EL CALVARIO DE ARGELINO DURÁN

EL CALVARIO DE ARGELINO DURÁN

Eran las 8 de la noche del 26 de enero de 1991 cuando dos hombres armados se presentaron en la casa de Argelino Durán Quintero. Doctor le dijeron, le solicitamos el favor de que nos acompañe. Necesitamos hablar con usted . Así se inició un calvario que terminó con una de las muertes más execrables propiciadas por la guerrilla.

29 de marzo 1992 , 12:00 a.m.

EL TIEMPO entrevistó a las personas que participaron en su búsqueda y tuvieron una activa participación para lograr lo que nunca se pudo: liberarlo sano y salvo. Así se ha sabido que Durán Quintero no aceptó la droga que un médico le recetó a distancia (sin haberlo examinado), y que fue el jueves 12 de marzo cuando la guerrilla lo hizo caminar durante varios días. Cuando iban marchando, el Doctor Durán les pidió el favor de que pararan un momento porque se sentía mal relató la fuente. Se sentó y, de inmediato, cayó. Eso fue el sábado pasado; era de noche y la situación se complicaba porque la tropa les podía caer .

Doctor Argelino Durán, le solicitamos el favor de que nos acompañe. Necesitamos hablar con usted .

Eran las 8 de la noche del 26 de enero de 1991. Durán Quintero se encontraba ese día en Ocaña (Norte de Santander) visitando algunas obras sociales y conversando con dirigentes políticos.

A esa hora, estaba en la casa de Iván Cabrales, su amigo. De repente, la conversación que sostenían se vio alterada bruscamente. Dos hombres jóvenes, armados, entraron y le dijeron a Durán Quintero que los acompañara.

A partir de ese momento empezó el largo viacrucis, que terminó en el fallecimiento del ex ministro conservador, 48 días después. Los tres hombres se subieron a un campero que estaba estacionado cerca de la casa de Cabrales y tomaron por la carretera que conduce a Convención, a hora y media de Ocaña.

EL TIEMPO entrevistó a las personas que participaron en las labores de rescate y que, durante el secuestro de Argelino Durán, tuvieron una activa participación para lograr lo que nunca se pudo: liberarlo sano y salvo.

No volvimos a saber nada de él dijo el secretario de Gobierno de Norte de Santander, Ciro Caicedo. A los 15 días, los organismos de seguridad nos dijeron que lo tenía el frente Libardo Mora Toro del Ejército Popular de Liberación. Pero de nuevo, se perdió el rastro .

Durán Quintero padecía algunos quebrantos de salud y no estaba acostumbrado a la vida en el monte ni a las largas caminatas a las que fue sometido.

Este periódico logró también contactar a varias fuentes allegadas al EPL, con el propósito de conocer cómo transcurrieron sus últimos días.

Lo que supimos era muy poco porque la mayor dificultad en todo este problema fue lograr comunicación con la comisión que tenía al doctor Durán. Sabemos que siempre se rebeló contra su situación. No aceptaba su secuestro y que lo alejaran de su familia , dijo una de las fuentes consultadas.

A los pocos días de estar en poder de sus captores, empezó a sufrir algunos quebrantos de salud. Lo pusieron a caminar mucho, evitando un enfrentamiento con el Ejército. El les decía a los guerrilleros que, si llegaban los militares no lo dejaran solo porque él no sabía qué hacer. Estaba asustado . Me siento mal Según los relatos, la comisión encargada por el Libardo Mora Toro para cuidarlo llamó a un médico. El doctor nunca llegó porque al sitio donde lo tenían (cerca al corregimiento de Filogringo) solo se puede acceder por vía aérea o caminando durante unos tres o cuatro días.

Sin embargo, los guerrilleros le describieron los síntomas que presentaba Durán Quintero al médico, quien le recetó unas medicinas. El ex ministro se resistió a ingerirlas.

Por esos días, la situación se complicó. Al campamento llegó el rumor de que el Ejército estaba cerca y que el Gobierno estaba presionando con insistencia su liberación.

El jueves 12 de marzo, empacaron. Caminaron durante varios días. En un sitio aún no determinado, cerca a una trocha, Durán Quintero empezó a mostrar síntomas de debilidad.

Cuando iban marchando, el doctor Durán les pidió el favor de que pararan un momento porque se sentía mal relató la fuente. Se sentó y, de inmediato, cayó. Eso fue el sábado pasado; era de noche y la situación se complicaba porque la tropa les podía caer .

