LA TIERRA ERAMOS NOSOTROS :

LA TIERRA ERAMOS NOSOTROS :

25 de julio 1998 , 12:00 a. m.

Manuel Mejía Vallejo fue cremado ayer Medellín Cumpliendo una premonición, hecha hace 58 años cuando escribió su primera novela La tierra éramos nosotros, el cuerpo de Manuel Mejía Vallejo, se convirtió ayer en cenizas, para volver a ser polvo.

Por su voluntad expresa, el cuerpo del maestro fallecido a los 75 años en su finca de Ziruma, que en lengua guajira quiere decir lugar donde habitan los dioses, fue cremado en ceremonia a la que sólo tuvieron acceso sus allegados y sus más cercanos amigos.

Fue tanta la gente que quiso acompañarlo y expresar su condolencia, que la ceremonia de cremación se tuvo que cumplir a las cinco de la tarde, tras una prolongada jornada de velación en cámara ardiente en la Biblioteca Pública Piloto de Medellín, un lugar cercano a todos sus afectos.

Al medio día, en medio de los duelos de sus amigos, discípulos y lectores, la Banda Juvenil de El Retiro, población del oriente antioqueño que lo acunó en su vida adulta, irrumpió con el sonido de sus cobres para darle una sonora despedida. Interpretaron sus canciones favoritas: Flores negras, Antioqueñita, Claro de Luna.

Para darle el último adiós, en representación del Gobierno nacional asistió el ministro de Cultura, Ramiro Osorio Fonseca, y con él estuvieron lamentando su muerte los escritores, Oscar Collazos, Elkin Restrepo, Gustavo Alvarez Gardeazábal, Germán Castro Caycedo, Rafael Humberto Moreno, José Manuel Arango, Juan Diego Mejía, Luis Fernando Macías y José Libardo Porras, entre otros; el pintor Antonio Samudio y el ex director de Colcultura y de la Biblioteca Luis Angel Arango, Juan Luis Mejía, Justo Arosemena y el fotógrafo Pablo Guerrero.

Todos sus alumnos del Taller de Literatura, y que con la orientación sabia del maestro cosechan unos 140 premios nacionales, estuvieron ayer a su lado.

En una despedida de sus compañeros, cumplida a las cuatro de la tarde, varios autores leyeron, cada uno, un texto corto de despedida sobre Manuel Mejía Vallejo.

A las cinco, partieron con su cuerpo hacia el lugar de la cremación. No hubo ceremonia religiosa. Manuel Mejía, el autor de Los Invocados, su última novela, era un librepensador.

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