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LA NUCLEARIZACIÓN DEL TERCER MUNDO

LA NUCLEARIZACIÓN DEL TERCER MUNDO

El hecho más grave y nefasto de este fin de siglo lo constituye la nuclearización del llamado Tercer Mundo. Las explosiones nucleares subterráneas de India y Pakistán no son un simple agregado numérico a las 2.000 hasta ahora realizadas; introducen un factor nuevo que requiere ser escrutado con todo rigor.

Bernard Baruch afirmaba hace medio siglo, y tenía razón, que el monopolio atómico, primero de los norteamericanos y por este lapso del club nuclear , no era un fenómeno pasajero. La verdadera opción no radica entre ese monopolio de un grupo excluyente de países desarrollados y la proliferación horizontal, sino entre una carrera sucesiva (también vertical) de poseedores de armas de destrucción masiva (a la cual pueden ingresar potencias regionales) y un control eficaz, con límites y salvaguardias que se encamine sistemáticamente a su eliminación. Gradual pero implacable.

Hoy parecería haber surgido una nueva realidad geoestratégica en el Asia: Cuál va a ser el efecto de este tipo de arma absoluta en los otros contextos? La trilogía apocalíptica con las armas biológicas y químicas, cómo va a afectar el orden internacional? Probablemente marca el fin de la postguerra fría y no podemos permanecer impasibles ante una especie de universalización destructiva y autodestructiva.

Una de las restricciones para las armas nucleares ha sido su alto costo; otra, la sofisticación tecnológica. Ahora están en juego alianzas que incluyen suministro de materiales fisionables, equipos sensibles de misiles, cooperación de sabios, cobertura política. En el cenit de la confrontación de las superpotencias se pensó que la capacidad de aniquilación recíproca (over killed) imposibilitaba su uso. Y se idearon alarmas tempranas.

Ahora se reabre la perspectiva aterradora no solo del uso entre países pobres, en desarrollo, para resolver sus conflictos, sino la de catástrofes como Chernobyl. Los riesgos de la irresponsabilidad de gobernantes tentados por el ultranacionalismo, de fundamentalistas religiosos. La posibilidad de que lleguen a manos de grupos terroristas.

Hay que volver a movilizar la opinión pública mundial, presionar a los gobiernos, a la ONU. Inspirados en lo que en su momento hicieron Bertrand Russell, Jean Paul Sartre y otros frente a la gran amenaza de los superpoderes, los intelectuales del Primer y Tercer Mundo tienen la obligación ética de no dejar olvidar la tragedia de Hiroshima y Nagasaki. Es necesario volver a escuchar la voz de todas las iglesias, de las fuerzas económicas, sociales y políticas, identificadas en el rechazo a cualquier pretexto para legitimar el empleo de armas de destrucción masiva.

Se requiere concertar posiciones regionales y mundiales para detener lo que podría convertirse en un efecto dominó destructivo para el cual ya hay candidatos: Israel, Corea del Norte, Irán, Irak... sin doble estándar complaciente. Una de las medidas que deben adoptarse sería desvincular el ingreso de potencias regionales al Consejo de Seguridad, de su poder nuclear, dar un paso concreto para que este deje de ser un club nuclear . Conviene revisar la posición de los No Alineados frente a la ampliación del Consejo. Reforzar el papel de la Asamblea General de la ONU, enfatizar (artículo 11) en su papel sobre los principios que rigen el desarme y la regulación de armamentos , armonizándolo eficazmente con el Consejo y la Conferencia de Desarme y los organismos regionales. Insistir en la aplicación de la universalidad y la no discriminación.

Colombia le prestaría un auténtico servicio a la comunidad internacional si promoviera desde los No Alineados negociaciones globales y omnicomprensivas contra las armas de destrucción masiva. En inteligencia con los EE.UU. y las grandes potencias y con base en los principios fundacionales, de la Primera Conferencia (Belgrado 1961) y en El Cairo (1964), que obligan, en primer término, a los propios No Alineados.

Son significativos los conceptos editoriales del Asahi Shimbun, de Tokio, por provenir del único país que ha sufrido la punición atómica y que ha renunciado a poseerla: El tratado de no proliferación no es sino un simulacro de prohibición de ensayos (nucleares) en la medida en que les reconoce a los cinco miembros del Consejo de Seguridad el derecho de poseer el arma nuclear... La credibilidad del tratado de no proliferación hubiera sido sin duda mayor si las naciones nucleares hubieran cumplido con las obligaciones que de él se desprenden... Habría sido la expresión de una opinión pública internacional en lugar de reflejar la lógica de las naciones nucleares...

Hay que combinar control y desarme gradual de armas de destrucción masiva, refuerzo de mecanismos de verificación de tratados, vigencia de acuerdos de seguridad colectiva, solución negociada de controversias aplazadas, buenos oficios, sanciones y recompensas multilaterales, zonas desnuclearizadas. Toda una estrategia acordada, entre todos los grupos, para devolvernos la esperanza en un siglo XXI genuinamente más pacífico que el XX.

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