NO ES UNA FELICIDAD TOTAL

NO ES UNA FELICIDAD TOTAL

Le avisaron que se iba hace pocos días. Estaba enfermo y los guerrilleros de las Farc pensaron que era mejor devolver a Carlos Manrique, un ingeniero agrónomo de 25 años, que trabajaba en la plantación de palma africana Brisas, en Puerto Wilches y que había sido secuestrado hacía dos meses.

16 de enero 1998 , 12:00 a. m.

No tuvo tiempo de hacer mucho. Los otros ocho compañeros que permanecen secuestrados, todos trabajadores de las empresas de palma Brisas, Monterrey y Bucarelia, alcanzaron apenas a garrapatear unas letras para sus familiares y amigos, en las que les dicen que están vivos.

Están flacos. Flacos y preocupados porque no saben qué va a pasar. Es que la Navidad nos dio muy duro a todos. Estuvimos muy tristes , dice Manrique.

El también está flaco. Llegó débil por su problema de coronarias, que lo tuvo un par de días en el hospital cuando llegó a Bucaramanga. El médico me recomendó reposo completo, pero apenas pueda vuelvo a trabajar en la palma africana en la misma empresa y en la misma zona. Mi vida es ayudar a los habitantes de Puerto Wilches , dice.

Manrique estuvo secuestrado exactamente dos meses y dos días. Los contó en la soledad de la noche, intentando no perder la noción del tiempo. Otros llevan más: mañana cumplen cuatro meses.

No violaron nuestros derechos humanos dice Manrique. Nos trataban bien y nos daban comida, pero lo único es que, hasta donde yo supe, nos querían separar a todos .

Y es que hasta ahora los nueve secuestrados estaban juntos, en una casita improvisada en algún lugar de la selva. Según las cartas que mandaron los primeros trabajadores secuestrados a través de la Cruz Roja Internacional, la guerrilla los obligó a caminar mucho, hasta que no supieron dónde estaban.

Carlos Manrique está feliz de haber salido. Esos dos meses y dos días fueron siglos sin ver a su familia, sin besar a su novia y sin respirar la libertad.

Pero no estoy del todo contento. Atrás se quedaron ocho compañeros más, que todavía no están con nosotros. Esta no es una felicidad total , dice Manrique.

CONDENA OBRERA AL SECUESTRO El pasado nueve de enero, las tres centrales obreras más grandes del país CUT, CGTD y CTC expidieron un comunicado en el que condenan el secuestro de los trabajadores de Puerto Wilches.

El siguiente es el texto completo del comunicado: No a la violencia, sí a la paz en Puerto Wilches! Las centrales obreras de Colombia, reafirman su rechazo a la violencia y su condena a todo acto terrorista, venga de donde venga.

Consideramos que la violencia engendra violencia, que el secuestro es inadmisible e inhumano y que la desaparición forzada es una de las más oprobiosas formas de violación de los derechos humanos.

Hoy, infortunadamente en nuestro país se han dado cita todos los sistemas de violencia. Miles de asesinatos de connotaciones políticas y sociales nos demuestran que el país ha ido hundiéndose en el fango y la sangre de la barbarie, al tiempo que el estado de derecho se deteriora todos los días.

Un ejemplo de esta dramática realidad lo constituye lo que viene ocurriendo en las empresas palmeras Monterrey, Las Brisas y Bucarelia, en el municipio de Puerto Wilches (Santander), en donde los trabajadores son víctimas de asesinatos, amenazas y desapariciones, en tanto que los directivos de la empresa se enfrentan a las extorsiones y a los secuestros.

Ante estos hechos, manifestamos públicamente nuestra condena al terrorismo, al secuestro y a la desaparición forzada y llamamos a los actores del conflicto a humanizar la guerra y a buscarle una salida negociada, así como invitamos al conjunto de la población a ponerse en pie por la paz y contra la violencia.

Las centrales obreras están al servicio de la paz porque la consideran un imperativo y están dispuestas a continuar defendiendo no solo los intereses de los trabajadores sino los del pueblo colombiano, explotado y oprimido, muchos de cuyos mejores hijos hoy son víctimas de la insensatez de la guerra.

Bogotá, D.C., 9 enero, 1998.

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