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EL GUERRILLERO MÁS VIEJO DEL MUNDO

EL GUERRILLERO MÁS VIEJO DEL MUNDO

No se sabe con certeza cuándo Manuel Marulanda Vélez , Tirofijo , cambió su vida de campesino común y corriente para meterse en otra que con el tiempo lo convertiría en el comandante de una de las guerrillas más fuertes y antiguas del mundo. Ni él mismo lo sabe.

Pudo haber sido unos días después del 9 de abril del 48, cuando tenía menos de 20 años y todavía se llamaba Pedro Antonio Marín, y tuvo que buscar por primera vez en su vida un arma y salir corriendo al lado de su padre y sus tíos, cuando grupos de policías y de conservadores fanáticos golpeaban en las puertas de las casas de los liberales de Ceilán para matarlos, bajo la acusación de haber sido abrileños . Antes de eso, por los sitios del Viejo Caldas por donde andaba su familia a nadie le pasaba nada por ser conservador o liberal.

Pudo haber sido más tarde, en El Dovio, cuando después de una época de calma aparecieron las bandas de pájaros que venían de El Aguila, en un trabajo sanguinario que se parecía mucho más al exterminio que a la simple retaliación. O a lo mejor fue un poco después, cuando la violencia hacía imposible establecerse con un cierto grado de seguridad en ninguna parte y Marulanda se empezó a juntar con liberales en situación semejante para sobrevivir en grupo y, por supuesto, armados.

Hasta entonces, el hoy jefe máximo de las Farc era un muchacho campesino, alto, fuerte y lampiño, de ojos chiquitos, oscuros y medio rasgados, sobre quien siempre se ha dicho que tiene buen humor, pero que solo se ríe con la mirada. Su vida apuntaba más hacia la de un próspero y sano comerciante del campo, que hacia la del hombre que construyó su poder y su prestigio de la mano de la muerte. Era un estudiante aventajado y sensible, que mostraba habilidades poco usuales por esos lares y por ese entonces, como la de tocar el violín con una destreza notable o la de esgrimista de machete por puro ejercicio de concentración mental y de gimnasia. Tenía una disposición especial para los negocios, y a los 22 años ya había logrado reunir un pequeño capital como almacenista de abarrotes y como intermediario en la construcción de viviendas, que anunciaban un futuro de relativa prosperidad. Pero su destino se torció por la fuerza de los acontecimientos en medio de los cuales le correspondió vivir.

El gran giro Por esos días el Partido Liberal le había quitado su apoyo a las guerrillas que había ayudado a organizar para enfrentar al conservatismo, y el general Rojas planteaba el desarme tras una amnistía para los campesinos armados. Muchos no respondieron al llamado con el argumento de que la persistencia de la Policía politizada y de algunos sectores del Ejército en las viejas prácticas de exterminio hacían del desarme no solo una decisión inconveniente sino abiertamente suicida. En aquellos tiempos dijo alguna vez alzarse en armas era la única manera de sobrevivir .

Al terminar los 50, el pan de cada día eran los enfrentamientos entre campesinos liberales de distintas tendencias y entre liberales y conservadores, todos con jefaturas políticas y militares. Ahí se empezó a destacar Marulanda como uno de los dirigentes más importantes (y poco a poco temidos), al lado de hombres como Charro Negro, Mariachi y Líster, entre muchos otros. Esos personajes, desarrollados como líderes tras el historial de barbarie de la violencia, eran en realidad organizadores de grupos campesinos que para trabajar se establecieron como autodefensas, y poco a poco fueron ubicándose en distintas regiones montañosas donde alcanzaron a vivir épocas de tranquilidad relativa, durante las cuales Marulanda alcanzó a trabajar como inspector de carreteras. Se ubicó entonces en cercanías del nevado del Tolima, en la rivera del Atá, en una zona cuyo nombre se volvió de leyenda: Marquetalia.

Pero el gran giro en el perfil de Marulanda lo determinaron los acontecimientos posteriores. El comunismo estaba ganando influencia en Colombia y el triunfo de Castro con sus barbudos en Cuba se volvió un ejemplo imitable para muchos guerrilleros liberales que como Marulanda empezaron a hacer ese tránsito político. El Frente Nacional había logrado apaciguar los ánimos de los liberales y conservadores en las grandes ciudades, pero el abandono del campo hacía imposible que los dirigentes apagaran el incendio que ellos mismos habían prendido en el monte.

Esos focos de autodefensa fueron catalogados en los debates como repúblicas independientes, y su control se volvió algo así como un asunto de honor para el establecimiento. El alias de Tirofijo adquirió dimensiones de leyenda en la imaginería popular: todo el mundo aseguraba haberlo visto aquí y allá al mismo tiempo; surgían relatos de combates inverosímiles del hombre solo contra batallones enteros; se componían canciones sobre su vida, y se especulaba sobre posibles pactos con el diablo. Las autoridades se contagiaron y daban frecuentes noticias sobre su muerte, e incluso la prensa llegó a dar cuenta de su entierro, con cubrimiento fotográfico y todo. De la mano de Tirofijo , el nombre de Marquetalia se convirtió en el símbolo de la fortaleza que tocaba conquistar.

