POLÍTICA MACROECONÓMICA REPROBADA

POLÍTICA MACROECONÓMICA REPROBADA

Las explicaciones sobre los motivos que llevaron a escoger el mal menor de la explosión del desempleo confirma la sospecha de que el factor trabajo no cuenta en la formulación de la política macroeconómica. Se ampara a los deudores en moneda extranjera muchos o pocos pero no se considera siquiera el derecho fundamental de millones de compatriotas a subsistir y a algo más. Su sacrificio viene a ser episodio necesario de la economía deshumanizada y bárbara que otros oráculos consulta.

25 de julio 1998 , 12:00 a. m.

A los economistas de distinta escuela debe de doler que se invoque la técnica en apoyo de semejante desvarío. El socorrido texto de Dornsbusch-Fischer, tantas veces citado en esta columna, enseña que la evolución macroeconómica se juzga por tres medidas generales: la tasa de inflación, la tasa de crecimiento de la producción y la tasa de desempleo. A la luz de este criterio tripartita, sus elementos neurálgicos estarían reprobándola en sugestiva convergencia.

A uno de ellos la reducción de la inflación se subordinaron los demás, pero tampoco se logró sacarlo avante. Y, aunque ello hubiera ocurrido, su éxito relativo no habría cohonestado el fracaso a conciencia en los otros dos flancos. En el mismo texto aludido se declara que cuando el desempleo alcanza la tasa del once por ciento o incluso mucho antes se convierte en el problema político y social más importante . Qué tal el muy próximo al dieciséis por ciento? En Maguncia se planteó la financiación de las filas guerrilleras mientras existan y, en cierto modo, se admitió el recurso despiadado del secuestro. En el fondo, se pretendió patentizar con dramatismo el derecho de los combatientes irregulares a subsistir. Qué decir entonces de quienes, por no serlo, se ocupan de los quehaceres habituales de los pueblos? Se les negará el trabajo y el pan por el empeño tecnocrático de mantener una política económica unilateral y desorbitada? Siempre pensamos que el empleo es uno de los requisitos esenciales de la paz y la convivencia civilizada. Si llegara a ser bien escaso, lo sería igualmente el ingreso vital y se trataría de buscarlo desesperadamente en la informalidad, o, lo que es peor, en la anormalidad tempestuosa. Más crudamente, en la violencia subversiva o en la delincuencia.

Como Philippe Saint Marc lo anota en su libro L Economie Barbare, el desempleo no es solamente causa de profundos sufrimientos individuales, lo es también muy destructor de la colectividad misma . A sus afectados los tienta la alternativa del comportamiento agresivo en que se expresen su desesperanza y su resentimiento.

De esta suerte le responden a la sociedad con su hostilidad vengativa, y, a la vez, se integran en una estructura que les aporta amistad, solidaridad, acción y objeto para su vida . Es la contra-sociedad que ofrece al desempleado la ilusión de reemplazar la comunidad del trabajo perdida . En términos criollos y a título de ejemplo las milicias populares de Medellín, según la interpretación empírica que de su origen hiciera María Emma Mejía.

En síntesis, los actuales niveles del desempleo colombiano implican motivo adicional de desasosiego y conspiran contra la voluntad de paz de la nación. Puede ser que a unos cuantos les resulten buen negocio, pero a muchos lesionan y a la masa de compatriotas perjudica.

Sistemática acción disuasiva Con mayor razón preocupa que la política macroeconómica en boga no sea accidental, en respuesta delirante a las maniobras especulativas de que se ha hablado, sino derrotero permanente y dogmático dentro del cual se miran por encima del hombro tanto las oportunidades de empleo como el dinamismo económico de que dependen.

A golpes recesivos se han frustrado las posibilidades de la producción y el desarrollo nacionales. La misma apertura indiscriminada y predominantemente hacia adentro operó desde el comienzo en esta dirección. Con el refuerzo insospechado de la política cambiaria, arruinó cultivos y manufacturas y recibió el complemento inesperado de las alocadas tasas de interés. Cualquier extraterrestre supondría un raro complot para socavar las bases de la economía y la estabilidad social del país.

El argumento es el de la falta de competitividad y, colateralmente, el del déficit fiscal. Sin embargo, poniéndose la mano en el corazón, cuántos podrían vanagloriarse de sentirse por encima del rigor disuasivo de la política macroeconómica? Basta confrontar las circunstancias de los países industriales con las muy precarias nuéstras. Comparar tan sólo el costo del crédito que en ellos estimula y aquí desalienta y aleja. O sus subsidios al agro con nuestro absoluto desamparo. O su tecnología avanzadísima en contraste con la de las naciones en desarrollo, a las cuales se les exige inventarla de pronto, y si no, languidecer.

Mucho se denostó la etapa de sustitución de importaciones que equipó a Colombia y la capacitó para el inmerecidamente truncado desarrollo hacia afuera. Su reemplazo de sustitución de producción nacional por producción extranjera no ha dejado sino desocupación, miseria y retraso. A quien lo dude se le invita a ver el panorama desolado del campo con sus secuelas de estrago, empobrecimiento y malestar social.

A la hora de nona se está hallando que el sistema engendra déficit de la balanza comercial y de la cuenta corriente de la balanza de pagos, déficit destinado a enjugarse con crédito externo. Lo cierto es que, desde el comienzo, fue su característica. La brecha entre importar más y exportar comparativamente menos estaba llamada a cubrirse con endeudamiento. Los préstamos no serían para invertir en capital físico y humano sino para consumir artículos foráneos.

Comparecencia ante el gran jurado Ante el gran jurado de la opinión pública, la política macroeconómica no pasa el examen. Falla en alcanzar la meta de inflación. Fracasa en prohijar adecuada actividad productiva. Se hunde y condena por el fomento consciente del desempleo. Su única defensa es la del mantenimiento a toda costa de los estrictos márgenes de la banda cambiaria mientras en el interior la moneda se deprecia. Será suficiente? No lo parece.

El gran jurado se ha ido poniendo de acuerdo. Hasta fervorosos exégetas y centinelas del modelo neoliberal empiezan a denunciar sus adversos resultados. Lo hacen con la mentalidad oportunista de atribuir todos los males al mandatario saliente. Pero el señalamiento de las llagas económicas y sociales al igual que de los yerros de las políticas monetarias y cambiarias autónomas corrobora la denuncia del terrible fiasco de la estrategia en boga

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