CUERDA PARA EL RELOJ DE POPAYÁN

CUERDA PARA EL RELOJ DE POPAYÁN

Le llegó la hora al reloj más antiguo y famoso de Popayán.

03 de septiembre 1998 , 12:00 a.m.

Este aparato mecánico, que desde 1737 adorna la Torre del Reloj, fue enviado el pasado viernes a Inglaterra, en donde es reparado de las heridas que le dejó una guerra y un terremoto en los últimos tres siglos.

El reloj será sometido a una cirugía con especialistas en puntualidad inglesa en la casa matriz Gillet Johnston.

En este lugar se buscará recuperar el tiempo perdido porque desde hace varios meses el aparato, de 120 kilos de peso, dejó de marcar las horas de la vida payanesa.

La parálisis de la única flecha del reloj, que solo marca las horas, dejó sin oficio a los más desocupados. Muchos jóvenes que no tenían nada que hacer se entretenían calculando los minutos que faltaban para que diera las horas con un sonido bronco pero recio.

Pero una razón más poderosa que ese pasatiempo fue la que llevó a dos empresas privadas a financiar la reparación del dispositivo mecánico.

La idea de las dos compañías es rescatar un símbolo de la ciudad que ni siquiera se detuvo cuando le quitaron las pesas de plomo para fundirlas y convertirlas en balas durante la guerra de la independencia.

Para evitar que el tiempo se quedara detenido, los ilustres ciudadanos se reunieron y calcularon el peso que se necesitaba para activar el mecanismo. De este modo consiguieron remplazar las pesas de plomo con piedras de cantera que pesaban casi lo mismo.

La hora en elecciones Aunque no daba la hora exacta, el reloj fue durante varios años el punto de referencia de la apertura y cierre de las elecciones.

Por eso, una historia de la ciudad señala que durante unas votaciones varios fanáticos liberales, desesperados porque sus copartidarios no llegaban a sufragar, se colgaron de las pesas para retrasar el reloj.

Solo cuando votó el último liberal el reloj marcó las 4 de la tarde, hora de cierre de las mesas. Otra versión dice que fue un solo copartidario liberal el que subió los 25 metros de altura de la torre y amarró el martillo del reloj hasta que se logró la victoria.

En 1983, el reloj vivió sus peores 18 segundos. El 31 de marzo de ese año un terremoto abrió la estructura de la torre como una franela y ocasionó daños en los mecanismos del aparato.

A raíz de este hecho su reparación pasó de relojero en relojero para que siguiera andando aunque no marcará las horas reales.

Entre estos médicos del tiempo se destaca Reinaldo Guzmán Velasco, que sin ser relojero se metió a repararlo, le quitó el mugre y le cambio unas cuerdas de rejo que tenía y lo puso a andar. Pero Velasco se cansó de meterle la mano porque nadie la reconocía su labor.

Ahora, el reloj realiza un viaje en busca de tiempos nuevos. El reloj estará seis semanas en Inglaterra. Los costos de su reparación serán asumidos por la compañía La Previsora que invertirá 10.000 dólares, es decir, unos 13 millones de pesos.

Además, La Previsora le dará al reloj su primera póliza de seguro contra todo riesgo, dijo José Luis Martínez Páez, gerente de la compañía en Popayán.

Por su parte, la firma Friendsland Colombiana S.A, productora de la leche Puracé. tendrá a su cargó los fletes del transporte y los trámites ante el Incomex, que tienen un costo de dos millones de pesos.

El mecanismo fue desmontado y metido en una caja de tamaño mediano, que posteriormente fue entregada a la empresa Avianca. A su regreso el proceso de montaje estará en manos de la Secretaria de Infraestructura del Municipio de Popayán, a cargo del arquitecto Carlos Alberto Castellanos.

Según los pronósticos, el reloj llegará en noviembre para situarse de nuevo en la torre de 90.000 ladrillos que fue construida entre 1637 y 1682. Aunque este joya arquitectónica continúa con la fachada del reloj, en su interior hace falta el mecanismo, para contar las horas de esta población.

Sus más fieles seguidores, es decir los abuelos que se sientan en el Parque Caldas, al frente de la torre, lo esperan para que les indique la hora de ir a almorzar.

Foto: DESDE 1737 este reloj les ha marcado las horas a los pobladores de Popayán.

James Arias / EL TIEMPO

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