URUGUAYO, SOS UN DIOS

URUGUAYO, SOS UN DIOS

En la baranda de la tribuna alta norte de El Campín, la misma que se cayó el pasado 6 de mayo por el peso exagerado del amor de los Comandos Azules por Millonarios, estaba amarrada una pancarta de letras blancas, que decía Uruguayo, sos un Dios , con el acento argentino que copia la barra más caliente y bullanguera que tiene Bogotá.

27 de julio 1998 , 12:00 a. m.

El uruguayo es el portero Héctor Burgues. Y es el Dios del equipo porque con sus atajadas en los desempates por penaltis le ha dado al Millos de Jorge Luis Pinto la mitad de los puntos que ha conseguido en los dos más recientes juegos.

Ayer, como hace ocho días contra Santa Fe, los guantes del arquero disimularon en la tanda de penaltis el discreto empate sin goles que consiguió Millos frente a Junior. Burgues le detuvo los disparos a Calixto Chiquillo y a Víctor Danilo Pacheco. Para completar, aseguró el punto extra al acertar, con elegancia, en su turno al remate.

Los Comandos Azules, los mismos que reestrenaron la apertura de la gradería de la curva norte, hicieron la avalancha, corrieron de arriba abajo, y se fueron sonrientes mientras gritaban con las cuerdas vocales templadas al máximo Uruguayo, sos un Dios .

Burgues selló el 4-2 en la serie de desempate desde los 12 pasos y le entregó, de nuevo, respiración artificial a un Millonarios que jugó feo, sin ideas, sin alternativas de ataque, que corrió mucho pero sin mayor sentido, y que tuvo la ventaja de jugar con un hombre de más desde el minuto 16 del primer tiempo y que a los 30 minutos del segundo sumaba dos jugadores más que el rival. Junior sufrió las expulsiones, justas, de Juan Carlos Bernal y Gustavo Villa.

Sin talento A pesar de tener semejante chance para obtener el triunfo en el tiempo regular, Millonarios se vio inferior en muchos y largos pasajes del juego. Los locales comenzaron aceptablemente el partido. En los primeros diez minutos, con Maturana en la zona de creación al lado del debutante argentino Juan Cruz Real, de primer balance en blanco y negro (ver nota anexa), le dio trabajo al arquero Chiquillo, que atajó remates de media distancia de Bonner Mosquera, Alex Daza y Maturana.

Ese impulso azul duró poco. Guillermo Rivera se quitó la sudadera y empezó a calentar: Marcio cruz, el atacante brasileño, no pudo con la lesión que arrastró durante toda la semana y terminó cediéndole su lugar a los 11 minutos. Así, Maturana tuvo que jugar de delantero por la derecha y Rivera al lado de Real. Los visos de inteligencia en la mitad de perdieron.

Es cierto que Junior, se defendía, pero lo hacía con estilo. Nunca se colgó del palo. Paró cuatro hombres en defensa, rodeando su área, apoyados por otros cuatro en la mitad del campo (Miranda bien abierto en la derecha, Oscar Bolaño bien abierto en la izquierda, y Villa y Jorge Bolaño por el centro); tuvo a Pacheco jugando de enlace y Carlos Vilarete de punta.

En el juego aéreo Junior dejó dudas, que no pudieron aprovechar Osman López, Rivera, Daza o Raúl Ramírez. Sin embargo, la falta de talento del equipo azul fue tenaz y evidente. Tanto que la expulsión de Bernal, por puñetazo sin balón a Real, no se notó, a pesar de la gritadera de Pinto desde la zona técnica.

Más con menos Y en el segundo tiempo se notó menos esa superioridad numérica. Junior empezó al ataque, recargando el juego por la derecha. Por ahí se juntaban Pacheco, Oscar Bolaño y Víctor Miranda. Los curramberos eran superiores en el campo con menos jugadores.

Junior llegaba facilísimo a las 18 de Burgues. La defensa azul fue lenta, pesada y a veces torpe. En cambio, los locales casi nunca pisaron con claridad y velocidad la zona de riesgo barranquillera.

Millos reaccionó por instrumentos, y tuvo dos jugadas de gol clarísimas. Una plástica maniobra de Rivera en las 18, con sombrero y giro, que terminó en remate desviado; y un cabezazo solo, de Ramírez que terminó despejado por las piernas del portero.

Hernán Velasco, el juez de muy discutida presentación, empató el partido en las tarjetas rojas en los últimos cinco minutos: expulsó a Maturana por falta para amarilla, sin amonestación previa, y luego echó a Ramírez en una determinación que tuvo el sabor de la compensación, por una infracción sobre Pacheco, que fue quien buscó la falta.

En resumen, Junior, evidenció la lentitud de la defensa de Millos, que demostró, a su vez, que le cuesta muchísimo hacer un gol.

Al final, Burgues le dio de nuevo un punto de más a los azules, un punto que no alcanza a disimular el mal juego del equipo que hasta ahora está empezando a montar Pinto.

Por ahora, el uruguayo es el Dios y a él le están rezando los hinchas azules..

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