Y fue justamente la Operación Marquetalia lo que empujó a Marulanda por el sendero en el que se encuentra hoy. En una compleja movilización militar en dos etapas, el Batallón Colombia bajo el mando del coronel José Joaquín Matallana acabó entrando en la casi inexpugnable población, de la que huyeron Marulanda y sus compañeros. Para el gobierno de Guillermo León Valencia la operación fue un éxito, pero fue al mismo tiempo lo que le dio la largada a la lucha guerrilla colombiana, como la conocemos hoy.

Máquina macabra Con la operación Marquetalia, toma la decisión de transformar sus autodefensas campesinas en guerrillas móviles. Así lograba la doble función de evitar un ataque planeado por el Ejército a un sitio definido y de diseñar y ejecutar ataques puntuales por sorpresa a patrullas en movimiento o a guarniciones fijas. Ese diseño operativo convirtió el cobarde mecanismo de la emboscada en su gran herramienta militar, y fue en ese tipo de acciones en las que Marulanda se fue volviendo un verdadero experto. Así nacieron las Farc.

Antes de la Marquetalia, son pocos los testimonios que dan cuenta de episodios concretos en los que Tirofijo participó en enfrentamientos. Pero sus compañeros de entonces han narrado varias acciones espeluznantes a partir del momento en que la guerrilla adopta su nueva modalidad. En esas narraciones aparece Marulanda como un calculador frío y matemático, que pasaba en vela las noches diseñando al segundo los movimientos de cada uno de los hombres que participarían en sus emboscadas, y después como un guerrero frío y sin hígados a la hora de ejecutarlos. Combate donde participe Marulanda es muy difícil que el Ejército salga con vida , comentó alguna vez Jaime Guaraca, compañero de Tirofijo desde los días de Marquetalia.

La habilidad de Marulanda, la influencia creciente del comunismo en la guerrilla y, por supuesto, el eterno abandono del campo colombiano por parte del Estado fueron elementos que confluyeron para que las Farc crecieran de forma casi geométrica desde su fundación hasta hoy. Y, al tiempo, esa máquina macabra que en más de tres décadas ha llegado a sofisticar al extremo toda clase de mecanismos de muerte tan perversos y eficaces como lo es el secuestro para finanzas. Este crecimiento se hizo siempre alrededor de la figura de Tirofijo , quien se mantuvo en dos funciones fundamentales: la de gran jefe militar y la de coordinador de las actividades campesinas en sus zonas de influencia.

Marulanda delegó en hombres de marcado pensamiento comunista el papel de líderes ideológicos, como Jacobo Arenas, pero se mantuvo siempre en la línea de la organización del campesinado desde el punto de vista productivo y militar. Quien conversa con él puede percibir al hombre que echa un determinado discurso con gran fluidez, pero sobre todo encuentra al campesino que ve la lógica de sus actos y su gran sistema de seguridad en una organización campesina diseñada para subsistir con autonomía social y militarmente.

En ese aspecto hay una línea continua entre el Marulanda de las autodefensas de hace 35 años en Marquetalia y el jefe máximo de una de las guerrillas más viejas del mundo, como son las Farc de hoy. Tal vez haya sido esa la razón que explique por qué las Farc subsistieron a la caída del muro de Berlín sin romperse ni mancharse, después de haber sido catalogadas durante décadas como apenas un apéndice del Partido Comunista.

El hecho es que en 1964 el presidente Valencia dio la orden a sus militares de erradicar el foco que tenía Tirofijo en Marquetalia, y hoy, más de una generación después, el presidente Pastrana lo está visitando en su refugio para proponerle que arreglen las cosas por las buenas.

TIROFIJO nació en Genoveva, Quindío, el 12 de mayo de 1930, en un hogar de colonizadores antioqueños y luchadores de los mil días. Aprendió a manejar las armas a muy corta edad. En 1943 se fue a buscar fortuna en los pueblos de la Cordillera Occidental y ejerció distintos oficios; en 1946 se estableció en Ceilán, corregimiento arrasado en el 48 por los conservadores, lo que lo determinó a armarse para defender a los liberales en un grupo que se alió con Jacobo Charronegro y se volvió marxista. En 1953, mientras recibía instrucción revolucionaria, fue rebautizado como Manuel Marulanda Vélez en homenaje a un luchador comunista; allí se mantuvo hasta los comienzos del Frente Nacional cuando con su grupo se desplazó a Gaitania. En 1960 asumió el comando de la columna del Sur del Tolima y se alió a Ciro Castaño que hizo lo propio en Ríochiquito, Cauca, donde se reunieron los dos y a principio del 61 crearon la república independiente de Marquetalia, atacada por el ejército en enero de 1962 y de cuyo cerco logró escapar con 40 hombres que se repartieron entre Gaitania y Planadas. El gobierno preparó entonces el Plan Lazo contra Marquetalia el cual se llevó a cabo en 1964 y que evadieron los guerrilleros. En 1966 se proclamaron las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia FARC, el mayor grupo insurgente del país con el jefe guerrillero más antiguo del mundo, con los cuales está en marcha un incipiente proceso de negociación. .

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