CRISIS PARCIALES EN ESCENARIO GLOBAL

CRISIS PARCIALES EN ESCENARIO GLOBAL

El riesgo real de la economía mundial no proviene de malos fundamentos sino de rígidas ideologías, ideologías que pueden conducir a los artífices de las políticas a fallar en responder o aun a tomar la vía equivocada si una quiebra global empieza a desarrollarse .

03 de septiembre 1998 , 12:00 a.m.

Paul Krugman (profesor de economía en Massachusetts Institute of Technology -MIT- ).

Finalmente, en medio de la presente turbulencia, la junta directiva del Banco de la República se vio obligada a ampliar la banda cambiaria con el objeto de mitigar la impaciente demanda de dólares y de aplacar la expectativa de una devaluación inminente. A salirle al paso, aceptándola y decretándola en dosis moderada. Los resultados dirán si fue suficiente. Si con una aspirina se curan la fiebre y la enfermedad.

En adelante, los márgenes de fluctuación serán del 7 por ciento, mínimo, y del 23 por ciento, máximo. La medida se toma al mismo tiempo que se presenta al Congreso un plan de reducción del déficit fiscal consolidado al 2 por ciento del Producto Interno Bruto en 1999 y se fija para el mismo año una meta de inflación del 15 por ciento, tras los halageños síntomas de los precios de los alimentos en lo corrido del semestre en curso.

A cualquiera se le ocurre preguntar la razón para no haber obrado con criterio semejante cuando se optó por el alza enloquecida de las tasas de interés, bajo la inspiración de la política entonces pregonada y aplicada por el presidente Yeltsin en Rusia. De haber procedido de otro modo, con más reflexión y sindéresis, se habría evitado parar en seco la economía colombiana, arruinado a muchas gentes y subido el desempleo a niveles explosivos. Por sobre todo, no se habría promovido una nueva ola recesiva y crispado sin ton ni son los ánimos, en la antesala de la jornada electoral.

A estas alturas, nadie logrará explicarse cómo se confundieron las mentes de diversos flancos en esa prueba de fuego. No en una amenaza irresistible de orden económico sino en un vano ideologismo, se hallaría la causa o la disculpa intelectual del costosímo error. Aunque verdad dicha y buena fe guardada el móvil lo constituyó, a juzgar por las declaraciones de voceros autorizados, el afán de proteger a los deudores en moneda extranjera, así se lesionara a aquellos en moneda nacional y en unidades de valor constante y, lo que es peor, se condenara al ocio y a la inanición a numerosos compatriotas.

El pretexto aparente ha sido la necesidad de garantizar el financiamiento del enorme déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos, además del fiscal, éste sí criticado y denostado. Lejos de preocuparse por bajarlo en forma sustancial, se le excusa como precio ineludible de la globalización y se esgrime el compromiso de absorberlo año por año. No se cae en la cuenta de que en esta forma el país se endeuda para mantener patrones artificiales de consumo, para subsidiar la sustitución de la producción colombiana y para generar desempleo en lugar de empleo. No se piensa en el desarrollo del país, ni en la actividad económica, ni en la ocupación prioritaria de la fuerza laboral. Se parte de la base de que las circunstancias del mundo imponen políticas antinacionales.

La experiencia enseña que sobre las expectativas es menester obrar con tanta energía como sobre las realidades. No frustremos, en consecuencia, las prohijadas de común acuerdo por el ministro de Hacienda y el Banco de la República. Coordínense la acción y la previsión con los socios del grupo andino. Pero ténganse en mente eventuales disposiciones suplementarias. Y, conceptualmente, no se eche en saco roto la admonición académica del profesor Krugman a que en seguida nos referimos.

En lo fiscal, mucha tela habrá de dónde cortar. A lupa habrá que someter las normas proyectadas. Por el momento, no parece justificarse el propósito de bajar en un punto el Iva a trueque de la extensión del gravamen a multitud de artículos hoy por hoy exentos. Habrá que entrar a sopesar sus ventajas y desventajas. Igualmente las de otros tributos.

Confusionismo e impedimenta ideológica El bien conocido profesor Paul Krugman lanza su voz de alerta en interesante artículo publicado en el New York Times del pasado domingo, 30 de agosto, bajo el título de No permitamos todavía el pánico . Lo está habiendo en las esferas bursátiles y en los medios de comunicación. No en las cabezas rectoras de Estados Unidos y Europa Occidental. Ni quizá en su opinión pública, confiada en su pujanza a pesar de la intensa guerra de nervios.

El profesor Krugman sostiene que la crisis global es fácil de prevenir, pero teme que a ella se llegue si se piensa obsesivamente en la guarda de la paridad monetaria y no en la economía real, repitiendo en nueva versión el error de 1929 de apegarse intrépidamente al patrón oro. La acción preventiva o salvadora podría resultar ineficaz frente a un crac en cierne, si sus manifestaciones iniciales no se miraran como signos de peligro, sino como castigo justo por los pecados económicos.

La ideología en boga, según el profesor Kurgman, parte de la creencia de que una moneda fuerte significa una economía fuerte, de que precios estables aseguran la prosperidad . Lo anota ante un escenario en que el Japón eleva las tasas para defender el yen en medio de aguda recesión y el Bundesbank, de Alemania, rehusa cortarlas para no estimular la laxitud en sus sucesores de la Unión Europea. A su turno, el Federal Reserve, de Estados Unidos, considera que el descalabro bursátil valida su diagnóstico de la exuberancia irracional del mercado de acciones y, en vez de inquietarse, se complace con el reventón de la burbuja.

Como anillo al dedo colombiano viene su descripción del fenómeno vivido en el Tercer Mundo. Asustados por la debacle de Rusia, los inversionistas se precipitan a actuar en los mercados bursátiles de tales áreas y los gobiernos de estos países responden elevando las tasas de interés al 30, 50, 70 por ciento, estabilizando sus monedas pero empujando sus empresas a la bancarrota, provocando disturbios devastadores en los bancos y sumiendo sus economías en profunda recesión .

A su juicio, el remedio para la crisis global así engendrado puede resultar demasiado poco y demasiado tarde. Hasta el punto de que no se consiga superar el pesimismo del sector privado y de que tasas de interés reducidas a cero y grandes rebajas tributarias no basten para poner de nuevo en movimiento la economía mundial. La catástrofe global sobrevendría únicamente en su concepto si las cabezas rectoras no tomaran en serio los percances y persistieran atadas a ideologías concebidas para tiempos más benignos. Parodiando y retorciendo la frase de Roosevelt, concluye sentenciosamente: la sola cosa a que debemos temer es a la falta de temor

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