SHAKIRA

SHAKIRA

No soy aficionado a las canciones de Shakira. Confieso que no tengo oídos para esa clase de música y que carezco de toda sensibilidad para los ruidos del acompañamiento y aun para los forces de voz que el mercado y la globalización de las estéticas imponen. Conozco su música de oídas, según corresponde, no sólo por la frecuentación que las emisoras que administran el gusto colectivo le otorgan, sino porque me di a la tarea de adquirir sus discos y escucharlos.

12 de octubre 1998 , 12:00 a.m.

Desprovisto de toda pasión melómana, cumplí ese sordo y bien disciplinado ejercicio en tributo a Shakira, que no a su música; a su personalidad, más que a su voz; a su inteligencia más que a los arreglos que hizo, sin necesidad alguna, en compañía de Emilio Stefan. Y una razón más comprometedora: ella es, como todos los verdaderamente grandes de este país, caribeña. Una razón adicional para gozar, repito que con plena prescindencia de la música, de sus triunfos contundentes.

Esto último no es un sesgo lugareño. Haga usted su propio ranking y sabrá que si es un general, es Bolívar; si un político, Núñez; si un escritor, García Márquez; si un futbolista, El Pibe ; si una medalla olímpica, Bellingrodt, Rojas, Pérez o Julio; si un músico, ella, o Vives, o el Joe, o Escalona, o Barros o Lucho Bermúdez; si un poeta, el Tuerto López o Gómez Jattin; si un científico, Llinás o Jackin; si un boxeador, Pambelé; si un campeonato mundial, es de béisbol; si un pintor, Obregón, si un...

Esa peligrosa rapidez de los barranquilleros , suele decir Enrique Santos Calderón para aludir a la fluidez mental de la gente de aquí que yo supongo atribuible a toda la región. Es eso lo primero que uno admira en esa niña, que accedió a la lectura, sin aspavientos de prodigio, antes de los tres años de edad, que compuso canciones antes de los 10 y que incorporó a un primer larga duración, exitoso como el que más, canciones elaboradas cuando no había cumplido los 15.

Maneja el éxito, su popularidad, su talento, con esa desenvoltura, casi un desdén, con la cual la gente del Caribe administra sus relaciones con la vida. Hay en ella algo de ese escepticismo de quienes aquí saben que todo es efímero, provisorio y fatuo. Cuando, como en su caso, hay esfuerzo, tesón y trabajo duro, no se hace en nombre de una dudosa ética del trabajo , que niega el papel creador del ocio, encarcela la sensualidad, abozala el goce, sino con una especie de regusto impúdico por lo vital que, sin embargo, no procura falsas expectativas sobre una realidad que al final no habrá de perdonarnos.

Admiro en ella su precoz madurez, su afanosa nostalgia por las barriadas de su Barranquilla, las lecturas que el éxito no le impiden, su inalterada sencillez. Un verdadero ejemplo para un país de badulaques, intransigentes y matones. Y, sobre todo, un ejemplo para su público más ferviente, la generación X, tan descomprometida, intoxicada, diletante, indolente y vacía.

Hay en Shakira, por último, mucho más que una bruta, ciega, sorda y muda, torpe, traste y testaruda de la obsedida enamorada de sus canciones. Poesía, por ejemplo. Y tal vez esa una de las claves de la seducción de su música. Una poesía balbuciente, sí, pero capaz de sobreponerse a las exigencias melódicas? que el castellano sigue imponiéndole a la música posrock.

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