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MEMORIA DE LA NOCHE

MEMORIA DE LA NOCHE

La poesía nos conmina a devenir, mucho más que invitarnos a comprender . Paul Valery.

Cada libro de poesía es, sin duda, un desafío al presente, paraíso de los pragmáticos. No sirve para nada, coincidirán con escándalo las violentas mayorías de hombres de acción, crecidas al amparo de ruidosas series de televisión. Sin duda, se trata de otra pequeña montaña de juegos de palabras, seres que han perdido valor en nuestros días, y que parecen girar alrededor del mismo punto: la noche, que da vueltas a la mente del poeta.

Memoria de la noche, de la misma noche, acerca de la cual tantos han cantado antes: qué podrá ser nuevo aquí, vagando entre los desafíos del romántico y los del poeta maldito? La poesía es un arte difícil, en el que hay que proceder certeramente; un modo caprichoso y recurrente. Casi todos fracasan, al menos en parte. Es poco lo que puede decirse que no se haya dicho ya. Por tanto, cada libro de poesía entraña hoy un riesgo mayor que los que antes corrieron otros libros: no del olvido, que es común. No el de la burla, que es frecuente, sino el de la desesperanza, el del fulminante desánimo.

Esta Memoria de la noche insiste en que todavía no es hora de tal desesperanza: esa voz del aliento, ese consuelo, es su más hondo mensaje, la huella de su esencia. Aquí aparecen Nerval, Borges, Eva, Stalker de Tarkovsky, el niño perseguido. Y hay un episodio que dice de este modo: Un león persigue al niño en un sueño febril; /lo acorrala en una penumbra infinita, no lo devora, duerme con él . El miedo y el dolor, son temas recurrentes en los poemas de Alfonso Carvajal. Qué noche podría vivir sin ellos!; pero, también la noche abriga a los seres; sean los caballos, la amada, o la serpiente. La mayor parte de los poemas aborda lo universal, lo que es, a un tiempo trágico y feliz; en suma, los mismos retos de siempre narrados con palabras nuevas: Un detenido rumor en una página en blanco/ cabalga bajo la lluvia inmóvil de la ira .

Eso es lo que se obtiene aquí, una vez más, con la eficacia de viejas metáforas que suenan, palabras que casi azotan al lector. En suma, otro libro de poesía, sin muchas diferencias, y por eso, con un acento sublime que puede pasar desapercibido, porque no se ha vestido de gala, porque apenas se ha dejado caer. Un poco de esa materia intangible, que tiende a resultar vacía de sentido a los buscadores de mensajes directos y prosaicos.

He aquí una prueba más de que no ha pasado el tiempo, y de que hoy puede hacerse lo que se hizo siempre. Esa comprobación es una gloria. Hay un tema envuelto en estos poemas, un tema que, para mí por lo menos, bien vale el cuello de todos los otros; un bello asunto que no dejará de tener sentido: el de la fe. Dice el poeta, refiriéndose a Tarkovsky, odió a los hombres, por su falta de fe en cualquier cosa . Por tan valiente encomio, que caigan sobre él las más altas bienaventuranzas.

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