ALVARO URIBE VÉLEZ APOYA A SERPA

ALVARO URIBE VÉLEZ APOYA A SERPA

Luego de más de una semana de especulaciones acerca de un posible retorno de Alvaro Uribe Vélez al país para trabajar directamente en la campaña de Horacio Serpa Uribe a la Presidencia, ayer el ex gobernador de Antioquia sentó su posición al respecto. Lo hizo por medio de una carta dirigida a la Dirección Liberal en la que lo acompañan los senadores Juan Martín Caicedo y Germán Vargas Lleras.

05 de mayo 1998 , 12:00 a.m.

Uribe no va a regresar al país en el futuro inmediato (así lo confirmó a EL TIEMPO). Sin embargo, él y los dos senadores afirman en la misiva que la campaña de Serpa puede contar con su apoyo.

Un aspecto importante de la carta es la sugerencia de que se estudie una posible acción de los cascos azules de la ONU en Colombia, no para que intervengan en el conflicto armado, sino para que cumplan funciones de protección de los integrantes de los grupos de Derechos Humanos, y de defensa de la población civil.

También confirman su acatamiento a lo dispuesto en la Convención del Partido que escogió al candidato, pero dejan claro que ésta debió ser un foro más tolerante y abierto y nunca debió sustituir a la consulta popular.

El siguiente es el texto de la carta: Doctores Luis Guillermo Vélez Trujillo Vivianne Morales Hoyos Juan Guillermo Angel Mejía Carlos Ardila Ballesteros Directores Alternos del Partido Liberal Muy respetados directores y amigos: En primer lugar quiero agradecer la generosa carta en la cual me invitan a participar en la campaña presidencial en curso. Aprovechando esta oportunidad en conjunto con los senadores Juan Martín Caicedo y Germán Vargas Lleras, quisiéramos expresarles: Hemos tenido la más alta consideración por la persona del doctor Horacio Serpa. Desde 1986 lo vimos actuar en el Senado y apreciamos en él el conjunto de atributos que demanda el liderazgo público. Sin eludir riesgos, con abnegación y patriotismo defendió la democracia en la atormentada región del Magdalena Medio. Renunció al Congreso y participó en la Asamblea Constituyente por su inconformidad con las costumbres políticas y el deseo de transformarlas.

La doctora María Emma Mejía ha procedido con eficacia y compromiso en las diferentes posiciones públicas puestas bajo su cuidado. Sus actuaciones como embajadora ante el Gobierno de España y al frente de la Cancillería, pusieron de presente sus condiciones ejecutivas. Su sensibilidad social quedó acreditada con creces al ejercer la Consejería Presidencial para Medellín y el Ministerio de Educación.

Respetamos y acatamos las determinaciones de la Convención Nacional, no obstante que debió ser un foro más abierto a la controversia, más paciente y tolerante con la divergencia y nunca sustitutivo de la consulta popular. En el pasado tuvimos oportunidad de participar con el doctor Serpa en la defensa de ésta, como mecanismo democrático por excelencia para las decisiones esenciales del liberalismo.

Por conducto de la Dirección Liberal nos permitimos de manera respetuosa proponer algunos comentarios para el debate público en marcha, teniendo en cuenta que el libre examen ha sido el mejor patrimonio de la colectividad y es la garantía de su proyección futura: * No tenemos discrepancias con la propuesta amplia de diálogo formulada por el doctor Serpa. Es consecuente y humanitaria. También nos parece práctica la disposición, por él manifestada, de llegar incluso a la convocatoria de una instancia Constitucional para considerar y discutir la agenda de los insurgentes. Así a algunos nos parezca inconveniente la costumbre de hacer constituciones periódicamente, es necesario ofrecer a los violentos todas las oportunidades democráticas, aún de participación gubernamental, para exigirles el absoluto abandono de la violencia.

Además, se requiere toda la determinación de ejercicio de autoridad para recuperar la seguridad y la protección de la ciudadanía. Con 27 mil homicidios por año, los defensores de derechos humanos asesinados, los empresarios secuestrados, los agricultores exiliados, los campesinos desplazados u obligados a sembrar droga, el homicidio aterrador contra los sectores urbanos, los cultivos ilícitos destruyendo el bosque tropical para financiar a los grupos armados, las alcaldías subyugadas por los fusiles, la controversia censurada por los violentos y la sensación de desaparición del Estado, Colombia necesita derrotar la violencia.

Para tal fin se impone fortalecer al Estado. La policía requiere una ampliación inicial del pie de fuerza de 18 mil efectivos como parte de un plan gradual de 70 mil. El avance en la profesionalización de las tropas militares también es una necesidad.

La adversa situación fiscal para acometer estos programas debe animar la exploración de alternativas convergentes. Nadie discute la necesidad de que la comunidad internacional apoye y exija el diálogo. También es urgente examinar la posibilidad de una colaboración de Naciones Unidas, a través de sus fuerzas de seguridad, no para intervenir en el conflicto sino para defender a la ciudadanía. Por ejemplo, debería estudiarse la posibilidad de que una fuerza multinacional de Cascos Azules proteja, en fase experimental, a los integrantes de las organizaciones de derechos humanos y de otros sectores civiles con alto nivel de riesgo.

