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LA LIBERTAD COMO INSTRUMENTO DE TRABAJO

LA LIBERTAD COMO INSTRUMENTO DE TRABAJO

El periodista es el perdedor en el debate electoral que hoy llega a su fin. Así se ha leído el papel que cumplió y que se le asignó en los debates de los candidatos y en la información preelectoral. En contraste con lo que sucede en otras partes del mundo, y con lo que sucedía aquí, el del periodista en los tres debates fue un papel desdibujado y casi superfluo. El solo hecho de que se hubiera pensado en reemplazarlo por periodistas extranjeros o por una exreina de belleza, y de que el papel de dos respetables periodistas, Ana Mercedes Gómez y Fernando Barrero, se hubiera reducido a sacar y leer las cartas de la urna, dejó al periodismo en su mínima expresión.Los más críticos ven en esos episodios la expresión de una crisis a la que no se le quiere dar la cara.

Desde Yopal, dos colegas de El Correo, César A Colmenares y Marta I. Cifuentes, opinaron a través del correo electrónico: la crisis por la que atraviesa el periodismo no se originó la semana pasada. El manoseo de la prensa no se origina en la iniciativa del manoseador, sino en el periodista que se muestra fácil y dispuesto. Si los debates no fueron tales, no fue por falta de los políticos, sino de los periodistas.

La Veeduría Ciudadana a la elección presidencial, por su parte, registró el comportamiento de los medios en una circunstancia que, como pocas, demandaba su independencia y equilibrio, dos calidades que parecieron quedar lejos en los medios electrónicos. La televisión le dio al candidato Horacio Serpa el 36% de su espacio y a Andrés Pastrana 28%, o sea 8 puntos de diferencia, mientras la radio le dio al primero 41% y a su contendor 29%, o sea 12 puntos de diferencia. Más cercanos al equilibrio estuvieron los medios impresos que le dieron a Serpa el 29% y a Pastrana el 33%, o sea cuatro puntos de diferencia.

Estos desequilibrios podrían explicarse como resultado de la desigual gestión de los jefes de prensa, pero sería cerrar los ojos ante la realidad. A pesar de los evidentes esfuerzos para ofrecer una información equilibrada, las presiones de toda clase están restringiendo cada vez más la libertad de los periodistas y los está haciendo menos creíbles.

La revista Cierto , que publica en Medellín José Absalón Duque, a comienzos de este año encuestó a 100 periodistas activos para medir su nivel de libertad y obtuvo estas reveladoras respuestas: el 62% se siente presionado por las fuentes, 55% por las empresas, y el 60% por sus jefes en la empresa. Para el 87% es imposible divulgar la verdad de lo que pasa y para el 79% en Colombia no hay libertad para el ejercicio de la profesión. Es fácil percibir detrás de esos altos porcentajes de la no libertad, un ejercicio profesional asediado desde fuera y desde el interior de los periodistas. Los compromisos económicos de los periodistas extraviados en la actividad empresarial, los pactos entre los grandes grupos económicos dueños de medios, para mantener estables y dóciles sus nóminas de periodistas, los boleteos y las amenazas a los que informan sobre corrupción o sobre Derechos Humanos, los intereses de dueños, directores y jefes, el afán de figuración y de enriquecimiento, son algunos de los factores que explican esa crisis de independencia que resulta tan estrechamente ligada con la pérdida de credibilidad. A su vez, esa credibilidad e independencia corren los mayores riesgos a medida que el periodista escala cumbres de poder político o económico; a veces en esas cumbres se desteje lo que el periodista raso ha tejido, con dificultad y con paciencia, en materia de independencia y de credibilidad.

Pero la libertad y su consecuencia, la credibilidad, no se consiguen por decreto. Comienzan en el interior de las personas, por eso no puede haber libertad de prensa si, primero, no hay hombres libres. Parafraseando a Pablo Freire, habría que decir que en periodismo nadie le quita ni le da la libertad a nadie; cada quien se la construye del tamaño y de la consistencia de que es capaz. Y esa es la tarea en que ve uno empeñados a los que están haciendo periodismo en la llanura, y la que echa de menos en los que moran en las cumbres.

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