Ese día, murió Argelino Durán. Un guerrillero, Tabaquito , sugirió que lo mejor era embalsamar el cadáver y entregárselo a la familia.

Tabaquito procedió. En vista de que no tenían los instrumentos necesarios, le abrieron la zona abdominal y lo rellenaron con hojas de árboles.

Allí mismo lo enterraron. Se supo que a Tabaquito lo mataron porque, según el EPL, era infiltrado. Los guerrilleros entraron en pánico, además porque tenían toda la intención de negociar con el Gobierno hasta el último momento. En un acto de locura, redactaron un comunicado condicionando el respeto a la vida de Durán a cambio de que se realizaran diálogos regionales. Ese fue un acto de verdadera locura y de desesperación .

Pero no calcularon que el rumor de la muerte del ex ministro Durán Quintero se propagara por toda la región, hasta que llegó a oídos de la comisión de paz regional.

Inmediatamente se pusieron en contacto con el obispo de Tibú, Luis Madrid Merlano. El, a su vez, se comunicó con el gobernador de Norte de Santander, Alvaro Salgar Villamizar, y con el secretario de Gobierno. Las llamadas al Palacio de Nariño fueron incesantes ese día. El alto Gobierno ya sabía que Durán estaba muerto. El sábado al mediodía, el obispo Luis Madrid Merlano confirmó la noticia. Un día antes, el Gobierno había suspendido las conversaciones por 24 horas.

De ahí en adelante, fueron cuatro días de intensa búsqueda. Los guerrilleros se negaban a decir dónde estaba el cuerpo por temor a que llegara el Ejército.

Sin embargo, el miércoles, en vista de la presión de la opinión pública, los guerrilleros accedieron a facilitar más las cosas. Esta vez no iría el obispo Madrid, porque se encontraba en Bogotá hablando con la familia Durán, sino el sacerdote Alvaro Salazar, de Cúcuta.

Hacia las 4 de la tarde, después de todo un día de vuelo, se vislumbró una posibilidad. El helicóptero estaba sobre El Tarra y Filogringo, en un punto acordado previamente con el obispo Madrid.

Había permanente comunicación del capitán Juan Manuel Bejarano con el Gobernador, el coronel Montoya y el propio Obispo, quien llamaba con mucha frecuencia.

El capitán Bejarano, por si pasaba algo, llevaba un equipo completo de radio. Además de bolsas y alcohol.

Por fin, llegaron. Cuatro guerrilleros los esperaban. Se indetificaron como Arturo , sub comandante de la comisión; Oswaldo , Ernesto y Penco .

Sin embargo, la espera se prolongó. Los subversivos empezaron a explicar las razones por las cuales secuestraron a Durán Quintero. Todo un discurso político. En eso gastaron 15 minutos.

Debido a que el estado del tiempo empeoraba, el piloto tuvo que suspender el diálogo y pedir que le indicaran el sitio donde se encontraba el cadáver.

Cerca de las 5 de la tarde, un guerrillero dijo que había que caminar unos 15 minutos más. Al llegar, contactaron a un señor de nombre José de Dios Estrada. El piloto le hizo entrega de la pala que le habían dado en Cúcuta. Estrada decía que él no iba a echar pala porque se le dañaba la ropa. No se preocupe que algún día se la recupero , dijo Bejarano ya afanado por la demora.

Comenzó la excavación. Bejarano le comentó al sacerdote que iba por el helicóptero porque, de lo contrario, no alcanzaban a salir. Uno de los guerrilleros se fue detrás de él. El capitán le pidió el favor de que lo dejara solo para movilizar el helicóptero. No fue posible.

Cuando retornó el helicóptero, trataban de meter el cuerpo en unos sacos de hilo. Bejarano le pidió el favor al sacerdote de que le ayudara a conseguir unas latas para hacer más peso.

Mientras él fue, llegaron otros dos labriegos y con ellos se pudo hacer más fuerza. A las 6 de la tarde, el helicóptero de Filogringo despegó. Padre, usted sabe rezar, cierto?, pues rece por nosotros porque la cosa está difícil ; con estas palabras que le dijo el capitán al sacerdote Alvaro Salazar ascendió el helicóptero y culminó este capítulo tan doloroso, no solo para la familia Durán sino también para el país.

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