EL REALISMO MÁGICO YA NO ENCANTA

EL REALISMO MÁGICO YA NO ENCANTA

Hay un respiro. Hay un interés creciente por escribir. Y bien. Hay una influencia literaria que le pertenece al pasado: la de García Márquez y su realismo mágico.

25 de julio 1998 , 12:00 a. m.

Se acabó.

Después de una semana de encierro en un hotel al norte de Bogotá, los tres jurados que participaron en el Premio Nacional de Novela 1998 (la argentina Graciela Gliemmo, el español Eduardo Mendicutti y el colombiano Alvaro Miranda) sacaron sus propias conclusiones acerca de los que se está escribiendo en Colombia. La primera frase fue de distensión: llevamos un mes leyendo las 25 obras y hemos descubierto por qué el Quijote se volvió loco: de tanto leer , comentaron.

La segunda fue de sorpresa: No entendemos cómo el año pasado se declaró desierta esta modalidad, si aquí se está escribiendo con mucha factura literaria .

Y la tercera de ánimo: Las 25 novelas que leímos, gracias a la preselección, están en un nivel muy bueno. Todas nos dejaron sorprendidos. Quienes no ganaron no deben defraudarse .

Aquí, la visión particular de cada uno de los jurados: GRACIELA GLIEMMO (Argentina) Después de las jornadas intensas de lectura que tuvimos, y que tuve personalmente, me parece importante destacar que detrás de las 25 novelas se adivina a un escritor. No hay facilismo, porque de lejos se nota un trabajo con la escritura.

Pude observar que en los textos hay una continuidad en el oficio, con talento y manejo de las técnicas narrativas. Y es esa voluntad narrativa, esa voluntad de escritura, la que les permitirá a quienes participaron tener una carrera como escritor.

Los temas de estas obras, evidentemente, coinciden en la violencia, los problemas familiares, la sociedad en la que se vive. En esto, hay similitud con los nuevos escritores argentinos que han puesto, al lado de temas como la dictadura y el exilio, una discusión generacional en sus novelas .

ALVARO MIRANDA (Colombia) Aquí, en estas novelas, se vio una nueva historia. Una nueva interpretación de la historia colombiana, de la violencia, ya decantada, ya puesta al servicio de la literatura.

Algo que me parece muy importante es que no hubo ningún asomo de García Márquez. Ni siquiera un mimetismo de su escritura. Los escritores de estas novelas se liberaron del peso de Gabo.

Se ha comenzado a salir de los local para pasar a lo universal. Esto quiere decir que ya el tratamiento no es costumbrista.

Aquí, en estas obras está la dirigencia de este país. Escritores que están dando en el clavo sobre los problemas de la sociedad, sobre las soluciones. Escritores que no pertenecen a la burocracia que tiene al país en este estado.

EDUARDO MANDICUTTI (España) Cuatro veces he sido jurado de concursos de novela en España y no dudo en afirmar que el nivel general en Colombia es mejor.

Hemos visto que se presenta, en las 25 obras preseleccionadas y en las seis finalistas, una audacia de escritura en nuevos planteamientos. Si nadie tuviera la audacia de salirse de la norma no habría cambiado nunca la literatura.

En estas obras también se ha hecho evidente la libertad temática con la que se escribe. Algo similar sucede en España. Luego de Camilo José Cela y su gran estela de Nobel se creó un colchón necesario en donde los escritores recrearon géneros como la novela erótica, de detectives, o los mismos thrillers. Eso fue saludable.

M.B.R.

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