CADA VEZ MÁS DEPRIMIDOS!

CADA VEZ MÁS DEPRIMIDOS!

Las cifras no indican la magnitud de la depresión en Colombia. Pero los siquiatras sí la han palpado. Cada vez, más adultos jóvenes acuden a sus consultorios.

12 de enero 1998 , 12:00 a. m.

Lo han palpado los siquiatras y también el mercado farmacéutico. A principios de 1997, un solo antidepresivo, del grupo de los medicamentos de última generación, facturaba $ 6.500 millones de pesos mensuales.

Se podría decir que esta no es una pauta adecuada ya que el remedio es de los más costosos entre sus similares: llega a $ 35.000 el valor de la dosis de tratamiento para una semana. Sin embargo, existen otros datos que pueden ayudar a medir la magnitud de la depresión en el país: en 1996, la venta anual de tranquilizantes menores (o ansiolíticos), cuyo costo es infinitamente inferior, totalizó la no despreciable cifra de $ 14.500 millones.

La depresión en Colombia afecta principalmente a aquellas personas que más han resentido el impacto negativo de la recesión económica, desempleados o con ingresos económicos francamente mermados. Hombres y mujeres -principalmente de clase media y media baja- que sufren lo que los especialistas llaman la depresión reactiva. O sea, aquella que se presenta como consecuencia o reacción a un hecho externo. Son las secuelas de la situación de deterioro económico que se ha vivido durante los últimos años, dice el siquiatra José Posada Villa.

Y es también el resultado de la desmoralización, la desesperanza y el pesimismo, la incertidumbre política y el ambiente de violencia. Por cada muerte violenta o por cada secuestrado, por lo menos cinco personas de su entorno familiar inmediato se ven seriamente afectadas.

Las últimas cifras oficiales indican que, en 1997, uno de cada cuatro colombianos sufría de un grado bastante serio de depresión. Pero, además, durante ese mismo año, fueron diagnosticados por primera vez con depresión cerca de 350.000 hombres y algo más de un millón de mujeres.

No se incluyen en las estadísticas los depresivos latentes o larvados (no diagnosticados) porque, ellos mismos desconocen su enfermedad. Como lo explica el siquiatra José Posada Villa, un número incalculable de personas sufren durante años de dolencias que atribuyen a trastornos orgánicos cuando, en realidad, son el resultado de depresión. Esas personas representan el 26 por ciento de las consultas que hacen en los consultorios de médicos generales.

Vulnerables Las estadísticas pertenecen a un estudio nacional realizado para el Ministerio de Salud por la investigadora y epidemióloga Yolanda Torres de Galvis, y el siquiatra Iván Darío Montoya.

De acuerdo con las mismas, el 18.3 por ciento de la población masculina de todas las edades, y el 20.7 por ciento de la femenina están deprimidos. Por primera vez, el estudio indica una superioridad de casos femeninos, hecho que los siquiatras solo explican como consecuencia de circunstancias externas (mujeres cabeza de familia, viudas, madres de huérfanos, desempleadas).

Y los mismos datos revelan hechos interesantes: los grupos etarios más vulnerables están entre los 16 a 19 años, y los 25 a 29. El primer caso, los adolescentes, el doctor Posada Villa lo considera con mucha seriedad ya que ocurre cuando se debería estar consolidando la personalidad. La depresión, a ese momento, afecta seriamente el desarrollo futuro.

Se ve entonces como: el 20.1 por ciento de los adolescentes (16 a 19 años) sufre de depresión; el 24.1 por ciento de las personas entre 25 y 29 años; el 22.3 por ciento, de aquellas entre 38 y 49 años.

En menores proporciones vienen: el 15.8 por ciento entre los 20 y 24 años; el 19.6 por ciento entre 30 y 37; el 17.7 por ciento, entre 50 y 60 años.

Los niños y los adultos mayores no son ajenos: 13.3 por ciento de niños entre los 12 y los 15 años también fueron diagnosticados como deprimidos. La cifra mayor fue alcanzada por los mayores de 61 años, con un 25.2 por ciento.

No solo depresión En 1993, el Ministerio de Salud realizó también un estudio nacional de salud mental. En esa oportunidad, las cifras para la totalidad de la población fueron similares a las de 1997. Sin embargo, los especialistas observan una gran diferencia entre uno y otro estudio. En el primer caso, se tomaron cifras no discriminadas, de síndrome depresivo en general.

En esta última investigación, en cambio, se evaluaron los colombianos con depresión seria, y aquellos con trastornos bipolares 1 (1.2 por ciento de la población) y 2 (0.5 por ciento). El trastorno bipolar 1 se caracteriza por presentarse como uno o más episodio de manía, con o sin depresión. Las manías -que son trastornos del afecto- incluyen episodios durante los cuales la persona asume actitudes inusuales para su temperamento como sentimientos de grandiosidad, autoestima elevada, logorrea (hablar sin cesar), fuga de ideas, distractibilidad y falta de concentración, agitación motora.

El trastorno bipolar 2, en cambio, se compone de episodios de depresión mayor, acompañados de uno o dos episodios de manías.

Qué hacer Ante todo, aceptar que la depresión no debe tomarse a la ligera, ni ser comparada con una chochera, un capricho o un mal rato que pasará. Cuando persisten los síntomas (melancolía, tristeza, falta de entusiasmo, pesimismo) se debe consultar con un sicólogo o un siquiatra porque la depresión se ha convertido en una enfermedad. Y ésta debe atacarse a tiempo antes de que se enquiste y se vuelva crónica.

Otros síntomas de la depresión incluyen trastornos de sueño (algunos duermen mucho, otros sufren de insomnio), trastornos del apetito (comen mucho o pierden el apetito), problemas en las relaciones sexuales (inhibición y pérdida del placer), anedonia o pérdida general del entusiasmo, irritabilidad y hasta ideación o intento suicidas.

Quienes rodean a la persona pueden serle de gran ayuda, siempre y cuando la comprenda, la acompañen y la ayuden a sobreponerse a su estado.

Sospechas Ojo: si usted presenta uno o más de estos síntomas, puede estar sufriendo, si saberlo, de depresión larvada: Dolor de cabeza Dolor de espalda Dolores en las articulaciones Malestares abdominales difusos Problemas gastrointestinales sin causa Tensión muscular y contracciones, calambres y hormigueos.

Problemas para conciliar o mantener el sueño.

Falta de concentración, irritabilidad

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