ESCARBANDO

El dato de 15,8 por ciento, el nivel más alto de desempleo en los últimos veintidós años deja más de una inquietud. Pero ya no vale la pena inquietarse en relación con el Presidente Samper, por dos razones.

26 de julio 1998 , 12:00 a. m.

La primera razón, porque las cifras son tan solo un ejemplo más de la brecha entre su pensar y su actuar. Como cuando dice: entregó una economía estabilizada en sus indicadores fundamentales . O cuando declara que su gobierno contribuyó positivamente en dejar abonado el terreno de la paz.

La segunda razón, porque el juicio histórico sobre su administración ya está hecho, no sólo en cuando a la presencia del elefante de dineros calientes, sino por su incapacidad para darle a su social democracia el sentido de la realidad.

Rebatir los delirios samperistas es entonces un ejercicio inocuo. Pero lo que sí amerita reflexión es la incapacidad de la llamada sociedad civil de cuestionar a sus gobernantes.

Salvo algunas excepciones poco escuchadas que advirtieron sobre la contradicción entre lo prometido y lo cumplido, en estos cuatro años poco progresó esa llamada sociedad civil, un concepto por cierto bien gaseoso. Y como de ella forma parte la prensa, a ella también le cae la inquietud.

En el caso de la prensa, de pronto la explicación tiene algo que ver con la actitud ambigua que ciertos periodistas, algunos en vía de retiro senatorial, asumieron en la reunión de Mainz. En vez de limitarse a asistir con discreción, nos llenaron de crónicas sobre quien se cruzaba con quien en pantaloneta cuando iban a hacer pipí o cómo el Procurador había salido al escondido de la Puerto del Cielo a montarse en una rueda de carrusel.

En cuanto a la sociedad civil en su conjunto, y en relación con el presidente Samper, la realidad es que a casi todo el mundo se le pegó el pito en el proceso 8.000, dejando a un lado las otras facetas desastrosas de su gestión y mirando, sin verlas, las protestas y los paros que las denunciaban.

Ante esos vacíos, tiene más mérito la patética defensa de lo indefensable que hace Cecilia López (como una mariposa atrapada en las redes de la estadística) que esa consuetudinaria indiferencia de una sociedad civil inexistente, la cual ni fomenta ni respalda la protesta social, pero acude presurosa a Mainz a demostrar lo mucho que cuenta

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