EL QUE ES CABALLERO, REPITE

EL QUE ES CABALLERO, REPITE

La afición de Manizales vio ayer una corrida grande, la que también disfrutaron los astros. Fue una verdadera tarde de sol y sombra. Porque hubo un sol radiante. Y al otro lado del firmamento, una luna como en puntillas, sobre los balcones de la plaza llena.

09 de enero 1998 , 12:00 a. m.

El maestro César Rincón vistió de mar profundo y oro, Vicente Barrera de pizarra y oro y Manuel Caballero de turquesa y oro. Y esa terna torera, prácticamente la casa Lozano de Madrid en Manizales, con un gran encierro de Ernesto Gutiérrez Arango, mandó a la gente a torear por la calle.

El encierro, bien presentado, con un promedio de peso de 470 kilos quizá uno muy joven, y menos bueno el tercero, fue bravo, encastado, y tuvo nobleza. Un toro de 574 kilos fue indultado. Entonces, un extraordinario triunfo de la ganadería, tanto que la gente coreó el nombre de la divisa.

El primer toro para César Rincón fue engatillado. Y estuvo engatillado de bravura al salir al ruedo. Pero tan pronto se enteró, qué faena de capa en tres tiempos le instrumentó César Rincón. Lances cargando la suerte, templando el engaño y jugando los brazos como él sabe. El toro fue a alguna diligencia hasta un burladero y regresó para que el torero repitiera la dosis. Y después toro y torero fueron al caballo en un ballet de chicuelinas.

Con la muleta toreó no solo con poder, sino con inteligencia. En el centro del ruedo fue cociendo la faena a fuego lento. Comenzó muy suave, sometiendo al toro hasta lograr embarcarlo en series mandonas y templadas sobre la derecha, con la mano al piso. Citaba de largo y llevaba al toro bien atrás. Una faena llena de recursos, y salvando el pellejo de vez en cuando, pues el burel a veces le buscaba el muslo. Mató de una estocada delanterita y le otorgaron una oreja, con petición de la otra.

En el cuarto de la tarde bordó el toreo con el capote. Lances templados y largos, con quietud. Y llevó el toro hacia el caballo, como quien corre hacia atrás para enseñar a un niño a dar sus primero pasos. Con la paradoja de que no lo perseguía la vida, sino la muerte. Compuso Rincón una faena de oles largos, pues los pases lo eran, de 180 grados cada uno, barriendo la arena. Y unos naturales de la misma geometría, ligados y templados. Y dejando reposar al toro en cada tanda. Todo, a pesar de que el animal se recostaba un poco. Una faena importante. Ya se presentía más trofeos, quizá las dos orejas, pero mató de metisaca y erró varias veces con el descabello.

Popularmente se dice que el que es caballero repite y Caballero, que indultó un toro en la Feria de Cali, repitió ayer la hazaña aquí en Manizales. Estuvo muy bien en su primer toro, que se partió la cabeza al estrellarse contra un burladero. Debió sentir que el mundo se le iba de los ojos. Hacía eses al andar. Pero, a pesar de todo, hizo el animalito el esfuerzo por embestir con clase, procuraba meter la cabeza derecho. Y Caballero le ayudó mucho al imprimirle temple a la muleta. No lo estrujó. Y le daba descanso cada rato. Toreó por derecha y al natural en ese tono. Al final, el torito, cansado y golpeado, dio en cabecear. Caballero, que es peligroso con la espada, le metió un estocadón. Y la oreja.

Vino el delirio en el quinto de la tarde, Barbacana , un toro noble, negro muleta, de 574 kilos, de buena cuerna. No puede decirse que la faena de capa quede para el recuerdo. Pero sí la de muleta, que fue profunda como el espacio. Ligaba unas series de pases por la diestra tan lentos que cada uno era un trasnocho, con un temple maravilloso. Y el olé delirante cuando sonó el pasodoble Feria de Manizales. Tandas de naturales soberbios, mandando el toro tras de la pierna contraria. Una, dos, tres, siete, no recordamos las series. Pero no recordamos el número, porque la faena es inolvidable. Y la gente, enloquecida, pedía con rabia el indulto, hasta que la presidencia de la corrida mostró la bandera amarilla. Y el bravo toro se fue a disfrutar de la vida.

A Vicente Barrera le correspondió el toro menos encastado de la corrida. Un animal distraído ante la capa y con poca fuerza, al que apenas le rompieron el cuero en el caballo. En la muleta fue un toro tardo, al que el torero tuvo que arrancarle los pases de limosna. Debió estarle muy en corto, echándole la muleta a la cara. Pero poco a poco armó la faena. A ruego, logró buenos muletazos. Después de una estocada entera, que mató sin puntilla, tuvo que dar la vuelta al ruedo.

El sexto pesó 540 kilos. Vicente salió a lancear con la decisión de quitarle las orejas. Verónicas templadas y media muy torera. Con la muleta muy planchada, toreó a la suavidad de la brisa, en tandas con temple por la derecha. Y pusieron a tocar a la banda, que entonó el pasodoble Manolete , que le viene bien a este torero. Barrera continuaba toreando al natural. Unos pases hondos, llevando el toro atrás del cuadril. Y remataba con unos de pecho como si fuera a echarse al hombro la muleta para despedirse. Pero no sin cortar la oreja. Una estocada casi entera y la cortó.

La plaza en pies aplaudió a la terna y al ganadero. Tarde grande.

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