. Fuimos el Japón de Suramérica.

Maturana, el hombre, es una cosa. Su circunstancia, otra muy distinta. Maturana ha perdido credibilidad. De pronto no como estratega ni como estudioso del fútbol. Pero sí como conductor. Según manifestó hace pocos días Hernán Darío Gómez, en el Mundial de 1994 perdió el control de los jugadores. Su reciente campaña con Millonarios también exasperó los ánimos de gran parte de la hinchada azul.

El mejor homenaje que podría hacérsele al proceso de Maturana -a lo poco que aún sobrevive- es revitalizarlo y actualizarlo. No en vano se le llama proceso. Es algo que comienza en un punto y se mejora y perfecciona a partir de las experiencias y de los errores. El estilo que impuso Maturana a finales de los años 80 nos sacó del anonimato y el ostracismo, pero ya se quedó obsoleto. Para que el proceso sea eso, un proceso, hay que mejorarlo. Y no es llamando a su creador, que sigue estancado en su discurso de mediados de los 80, la mejor manera de actualizarlo. Sería intolerable ver cómo el 5-0 se transforma en el 4-4 de final de milenio por la pereza mental de quienes tienen la responsabilidad de apostarle al futuro y reencontrar el sendero perdido.

Maturana, director técnico de la Selección Colombia. Es como si -guardando las proporciones- las Fuerzas Armadas volvieran a los sables y las lanzas del ejército libertador porque con ellos Simón Bolívar ganó la batalla del Pantano de Vargas.

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