EMERGENCIA

El desempleo llegó en junio de 1998 al 15,8 por ciento. Esta sola cifra resume el resultado de la gestión económica de la administración Samper y de su plan de desarrollo. Los ríos de leche y miel que había prometido el famoso plan del Salto social terminaron en esto la cifra de desempleo más alta de la historia económica reciente.

25 de julio 1998 , 12:00 a. m.

Las explicaciones del desempleo pueden ser muchas, pero la verdad es que las tasas de desempleo son tan altas porque no ha habido inversión privada o pública ni crecimiento económico suficientes para absorber el incremento de la fuerza laboral. Y ello no es ni más ni menos que el fracaso de una administración económica que no supo o no pudo incorporar la variable crecimiento dentro de su programa.

A causa de este error craso en la política económica, el país se enfrenta ahora a una verdadera emergencia económica. El hecho de tener dieciséis colombianos sin empleo de cada cien que están en el mercado laboral, trabajando o buscando empleo, es una catástrofe económica y tiene que ser tratada como tal. Es necesario promover crecimiento económico en forma acelerada y continua, y remover los obstáculos que existen para la inversión y para la generación de mayores niveles de empleo.

Uno de los principales obstáculos que existen para la generación de empleo son las leyes laborales vigentes. Las reformas que se lograron con la Ley 50 fueron audaces y le dieron en su momento un impulso al empleo y un alivio al sector productivo. Pero hay que volver a reformar dicho régimen para que se puedan crear muchos más puestos de trabajo. Por ejemplo, el salario integral debería cubrir todos los niveles de ingresos, sin más arandelas. La gente que se contrate temporalmente o de tiempo parcial debería tener un régimen de prestaciones especiales mínimas, que no implique los costos que actualmente tiene este tipo de empleo y que lo hace prohibitivo.

El empleador debería tener libertad de contratar y despedir trabajadores durante los primeros doce meses de contrato de trabajo. El salario debería ser el mismo para cualquier jornada de ocho horas y cualquier día de la semana. Los empleadores deberían ser libres de pagar de acuerdo con la productividad de cada trabajador, y los salarios deberían ser flexibles, para reflejar las condiciones del mercado de trabajo. Los países que tienen regímenes laborales más flexibles crecen más y tienen mayores niveles de empleo que los que se dedican a proteger a los pocos que ya trabajan. Miles de colombianos emigran a los Estados Unidos en busca de empleo en condiciones de protección laboral muy inferiores a las que prevalecen en Colombia.

Para promover inversión privada y empleo es indispensable reducir la carga tributaria de las empresas eliminando algunos impuestos a la nómina y las tarifas del impuesto a la renta. Esto puede ser más urgente que rebajar el IVA. Paradójicamente, para rebajar impuestos, crear empleo y promover crecimiento hay que hacer primero el ajuste fiscal y reducir la nómina oficial.

El otro gran programa de empleo consistiría en pacificar el campo. Con la paz o sin ella, se requiere una reforma agraria efectiva y generar mucho empleo rural. Esto no lo va a hacer el mercado, como ya lo hemos podido comprobar. El empleo rural se tiene que crear con inversión pública. Lo mismo se aplica para revivir los programas de impulso a la vivienda social que hay que reanudar cuanto antes.

El Gobierno que pueda hacer todo esto a la vez va a tener que ser un mago.

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