LA UNIÓN HACE LA FUERZA

LA UNIÓN HACE LA FUERZA

A finales del siglo XX, se desató en Colombia la más abrumadora movilización social de toda su historia.

22 de julio 1998 , 12:00 a. m.

Los colombianos acudieron a todos los medios a su alcance para manifestarse en contra de la violencia, la guerra y sus atrocidades, las masacres, los secuestros, el desplazamiento forzado de campesinos.

Al comienzo, los movimientos sociales estaban dispersos, desarticulados, se movían más por instinto y como una reacción espontánea y natural , recordaría años más tarde uno de los activos protagonistas de esos días, que señalaron un nuevo rumbo para el país.

Luego, la gente comenzó a organizarse. En ese proceso fue fundamental el apoyo de los países amigos de Colombia que respaldaron la organización de la sociedad civil y por tanto, las salidas pacíficas al conflicto.

Pronto se constituyeron organizaciones autónomas regionales y locales, con el propósito de construir la paz, recuperar la economía local y moralizar los sectores público y privado.

Simultáneamente se desarrollaron las comunidades y los territorios de paz. Grupos de vecinos se unieron en centros de estudio y trabajo, se comprometieron con acciones de convivencia pacífica y con obras de bienestar.

Los campesinos proclamaron su neutralidad activa frente a los actores armados, guerrilla, autodefensas y militares. En Cimitarra, por ejemplo, reclamaron su derecho a la paz.

Sus objetivos se centraron rápidamente en ser grupos de presión para la disminución de la violencia y el control de la función pública.

En las relaciones con los actores armados, los acuerdos no fueron el resultado de una intimidación sino de una gestión y participación de la ciudadanía; lo mismo sucedió con el clientelismo político, arrinconado cuando las organizaciones ciudadanas hicieron sentir su presencia.

La influencia del narcotráfico fue cediendo terreno paulatinamente gracias a la moralización en las administraciones locales y nacional.

En las regiones, en las que las organizaciones ciudadanas se fortalecieron, aparecieron gobiernos locales que derrotaron la corrupción.

No fue un proceso fácil. Primero, por el temor de los ciudadanos a participar. Cuando se organizaron para lograr representatividad en los cargos públicos fueron señalados de contagiarse de los modelos de la vieja política. Otros políticos quisieron apropiarse de estos movimientos como banderas personales.

Pero el proceso finalmente se consolidó y los esfuerzos condujeron a un Gobierno que representó los intereses de la sociedad. La participación ciudadana se convirtió en una efectiva influencia. Así se modernizaron la administración pública y los partidos y fue naciendo un nuevo liderazgo.

Los pactos de paz fueron el apoyo para afrontar la solución de problemas agrarios, sociales y de organización institucional. Además, esta misma participación ciudadana redujo la tensión en las conversaciones entre el Gobierno y los actores armados.

La dinámica impuesta por la presencia ciudadana, fundamentada y enriquecida por un proceso educativo integral repercutió en la economía, y generó sistemas mixtos con los sectores privados y solidarios, para beneficio de los grupos sociales menos favorecidos. El resultado fue el aprovechamiento racional de los recursos naturales, el ajuste fiscal y la repatriación de capitales, lo que redundó en el mejoramiento de los indicadores de la economía.

El modelo fortaleció también el proceso de descentralización y regionalización. Gradualmente se incrementó el acceso de la población a la educación.

La comunidad internacional comenzó a valorar el repudio ciudadano contra la narcoeconomía y la narcopolítica y así fue mejorando el prestigio internacional del país.

Bajo el nuevo clima nacional se redujeron los niveles de violencia y la corrupción derivada del narcotráfico.

No fue esta una labor fácil. Más que cualquier otra, requirió del esfuerzo a largo plazo y de cambios profundos de mentalidad. Luego de ver los resultados, se entendió por qué había sido tan difícil, y por qué no se había iniciado antes.

A la vez mostró la raíz de nuestros males: la inclinación a trabajar aislados y divididos. También descubrió nuestra verdadera fuerza: la unión.

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