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VENEZUELA ESTÁ AÚN MUY LEJOS DE LA RECUPERACIÓN

VENEZUELA ESTÁ AÚN MUY LEJOS DE LA RECUPERACIÓN

.- Reitero que el gobierno saliente de Rafael Caldera ha sido uno de los peores fracasos de la historia contemporánea venezolana.

Su pésimo manejo de las políticas económicas ha empobrecido a los venezolanos de una manera dramática. Y lo peor es que la gente votó por el huyéndole a los partidos del sistema y buscando revivir un pasado de bonanza que no volverá, aunque todavía lo creen hoy. Al no querer entender que los problemas fiscales y monetarios son la causa de la inflación, al estar intelectualmente incapacitado para comprender la moderna economía y, sobre todo, al aferrarse a la idea de que podría capear el temporal con medidas efectistas, Caldera condujo al país a una grave crisis.

Pero lo peor fue la inmoralidad con que Caldera apeló no sólo a los sentimientos populares a raíz del golpe de febrero de 1992, sino además a la ingenuidad de un pueblo que creía encontrar en él el Mesías que devolvería el país a los tiempos de aquella bucólica bonanza de los años 70, con sus demagógicas ofertas que, por supuesto, no sólo incumplió, sino que además hicieron imposible la viabilidad económica y social de su gobierno en los años 90. Los indicadores son simples: el PIB per cápita es hoy inferior al de Panamá; el gasto público creció 1.000 por ciento en los últimos 4 años; el promedio del índice de precios al consumidor pasó de 2 mil puntos en 1994 a 10 mil en 1997, y sigue creciendo (es decir, el costo de la vida se ha quintuplicado) y es aproximadamente la misma proporción de la devaluación del bolívar.

Los venezolanos debemos mantener hoy un gasto público que representa una cuarta parte del PIB, y aportamos en impuestos no petroleros más de 12 por ciento del mismo (sin contar los descuentos por seguro social, Ince, seguro de paro forzoso y Ley de política habitacional).

De cada 100 bolívares que ganamos, al menos 16 se los damos al Estado. Sin embargo, se habla de una crisis fiscal y se pretende aumentar el impuesto sobre las ventas a 18 por ciento. Todo ello para que, a duras penas, el PIB crezca en 1998 alrededor de 1,5 por ciento.

Lo terrible no es que se haya llegado tan bajo (el PIB per cápita cayó de 6.400 dólares en 1982 a 3.000 en 1997, y será inferior este año) y que el país se encuentre al borde del colapso económico y, por ende, político y social, sino que sucediera por darle apoyo a un demagogo populista.

Ante este panorama, cuáles son las opciones que se presentan a los venezolanos? En el plano estrictamente económico, no creemos que sea muy difícil comprender que Venezuela deberá adoptar una disciplina fiscal y monetaria rigurosas, así como una política económica realista y sincera, so pena de precipitarse en una inflación de tres dígitos para 1999.

En recientes reuniones con destacados economistas nacionales, percibimos que existe una clara coincidencia entre todos nosotros en que resulta ineludible adoptar las medidas de riguroso control fiscal y monetario, para detener la inflación, equilibrar las cuentas públicas y restablecer las condiciones mínimas necesarias para devolver el país a la senda del crecimiento estable y autosostenido.

Si no se actúa así, corremos además el riesgo de continuar el proceso de deterioro del ingreso nacional, que es finalmente el causante de la mayor parte del malestar popular. Es verdad que la corrupción, la inseguridad personal y jurídica y muchas otras fallas de nuestro sistema político y administrativo han alimentado este enorme rechazo a las instituciones democráticas, pero la historia nos enseña que es el profundo malestar económico de las masas la causa fundamental de la disconformidad y la desobediencia civil.

* Economista venezolano, director de Business Information Service.

MAS DESEMPLEO CARACAS (AFP) El desempleo aumentó en Venezuela durante el primer semestre de 1998, al ubicarse en 11,9 por ciento, frente a 10,4 por ciento del semestre anterior, según cifras de la estatal Oficina Central de Estadística e Informática (OCEI), divulgadas en Caracas.

La cifra equivale a 1,15 millones de personas sin empleo, 150.000 más que las registradas entre julio y diciembre de 1997, cuando se reportaban un millón de personas sin trabajo.

El desempleo afecta en mayor medida a las mujeres y jóvenes entre 15 y 24 años de edad, incrementándose en 2 ó 3 por ciento respecto al semestre anterior.

La desocupación es más fuerte en el sector construcción que acusó un incremento del 15,6 por ciento y la manufactura que registró 11,2 por ciento de desempleo.

Según la OCEI, el sector informal se mantiene en 47,5 por ciento, unos cuatro millones de personas.

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