FUERA DE ÓRBITA

FUERA DE ÓRBITA

Los cobardes y absurdos atentados contra las embajadas norteamericanas en Kenia y Tanzania en los que posiblemente estuvo la mano oculta de los gobiernos islamistas de Sudán y Afganistán acaban de ser respondidos por Washington con la misma moneda, como si la comunidad internacional se rigiera por la ley de la selva. La marina norteamericana, por la vía rápida y unilateral, se encargó de disparar setenta misiles contra las presuntas bases terroristas. Virtualmente, se respondía contra una ofensa grave e injusta; pero, en qué queda entonces esa inmensa y laboriosa construcción de la civilización que es el derecho internacional? La seguridad de los países puede resultar hoy súbitamente interrumpida por un fulminante bombardeo del más fuerte, cuando este considere, por sí y ante sí, que debe tomar represalia por su propia mano. Vendrán, después, las convocatorias de urgencia del Consejo de Seguridad y las declaraciones de rigor, trascendentales e inocuas.

01 de septiembre 1998 , 12:00 a.m.

Este procedimiento de represalia directa pone en peligro la seguridad de los países, particularmente de los mas débiles; desvirtúa los esfuerzos multilaterales y de las Naciones Unidas, que se vienen haciendo para llevar a cabo, dentro del marco jurídico, una lucha efectiva y de amplio alcance contra el terrorismo, y puede provocar, por contragolpe, una intensificación de ese flagelo. Fue, indudablemente, una acción fuera de órbita.

Sorprende, por otra parte que, según las encuestas, dos terceras partes de la población de Estados Unidos respalde semejante actitud. Dónde está su pensamiento liberal, su fe en los valores de la democracia y su liderazgo por los derechos humanos, que ha venido asumiendo después de Vietnam y del apoyo a las dictaduras latinoamericanas? Dónde el espíritu crítico de los medios? Será que la civilización va a naufragar otra vez en el falso y terrible principio de que el fin justifica los medios, que impulsó a los totalitarismos y a las guerras del siglo que termina? Solo una auténtica y sincera cultura de los valores humanos y una aplicación creciente del derecho internacional pueden asegurar la superación de toda clase de terrorismos y de fundamentalismos, provengan estos del tercer o del primer mundo. El problema es que la prioridad actual no es esa sino la globalización del mercado, y ahí podemos perecer. Entre mercancías y bombas.

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