EL PAPA Y FIDEL

De pronto la prensa no cubra un hecho tan significativo como el viaje papal a Cuba, como si fuera la revancha Tyson-Holyfield o un Brasil-Alemania en julio. Mucho periodismo emboba lo interesante y exalta la bobería. Aunque el Papa ya haya estado en Centroamérica; durante un capítulo de nuestra versión caliente de guerra fría. Hay que recordar a Ernesto Cardenal de rodillas, mientras el Pontífice regañaba a través suyo no solo a su hermano jesuita, también sandinista, sino también a quienes, en nombre de su religión, no se resignaron al oprobio del trato de cañonera a las repúblicas bananeras, como Cuba y Nicaragua.

11 de enero 1998 , 12:00 a. m.

El Papa hace lo suyo, en el apaciguamiento de los últimos Pontificados al Concilio del Papa Juan, que los obispos latinoamericanos acogieron en Medellín, cuando proclamaron el compromiso católico con los pobres. Aún está por evaluarse la incidencia del Pontífice polaco en el desplome del socialismo real, iniciado en parte con su estímulo al obrero católico que lo empezó todo en Polonia, tan desembozado, como para haber dado pie a versiones de una alianza del Vaticano con Ronald Reagan.

Pero el Papa no se expone como de izquierda o derecha, en tanto cabeza de una institución que pretende no ser de este mundo, pero dentro de él, en una ambigedad que le impediría tomar partido, aunque de hecho lo haga, como ahora, tanto contra el materialismo como contra el mercantilismo. Sería un Papa, diríase socialdemócrata, dentro de una tercera vía entre totalitarismo estatal y leseferismo neoliberal. No va a bendecir a Castro, pero tampoco a confundirlo con Pinochet, como quisieran los que asimilan paramilitarismo con guerrilla, o izquierda con derecha. El Papa no va a Cuba como mandadero del capitalismo, porque no es Clinton, ni de ninguna otra política, pero sí le hablará a un pueblo que se la ha jugado, de la opción de este tiempo entre materialismo y espiritualismo y del sentido religioso de la libertad. Cuba a su vez hace concesiones, a cambio de apoyo diplomático frente a un bloqueo desaprobado internacionalmente, pero que nadie se atreve a quebrar abiertamente.

Agobiados por tontería y mala fe, ojalá los colombianos tengan información verídica y le pongan atención a la cita entre uno de los reductos socialistas y el Catolicismo. Esta tiene implicaciones para ellos, cuando el país se centroamericaniza , y en consecuencia siente más la presencia norteamericana como su Iglesia la del protestantismo, por su cercanía a Panamá y al abastecimiento petrolero de Venezuela. Una situación que conocieron en Centroamérica, pero que aquí complica el manejo unilateral e inservible de un conflicto de la complejidad y la dimensión mundial del narcotráfico.

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