ACOSO SEXUAL HACE CARRERA EN A.L.

ACOSO SEXUAL HACE CARRERA EN A.L.

Acoso Sexual no es sólo una película de Hollywood protagonizada por Demi Moore y Michael Douglas en la que una mujer utiliza su posición de jefe para obligar a un empleado a someterse a sus deseos. Es también una cruda realidad que muchos latinoamericanos, y sobre todo latinoamericanas, deben soportar a diario en sus sitios de trabajo, al punto de que hoy este problema es el principal foco de violencia laboral en la región.

24 de julio 1998 , 12:00 a. m.

A tal conclusión llega un estudio realizado por la Organización Mundial del Trabajo (OIT), el más vasto hecho hasta el momento en este campo, y según el cual casi el 50 por ciento de los actos de violencia que sufren los empleados de América Latina en sus lugares de trabajo son producto de este tipo de agresión.

Pero el drama no sólo lo viven los latinoamericanos, pues el estudio señala que el acoso sexual es la forma de violencia laboral más generalizada a nivel mundial.

El estudio de la OIT parte de una gran encuesta realizada entre trabajadores de 32 países del mundo y para el caso latinoamericano se escogieron cuatro países (Argentina, Brasil, Costa Rica y Bolivia), que a juicio de los investigadores, dice el informe, representan a la región.

La investigación reveló que en nuestra región del 10,7 por ciento de personas que manifestaron haber sido objeto de algún tipo de violencia en el trabajo durante 1997, el 5,2 por ciento en su mayoría mujeres afirmó haber sufrido de acoso sexual.

Peor aún, la OIT advierte que es muy probable que las cifras presentadas estén lejos de reflejar la auténtica magnitud del problema, pues este tipo de agresiones rara vez son denunciadas y el concepto no es claro para la mayoría de los trabajadores.

Oficios de oficios El estudio de 156 páginas presentado en Ginebra y titulado Violencia en el Trabajo ubica en cuatro categorías los tipo de violencia: agresión física (homicidio, golpes), agresión verbal (insultos), violencia sicológica (intimidación) y acoso sexual.

De acuerdo a la investigación, en algunos lugares de trabajo u ocupaciones, como los taxistas, el personal de los servicios sanitarios, el personal docente, los trabajadores sociales, el servicio doméstico en países extranjeros o el trabajo solitario, sobre todo en los turnos de noche en el comercio al detal existe un grado de riesgo ante la violencia mucho mayor que el correspondiente a otros ámbitos u ocupaciones.

Dicho riesgo es considerablemente mayor para las mujeres, dado que se concentran en las ocupaciones más expuestas, como la enseñanza, el trabajo social, la enfermería, la banca y el comercio minorista.

Francia, de todos los países estudiados, registró la mayor tasa de violencia laboral: el 40 por ciento de los encuestados denunció haber sido objeto de algún tipo de agresión durante un período de 12 meses. De ese porcentaje, la mitad fue por acoso sexual.

Rumania. Canadá y el Reino Unido siguen a los franceses muy de cerca.

En América Latina, fue Argentina el que registro la tasa más elevada de denuncias con un 34,5 por ciento de agresiones; 16 ,6 por ciento de ellas por acoso sexual.

EL ASUNTO EN COLOMBIA En Colombia, el acoso sexual no está previsto como un delito, pero sí puede dar lugar a investigaciones disciplinarias, cuando se trata de funcionarios públicos.

En esta legislación, el acoso no es sancionado como tal sino por las conductas en que se refleja como las malas palabras, las actitudes obscenas o la falta de respeto por los subalternos.

En mayo de este año, los medios de comunicación dieron cuenta del caso de Luis Fernando Torres, un Fiscal sin rostro ante el Tribunal Nacional, a quien el Consejo de la Judicatura impuso una sanción de 40 días de suspensión.

El Fiscal, de acuerdo con lo que encontró el Consejo, manoseó y llamó de manera vulgar a una de las funcionarias que trabajaban en su despacho.

La noticia se conoció pocos días después de otro caso similar ocurrido a un magistrado del Consejo Seccional de la Judicatura de Santander, cuyos chistes, dichos y sobrenombres fueron considerados por el Consejo Superior como una manera baja, grotesca, vulgar e irrespetuosa de referirse al sexo femenino .

La sanción en su contra fue también de 40 días de suspensión.

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