UN EJERCICIO DE TOLERANCIA

UN EJERCICIO DE TOLERANCIA

A un lado se sentó Jaime Caicedo, secretario del Partido Comunista. Muy cerca, el general en retiro, Juan Salcedo. A pocos pasos, Luis Eduardo Garzón, presidente de la CUT y Jaime Alberto Cabal, dirigente gremial.

22 de julio 1998 , 12:00 a. m.

A su alrededor se encontraban empresarios, sindicalistas, políticos, académicos, periodistas, campesinos, grupos étnicos... En otra parte de la mesa estaban Iván Duque, de las autodefensas, y a miles de kilómetros, en una cárcel, Francisco Galán y Felipe Torres, del Eln, y Francisco Caraballo, del Epl. Más lejos aún, desde algún lugar en Centroamérica, Rafael Vargas, de las Farc.

Sin importar las distancias y las diferencias históricas todos juntos estaban sentados en una misma mesa hablando del futuro de Colombia y dejando a un lado el pasado.

Habían aceptado concentrarse en el silencioso recinto Quirama, ubicado en Rionegro, Antioquia, para hablar de los posibles destinos de Colombia. Era uno sólo el compromiso: mirar hacia adelante, dejar a un lado el pasado y crear sueños acerca del futuro.

Por eso, cuando los 43 colombianos invitados para hablar del país tomaban un descanso y salían juntos a almorzar era posible escuchar bromas impronunciables en una situación diferente. Fue posible, por ejemplo, que el reconocido representante de las petroleras estuviera hablando vía telefónica con los elenos o que ante la ausencia de cualquier de los participantes alguien dijera riendo: lo desaparecieron .

Lo que más se veía, cuentan ahora con asombro sus protagonistas, era cómo se unían los extremos. Y cómo, además, esos extremos llegaban a acuerdos.

En esos momentos el grupo de empresarios que preocupado por el rumbo del conflicto del país había decidido invitar a colombianos con posiciones muy distintas sobre la situación nacional pensó que en Colombia era factible conversar y encontrar coincidencias a pesar de las diferencias. Quirama era un ejemplo.

Allí, en los tres talleres organizados por la organización cívica Destino Colombia y bajo la dirección técnica del canadiense Adam Kahane, hablaron sin temor, aunque no antes de una anécdota que muchos aún recuerdan.

En el primer día del encuentro, un 20 de julio de 1997 a las 6:30 de la tarde, los 43 colombianos se encontraron en el recinto Quirama, reservado exclusivamente para las largas sesiones de trabajo que les esperaban, sin que muchos de ellos se conocieran. En la mesa, en forma de U , solo estaba el nombre de cada uno de los participantes, pero no el del grupo o sector al que pertenecían. La idea del método de trabajo era que allí nadie representaba a nadie. Cada quien iba a título personal.

Luego de largas horas de conversaciones, con uno que otro momento álgido de por medio, surgió la inquietud y el temor de algunos de hablar, porque allí, en ese silencioso lugar, estaban algunos de sus eternos enemigos.

Y no se equivocaban. Por eso, ese primer encuentro en el sector histórico del oriente antioqueño fue definitivo. Allí se generó tal confianza que después de la discusión sobre esos temores nadie dudó de la palabra del otro y nadie abandonó Quirama.

Cada uno descubrió que los esfuerzos de tolerancia, de disciplina, de escuchar, valían la pena. Por que después de lograr la comunicación telefónica con Rafael Vargas, que tenía la vocería de las Farc desde Costa Rica, o de haber hecho las diligencias necesarias ante el Gobierno y el Inpec para poder entregarles celulares a los del ELN, era posible una comunicación directa entre todos, por teléfono, por fax o con traducción simultánea, el medio era lo de menos.

Las preguntas claves Cuáles son los desafíos que enfrenta el país? Cuáles son los futuros posibles si Colombia sigue como está? Estas fueron algunas de las preguntas que se formularon los invitados y las que necesitaron horas y horas de análisis e intercambio. Reflexiones intensas en las cuales todos, sin excepción, se sorprendieron cuando se llegó a una conclusión: que en ninguno de esos escenarios posibles se veía el triunfo guerrillero o el triunfo militar.

Así fue como el grupo salió de Quirama aceptando ideas que antes ni siquiera habían imaginado y pensando que si este sistema llamado planeación por escenarios había funcionado en Sudáfrica, Chipre, Canadá y Japón, por qué no en Colombia?

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