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ELICENIA OROZCO, MAMÁ DE MAMÁS

ELICENIA OROZCO, MAMÁ DE MAMÁS

La vida de Elicenia Orozco es todo un parto. Lleva 38 años como partera, como lo hizo su madre, su abuela y su tatarabuela en Herveo (Tolima).

Su oficio nació por pura necesidad. Es más, nació antes que los primeros médicos de la historia. Por eso, a veces no entiendo a los médicos cuando le pelean a una. Yo les recuerdo que para que ellos estén acá algún antepasado tuvo que nacer con partera , dice.

A sus 58 años de edad, no le teme a la sangre ni a los llantos ni a los quejidos de sus pacientes. Le da gracias a ese Dios por que ha podido recibir más de un centenar de niños campesinos, cuyas madres prefieren que sean concebidos con su ayuda.

Su primer parto, recuerda, se lo debe a una enfermedad que puso a su madre en cama. Eran las 3 de la mañana y llevaron una señora al hospital. Como no le abrieron, su marido la trajo donde mi mamá , cuenta.

Su madre, bastante débil, le pidió que hiciera el parto bajo su supervisión. Esa madrugada, la niña Elicenia comprendió el oficio con el cual seguiría por el resto de sus días. Ayudar a parir es lo más hermoso del mundo. Es ver la magia de la vida y su misma fragilidad hecha carne , comenta.

Por eso se hizo abuela mucho antes de casarse. Y a la hora de tener sus propios hijos, tres mujeres y dos hombres, no tuvo que pagar clínica porque ella misma los recibió: Los tuve en la casa mientras mi mamá, al lado, nada más les cortaba el cordón umbilical .

Clínica Clavijo Todos los habitantes reconocen su casa como la Clínica Clavijo , pues su esposo también le colabora en los partos. Y lo de clínica tampoco es gratuito. En su hogar cuenta con un cuarto limpio y organizado con tres camas para las mujeres que la buscan. Allí llegan semanalmente entre dos a tres embarazadas. La idea me nació porque al ir a atenderlas en las veredas, no encontraba nada. Es gente tan pobre que no tiene remedios, pañales ni ropita , explica.

Por traer un nuevo miembro a una familia cobra solo 40 mil pesos, pero hay gente que muchas veces le quedan debiendo el bebé. Mientras tanto, en el hospital, un parto puede llegar a costar hasta 150 mil pesos, un precio alto para un campesino.

Cuando llega el momento de la verdad, todo se olvida. Hay más nervios que conocimientos. Uno sabe cuando un niño está listo a salir cuando se hace un tacto en la boca de la matriz explica. Si el bebé no viene, la boca está cerrada. De lo contrario, va abriéndose para darle paso .

Fuera de la guapeza que le exige Elicenia a la madre, le pide llevar también una botella de alcohol, una de mertiolate y unas tijeras para cortar el cordón del niño. Y la ropita? De eso se encarga Elicenia, pues cuando viaja a Bogotá compra ropa para las señoras.

Las primeras contracciones de un parto, que duran casi doce horas, se viven con angustia. Sobre todo cuando la madre es primeriza.

Para calmar los nervios, Elicenia se pone a hablar con las pacientes. No se queje mamita que ahora si vienen los dolores fuertes y ahí sí la necesito bien , les dice. Y si está muy llorona las regaña: mientras más llore más sufre .

Pero el sufrimiento bien vale la pena frente a la recompensa del nacimiento. Una cabecita, una pierna, es la señal de proximidad de una nueva vida. Entre los primeros sonidos del llanto, Elicenia permanece concentrada trabajando con sus dedos índice y anular para procurar hacer más fácil la salida. Unicamente con estos dos dedos y acomodando a la mujer en la cama, es que el niño nace. Nada más. Con los dedos sólo rota la cabeza del niño y el solito se va acomodando para salir.

Al poco tiempo, el bebé está bañado, curado por el ombligo y al lado de su madre. Todo ha concluido. Su salida es sencilla, pero mágica.

La cuarentena Esa es la vida de Elicenia: ser la anfitriona de los niños en este mundo. Cuando nacen muy débiles o sietemesinos, deja de dar la bienvenida y según cuentan sus hijas, se convierte en madre también: procura dormir con el recién nacido para darle calor hasta que su madre se recupere.

De la misma manera que procura nacimientos, entierra los odios de los médicos que la tratan casi de bruja moderna. Seguramente por sus cuidados caseros: agua de brevo, manzanilla y comino, que como el Pitosin, ayuda en la dilatación. O por los masajes de menticol caliente para la barriga y las vaporizaciones con eucalipto.

De todas maneras, las nuevas madres, dice, salen alentadísimas de su casa , después de una cuarentena que, al estilo de Elicenia, ofrece chocolate con canela y almojábanas, caldo y gallina de campo.

Elicenia también se encarga que a sus pacientes no les de la luna ni el sereno. Se pronto se me enloquecen , dice .

No obstante, su oficio morirá con ella. Ninguna de sus hijas, mujeres de una Bogotá moderna, quieren seguir sus pasos.

A ella le da tristeza cuando oye que las mamás ahora preparan sus cesáreas con anticipación. Dios nunca habló de esas cosas, Ave María! , dice.

Cree que cuando una muchachita mete las patas , el mejor regalo de la vida es permitir que nazca el niño. Me ocurrió con una quinceañera. Quería dizque abortar y le dije que no fuera boba. Que Dios le estaba mandando lo más lindo que puede tener la vida, como lo es un hijo. Y lo tuvo, y yo la atendí porque no quiso ir a una clínica. Las dos solitas vimos nacer a esa preciosura , cuenta.

Más que partera, Elicenia se siente la mamá de las mamás y hasta de un nuevo país: Yo recibo esos niños como si fueran una bendición de Dios. Ojalá con ellos Colombia pueda salir adelante. Que lo hagan por sus mamas y por esta mujer que los trajo al mundo .

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