Acciones de esta naturaleza resguardan a la ciudadanía, recuperan el poder del Estado, desmotivan a los violentos, aceleran el diálogo y también indican que una vez se pacte la paz, será defendida la vida de quienes depongan las armas para evitar la repetición del exterminio de la Unión Patriótica.

El fortalecimiento del Estado con el esfuerzo nacional y la cooperación internacional es urgente para evitar el avance de la guerrilla hacia el poder, la acción cruel del paramilitarismo, o el riesgo de la división del país, cuyas regiones están frustradas por la incapacidad del gobierno central de garantizar la paz.

Unos grupos violentos poderosamente ricos y estimulados por la predicción de su triunfo sólo negociarán cuando sientan toda la decisión de la sociedad y el Estado para derrotarlos.

* La educación es la primera herramienta para poner la economía al servicio de la reducción de la desigualdad y evitar la exclusión de millones de personas. El actual modelo público en educación primaria y secundaria es incapaz de vincular más de 2 millones de niños y jóvenes en edad escolar que se encuentran por fuera de los establecimientos educativos. Debe estudiarse la introducción de un mecanismo de subsidio estatal por estudiante, tanto para financiar a los colegios públicos como a las instituciones comunitarias sin ánimo de lucro, entidades solidarias y cooperativas que participen en el sistema educativo. Un sistema semejante, con pluralidad de entes, debería considerarse para la formación técnica de los colombianos.

* La corrupción y el clientelismo son grandes enemigos del empleo y la inversión social. No puede haber empleo cuando se roban el dinero de la vivienda social, desacreditando de paso esa esperanza que es el cooperativismo, o cuando el contrabando destruye el empleo productivo. La inversión social ha visto históricamente menguados sus recursos porque los ha devorado la politiquería, tantas veces inclinada a nombrar y sostener en los cargos a personas deshonestas e incompetentes.

Es necesario escoger entre el gasto público en nómina burocrática y en entidades ineficientes o una mayor inversión social.

* A propósito de la situación fiscal, el ajuste no debería afectar las transferencias a departamentos y municipios, pues antes que reversar la descentralización es preciso profundizarla. La opinión pública ha censurado el clientelismo en el nivel nacional pero infortunadamente aún no lo ha sancionado en las regionrse un instrumento que condicione las transferencias y la cofinanciación al aumento de la efi ciencia y la eliminación del clientelismo y el derroche en municipios y departamentos.

* La economía colombiana ha empezado a perder el prestigio internacional que la consideraba como la más estable en América Latina. Por ejemplo, casi se arruina a los exportadores con la sobrevaluación del peso y ahora, en contraria dirección, se crean temores de}flación hacen que varias naciones vecinas nos estén superando. Debemos recobrar la imaginación de los gobiernos de Carlos Lleras y Alfonso López, que en su momento permitieron resolver sin} que trajo la crisis de la deuda en otros países del Continente.

* Apreciamos que el debate entre neoliberalismo y social democracia nada está aportando. En nombre de una división artificial que no corresponde a la práctica colombiana, ha dado adjetivos al discurso para descalificar a algunos por populistas y a otros} y débil en respuesta a los anhelos comunitarios.

Debemos pla}ione mejor, que sea transparente, eficiente, competitivo y promotor de la competencia, útil para la paz y eficaz para el crecimiento económico y la justicia social.

Nada más extraño al pensamiento liberal que defender con criterio de dogma las privatizaciones o la estatización. Necesitamos un Estado social moderno, que ejerza el monopolio de regulación y vigilancia, evite que la ineficiencia destruya el patrimonio p}en su conjunto garanticen a los colombianos el principio de igualdad de oportunidades.

* El Congreso debe comprometerse, en la conducta de cada congresista, a jalonar un nuevo proyecto ético para la Nación. De lo contrario avanzarán las tendencias para eliminarlo o reducirlo a papeles marginales. Por ejemplo, ya se habla de la elección} contribuirían al populismo democrát}en la configuración de una democracia de retazos. Pero el riesgo sólo lo evita la capacidad del Congreso de transmitir al País una nueva actitud.

Expresamos nuestra confianza en la sensatez del liberalismo para buscar su unidad total, a través de un trabajo permanente de renovación, autocrítica y conducción de opinión, que le permita hacer el mayor aporte a la construcción de la unidad básica de l}tedes muchos éxitos en la tarea que adelantan, para la cual pueden contar con nuestro apoyo a la candidatura presidencial del doctor Horacio Serpa Uribe.

De ustedes cordialmente, Alvaro Uribe Vélez Juan Martín Caicedo Ferrer Germán Vargas Lleras Carta Alvaro Uribe Velez

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