27.226 MENORES NO PODRÁN PRESTAR SERVICIO

27.226 MENORES NO PODRÁN PRESTAR SERVICIO

SE QUE HAY QUE SERVIRLE A LA PATRIA Sólo he visto las armas de verdad en la televisión y les tengo temor a los guerrilleros. Sólo quiero estudiar en la universidad y no me gustaría prestar el servicio militar. La mayoría en el curso dice que eso es perder el tiempo .

16 de enero 1998 , 12:00 a. m.

No he cumplido los 18 años, pero tengo mucho miedo de presentarme al Ejército porque no sé para dónde me van a mandar. Qué tal que me manden para una zona roja y me coja la guerrilla? Sé que hay que servirle a la patria, pero le podría servir de otra manera. Qué tal que me pase algo? Quién responde por mí? Mi papás llorarían mucho al saber que han perdido a su hijo. Sólo le pido a Dios que no me toque.

Es rico conocer otros sitios, pero qué pasaría si me envían por allá a esas zonas rojas donde hay guerrilla y paramilitares?. Menos mal hay una ley que dice que a nosotros los menores no nos pueden mandar por allá, pero qué va!, eso no lo tienen en cuenta.

Es que uno no tiene experiencia. Uno siempre ha vivido en la ciudad. Qué tal por allá aguantando frío y con una comida regular? En cambio los guerrilleros si conocen la zona y se mueven por ella como quieren. Uno apenas es un bachiller. Eso es muy duro.

Yo sólo quiero ayudarle a mi papá y a mi mamá. Más bien, por qué no se llevan a combatir a la guerrilla a esos viciosos que se la pasan por la calle y que roban y meten droga?. Eso sí sería justo. Uno es apenas un muchacho sano. No vale la pena arriesgar la vida. Muchos tienen hasta los papás enfermos, pero los han seleccionado y tienen que irse para el Ejército ahora el 26 de enero .

Yo he visto en las noticias y en los periódicos ese caso de Las Delicias que sucedió hace rato y que televisaron cuando los guerrilleros entregaron a esos soldados. Ese es el mejor ejemplo de unos pelados inexpertos que sólo están pensando en sus casas y sus familias y en las novias.

Mi mamá se ponía triste cada vez que veía en la televisión a esas otras mamás llorando y muertas de angustia porque no sabían qué le había pasado a sus hijos. Yo no quiero que ese nos ocurra. Fueron más de tres meses de dolor de unas madres que no hacían cosa diferente a llorar. Es que los menores no debemos ir al Ejército. Lo mismo está pasando con eso de Patascoy. Esas señoras sufren mucho. Tengo miedo de ir al cuartel.

Sólo le pido al señor Ministro de Defensa que haga algo por nosotros los menores de edad y no nos manden por allá a esos sitios. Los papás de él se hubieran puesto muy tristes si durante el servicio militar le hubiera pasado algo. Hoy, no sería ministro... .

Testimonio de un menor de edad que pidió reserva de su nombre.

NO QUIERO UNA GUERRA QUE NO ES MIA Sé que como hombre colombiano debo prestar el servicio militar que me impone la ley. Pero también sé que no quiero ir a pelear una guerra que no es mía.

Desde diciembre, cuando les comunicaron a dos compañeros, que a pesar de ser bachilleres, debían ir a prestar servicio militar a Yopal, no he dejado de pensar en guerrilleros y paramilitares.

Temo terminar por allá, en un territorio donde a cada rato se escuchan noticias de matanzas y muertes horrendas. El solo pensar que debo empuñar un arma para quitarle la vida a una persona a la que no conozco y que no sé por qué pelea, me da angustia.

Mi formación académica y familiar me dice que jamás en mi vida debo levantar un arma para atentar contra la integridad física de un ser humano.

Es más, no me hallo caminando en una selva con fusil. Creo que eso sería como estar dando vueltas en un territorio extraño para mí, pero que la guerrilla y los paramilitares lo conocen como la palma de su mano. Esos grupos están preparados para la guerra, pero nosotros los estudiantes estamos para buscar nuevos caminos de civilización.

No quiero ser carne de cañón en esas zonas rojas y no quiero acrecentar la angustia de mi familia, que a diario no hace sino recordar los horrores de esta guerra absurda que deja colombianos muertos, heridos y mutilados.

Y es que eso del servicio militar obligatorio debería ser cambiado por un año de servicio a la sociedad. Deberíamos más bien pensar en alfabetizar y educar a los miles de hombres, mujeres y niños que no han tenido acceso a una escuela.

Para qué seguir en una violencia que, como está demostrado, no nos llevará sino a acrecentar los odios. La violencia y las armas no son el camino para solucionar problemas, son el camino para acabar con lo que queda del país.

Por eso insisto, los problemas de Colombia se solucionan con diálogo, con inversión social y con educación. Soy un convencido de que antes que promover la guerra lo que hay es que erradicar la ignorancia y masificar la cultura.

Por eso, estoy dispuesto a cumplir con el deber constitucional del servicio militar, pero en un sitio que por lo menos me garantice mi derecho fundamental a la vida .

Testimonio de un bachiller mayor de edad que fue llamado a prestar servicio militar en Yopal (Casanare).

ERA EL UNICO BACHILLER EN ESE CERRO El primero de abril de 1993 partí con otros 79 bachilleres bogotanos hacia Yopal (Casanare) a prestar servicio militar obligatorio. Algo muy extraño, si se tiene en cuenta que debíamos prestar el servicio dentro de la capital.

Partimos con la incertidumbre de no saber a qué batallón llegaríamos. Lo único que nos comunicaron fue que inauguraríamos una nueva brigada, la 16, y que compartiríamos el batallón con soldados profesionales y regulares.

Estando en el batallón conocimos a nuestros comandantes, dos oficiales y diez suboficiales, que eran los encargados de enseñarnos a gritos la vida militar.

Por nuestras capacidades fuimos seleccionados los soldados que teníamos conocimiento en sistemas, electrónica, conducción o dominio sobre algún instrumento musical.

Por mi habilidad en sistemas entre a la compañía de comunicaciones, donde mi función en el batallón era la de ser el estafeta o mano derecha del oficial de comunicaciones de turno.

Pero un día me dijeron que debía reemplazar al suboficial que dirigía la estación repetidora de el cerro el Venado, muy parecida a la de Patascoy. Era un cerro que requería de tres horas a pie para llegar a su cima. El helicóptero subía sólo en contadas oportunidades y los carros del batallón solo aparecían dos veces por mes, cuando llevaban las provisiones.

En ese cerro el único bachiller era yo. Los demás compañeros eran soldados regulares que prestaban la seguridad de esa base, divididos en tres escuadras de cinco soldados que se rotaban en turnos de tres horas en la noche y seis en el día.

Para algunos soldados el estar arriba era un castigo, por el hecho de estar tan incomunicados, aunque el trato en el cerro era mejor que en el batallón. Sin embargo, el clima era terrible. De día soportábamos un sol inclemente y en la noche un fuerte viento, que a duras penas acompañaba la soledad de estar lejos de casa.

Esta situación de ser el único bachiller en la base me obligaba a preguntarme con insistencia, en qué momento la guerrilla podía atacar el cerro. Sabía que su primer objetivo sería la repetidora y obviamente los que estábamos ahí. Lo único que me quedaba era pedirle a Dios que eso no llegara a ocurrir. Por suerte, me escuchó.

A eso se sumaba la angustia de saber que la instrucción militar de un bachiller es muy diferente a la de un soldado regular, al que sí preparan para la guerra.

Nelson Doria, soldado bachiller de Bogotá que prestó servicio militar en Yopal.

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