ROSARIO DE PERLAS

ROSARIO DE PERLAS

Ya sabemos que no hacen lo que les toca. Pero el asunto se pone de alquilar balcón cuando los dirigentes y funcionarios se ponen a hacer lo que no les toca. Y como estamos ante una epidemia de traspapeles y trabalenguas capaz de marear al mejor cazador de gazapos, aquí van solo las perlas más vistosas, dañosas y sutiles de esta última semana:

01 de septiembre 1998 , 12:00 a.m.

Lunes 24 de agosto. El manejo de la televisión no debe quedar al capricho de los gobiernos. Tal es el espíritu de la Constitución, y tal podría ser la base para controvertir el decreto que cambia la Junta del CNTV. Pero resulta que la demanda no fue incoada por alguna asociación de usuarios, por el Procurador o el Defensor del Pueblo. Fue propuesta por el jefe de un Partido y reforzada con la moción de censura que impulsan 16 senadores amigos del anterior Presidente. O sea que el afectado no es el interés público, sino un determinado grupo de políticos. Con lo cual, además, se reconoce que Valencia y De Greiff sí eran mandaderos de Samper, que estuvo bien someter la televisión al capricho del Gobierno y que Pastrana tiene toda la razón al escoger sus propios mandaderos.

Martes 25. La sociedad civil es un concepto borroso; pero en todo caso significa algo ajeno y hasta opuesto al Estado. Por eso los funcionarios el Procurador, el Defensor y el magistrado no debieron incluirse en el acuerdo entre la sociedad civil y el Eln. Este error reventó en la pataleta de Bernal Cuéllar y en la carta de Carlos Gaviria (Castro Caycedo no entiende de estas cosas). Lo malo del caso fue poner a dos juristas insignes a inventarse sofismas. Fue enredar más la pita con el Eln. Fue poner de bulto la ambigedad del DIH respecto a los agentes del Estado: ellos están sujetos a la Constitución y al Código Penal, harto más restrictivos que un pacto humanitario. Y, sobre todo, fue seguir embrollando el papel de la sociedad civil en el proceso de paz, que no consiste en firmar acuerdos que no son acuerdos, menos aún en propalarlos a los cuatro vientos.

Miércoles 26. Los jueces no deben hablar sino por medio de fallos; y menos deben hablar sobre fallos que estén por emitirse. Pero nuestros magistrados hablan más que un perdido cuando aparece, y hoy uno de ellos les mejoró la plana. Al explicar una sentencia según la cual los tratados suscritos antes del 91 pueden declararse vigentes pero no aplicables (lo cual ya es un trabalenguas y una barbaridad para un país débil y envainado como Colombia), Alejandro Martínez sugirió renegociar el tratado del 79 con Estados Unidos y también que los Rodríguez Orejuela no podrían ser juzgados por hechos viejos. O sea que las autoridades gringas deben acatar las leyes colombianas pero no aspirar a que cumplamos los tratados. Claro que Silencioso Kamman como lo apodan sus colegas se apresuró a declarar que lo pactado es sagrado .

Jueves 27. Un proceso de paz supone que el Estado y la insurgencia bastarda lleguen a acuerdos sobre las concesiones y reformas que deban darse; pero aquí el Estado aspira a negociar la paz sin negociarla. El Ministro del Interior explicó que a las guerrillas se les otorgaría personería jurídica, que tendrían presencia en los organismos de vigilancia y control y que la reforma constitucional en curso será la cuota inicial del proceso. Si a esto se suman el despeje unilateral, los bonos de paz y la eventual liberación de presos de las Farc sin haber iniciado los diálogos de fondo no hay sino que temer una de dos cosas: o las negociaciones van a quedar sin agenda y entonces no habrá paz, o las reformas de marras son puro maquillaje y entonces no habrá paz.

Viernes 28. La Junta del Banco de la República se creó para mantener la capacidad adquisitiva de la moneda , y la ley añadió que cada año habría de fijarse una menor tasa de inflación. De suerte que quienes piden que el Banco suba la banda cambiaria están pidiendo que haga lo que no le toca: que ignore la ley o ignore la aritmética, porque correr la banda a estas alturas implicaría una de estas dos cosas. Esperemos, pues, que la Junta hará lo que le toca, es decir, disparar los intereses hasta el cielo, o quemar las reservas en el altar de una Constitución que la puso a hacer lo que no toca.

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