ARGENTINA BAJA EL RITMO

ARGENTINA BAJA EL RITMO

El impacto de la crisis asiática empieza a hacerse sentir en Argentina, que muestra claros síntomas de una desaceleración de su economía.

15 de enero 1998 , 12:00 a. m.

De hecho, aparte del gobierno, tanto el Fondo Monetario Internacional como consultoras y bancos han revisado a la baja sus perspectivas de crecimiento para Argentina en 1998.

Mientras el gobierno mantiene un optimista 5,8 por ciento -contra ocho por ciento en 1997- el FMI dice ahora que el crecimiento será inferior al cuatro por ciento que preveía hasta hace poco. Algunos economistas hablan de una subida de entre 2,5 y cuatro por ciento.

Por lo menos ya no se escucha decir a los funcionarios que la economía podría crecer en 1998 como lo hizo en 1997 , dijo un analista financiero, en alusión a las proyecciones que había hecho el viceministro de Economía Carlos Rodríguez.

Según datos de la consultora privada Fiel, el primer indicio de desaceleración se produjo en noviembre cuando, por primera vez en 19 meses, se produjo una caída del 6,8 por ciento en la producción industrial respecto al mes anterior, aunque mantuvo una suba respecto de igual mes de 1996.

La misma tendencia se repetiría en diciembre, producto de una nueva caída en la producción de automotores que responde a las perspectivas de menores exportaciones a Brasil, país que debió ajustar duramente su economía para frenar un ataque especulativo contra su moneda en plena crisis asiática.

La nueva estimación indica que en 1998 las exportaciones de autos no serán de 400.000 unidades como se había previsto sino de apenas 326.000 unidades, lo que obligó a las terminales a reducir sus plantas de trabajadores o a iniciar planes de suspensión de personal.

Otros sectores se ven directamente afectados por las devaluaciones asiáticas, ya que perdieron competitividad en los precios de las exportaciones a esos mercados y pueden verse afectados por una ola de importaciones de esa región.

Entre los sectores más afectados se encuentran cueros y calzados, marroquinería, manufacturas de metales no ferrosos, productos de madera y muebles, productos químicos, celulosa, materiales eléctricos y textiles.

El impacto del cambio de escenario internacional estaría incluso haciendo mella en el empleo, una variable que mostró grandes progresos en 1997 y que permitió reducir la desocupación de mayo a octubre de 17,3 por ciento a 13,7 por ciento.

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