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QUÉ SE HICIERON LOS LIBREROS

QUÉ SE HICIERON LOS LIBREROS

No hay que alarmarse tanto. Pese a la crisis económica, al crecimiento de la ciudad, a la masiva afición por los libros de temporada, a la proliferación de la autoayuda, el esoterismo y los ovnis, en Bogotá quedan aún unos cuantos libreros de los buenos.

Ha habido cambios radicales en el mercado del libro, un comercio que no es fácil, y que nunca lo ha sido. Por eso los libreros y las buenas librerías son apenas una decena de especímenes históricos que existen desde 10 y 20 años para atrás.

Librero no solo es ya una palabra en desuso sino que ellos mismos son una especie en vía de extinción. Habían leído un poco de todo, estaban al tanto de las novedades mundiales y eso les permitía orientar, desaconsejar, discutir con sus clientes en torno al libro y sobre todo compartir con ellos la afición por la lectura, La librería Tercer Mundo, que funciona hace 30 años en la carrera 7 con calle 17, es especializada en temas sociales.

En los 23 años que ella lleva de trabajar allí, Clara Cecilia Cortés, que hoy la administra, ha observado dos factores que cambiaron el negocio de los libros en Bogotá: La crisis económica ha afectado no solo el negocio de los libros sino el comercio en general. Por otra parte, la figura del librero no ha desaparecido, pero se ha visto un poco desplazada por el sistema computarizado. Ya el lector no solicita el libro, sino que mira en una pantalla. Es un autoservicio .

Uno de los nombres más bellos de librerías en Bogotá lo tiene la Casa del Libro, de Josefina de Rajul, situada en la calle 18 arriba de la carrera 7. Tiene 42 años y su fuerte ha sido la lingística, la literatura y la filosofía. El administrador, Diomedes López, dijo que aún atienden a sus clientes de modo personalizado.

El trabajo de las librerías ha sufrido un detrimento por la competencia de la piratería, por los elevados precios de los libros importados y porque el comercio del libro se ha desplazado hacia el norte: mucha gente teme venir al centro .

Diagonal a ésta, en la acera norte, queda La Gran Colombia, que cumplió el 8 de junio 56 años. Desde su fundación se generó en torno a ella una tertulia de amigos que la adquirieron cuando Carlos H. Pareja, el propietario, falleció.

Pareja era un librero a carta cabal. Hoy la librería se mantiene en los temas de economía, política y literatura y es gerenciada por Sandra Rosales.

Nuestro mercado son investigadores, profesores y estudiantes de las universidades del centro. Por eso nos hemos mantenido en el sector , explica.

Según ella, la crisis de los últimos cuatro años ha llevado a que las ventas no crezcan y, por el contrario, hayan disminuido en un 20 por ciento .

Consuelo Gaitán, que creó hace 10 años Biblos Librería, en la avenida 82 con carrera 12A, representa la nueva generación en el más puro estilo de los viejos libreros.

Alvaro Mutis dijo recientemente: Siempre que entro a Biblos tengo la fortuna de encontrar dos o tres amigos de siempre, clientes devotos del lugar, y tres o cuatro títulos que andaba buscando inútilmente en otras latitudes .

Su fórmula es así de simple: Cada vez más son menos las librerías atendidas por sus propietarios. Es la diferencia .

Hace un año, en contra de la corriente que comenzó a cerrar los cafés en las librerías, Gaitán puso un cafecito en el segundo piso y la atmósfera mejoró aún más.

Así, mientras otras librerías cierran sus cafés o quiebran, Biblos ha captado un público que busca lo más novedoso y lo más raro de la literatura mundial.

El papá de los libreros de Bogotá, descontando al fallecido Karl Buchholz, de la librería que llevaba su apellido, es Hans Ungar, de la Librería Central, que está en la calle 94, abajo de la carrera 13.

Con medio siglo al frente de la Central, Ungar tiene ideas muy propias sobre el mercado del libro en la ciudad.

La cosa política no creo que ha afectado el comercio de los libros. Otros hechos sí y en forma muy fuerte, inciden sobre la lectura la lectura de libros. En primer término, la mala televisión. Lo otro son los juegos de computadores. Eso quita lectores potenciales, porque uno tiene que educarse para ser un buen lector. Por esto último me río de las personas que dicen que cuando se jubilen se dedicarán a la lectura .

Otra observación suya es sobre el gusto literario, del que considera que ha cambiado mucho no solo en Colombia.

Hay muchos títulos que pertenecen a gran literatura mundial que casi no se ven en las librerías. Quién compra hoy La Divina Comedia? No obstante, Ungar vende de todo, incluso temas de autoayuda, con la sola excepción de los libros de esoterismo. Quiero tener una librería que represente todos los intereses, pero no libros que sean abiertamente dañinos. No soy un censor, es una cosa de buen gusto. No creo en eso. No quisiera decir que no me gusta tener basura en mi librería, porque conozco gente muy valiosa que sí cree .

Se requeriría una nota menos breve para concluir este recorrido con las otras buenas viejas librerías de Bogotá que no están aquí: Buchholz, Lerner, Contemporánea, Mundial, Nacional y algunas que la memoria olvida.

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