VALENCIA, DE LAS COMUNAS, A DIRIGIR EL SENADO

VALENCIA, DE LAS COMUNAS, A DIRIGIR EL SENADO

Astuto, leal, optimista, trabajador y echado pa lante. Clientelista, oportunista y cacique electoral. Esa es la imagen que irradia, entre amigos y enemigos, el nuevo presidente del Senado, Fabio Valencia Cossio.

21 de julio 1998 , 12:00 a. m.

Valencia es un abogado que nació hace 50 años en Aranjuez, un barrio de la comuna nororiental de Medellín, conocido por los altos índices de pobreza y violencia que se registran allí.

Sin embargo, ese no fue obstáculo para que él surgiera en el mundo de la política. Por eso, muchos de sus amigos, aseguran que Valencia es un hombre hecho a pulso .

El ex senador Luis Guillermo Giraldo dijo: a Fabio nadie le ha regalado nada, nadie le heredó nada, lo que tiene es porque lo ha luchado .

Esa misma capacidad por conseguir las cosas se la reconocen algunos de sus contradictores, como la senadora Piedad Córdoba, quien asegura que Valencia es una persona que sabe luchar por llenar los espacios que otros dejan vacíos.

Sin embargo, considera que el éxito de Valencia se debe indudablemente a su olfato electoral.

El no es un pensador, es un cacique electoral, un político con gran sagacidad y habilidad. Es un digno representante de la política tradicional. El se va por el lado más fácil, por el lado de la clientela , aseguró Córdoba.

Estas afirmaciones las desmiente el mismo Valencia: No soy clientelista, mi única intención es la de servir a los demás, de ser solidario con la gente, de ayudarla .

La anterior visión se la refuerza Juan Camilo Restrepo, ministro de Hacienda designado por el nuevo gobierno, quien asegura: Fabio no es clientelista, es un gran organizador de la política. Es un hombre con visión empresarial del ejercicio de la política, no un cacique .

Según Restrepo, esa visión empresarial fue la que le permitió quebrar al liberalismo y conseguir la presidencia del Senado.

Por su parte, Guillermo Giraldo manifiesta: si a Fabio se le considera clientelista, debe ser un clientelista muy especial, pues siempre ha estado rodeado de gente buena. Ganó la alcaldía de Medellín con Juan Gómez sin estar en el gobierno y ahora tiene una fuerte identidad con Andrés Pastrana .

Pero sus contradictores aseguran que lo único que le ha permitido a Valencia mantenerse con vida en la política ha sido las maquinarias electorales que montó, especialmente en Antioquia en donde controla todo.

Es un hombre que le maneja la mecánica, no lo programático. No es lentejo, pero busca con quién hacer las lentejas , aseguró uno de sus contradictores que no quiso identificarse.

Córdoba, por su parte, dice que Valencia es un hombre tan sagaz que fue capaz de meter en el mismo costal a Ingrid Betancourt y todos sus contradictores sin que dijeran nada. Yo no se si ellos ya se dieron cuenta o es que se están haciendo los bobos para no quedar mal.

Siempre godo Desde sus inicios Valencia siempre ha sido fiel representante de las bases del Partido Conservador. Su primera participación en política, envolviendo votos, fue en 1970 cuando el candidato a la Presidencia de la República era Misael Pastrana Borrero.

Desde entonces ese bicho no se le ha despegado. Ha estado en la Asamblea de Antioquia, en la Cámara de Representantes y en el Senado.

En este último a pesar de que su partido es minoría, ayer le quebró el servicio a los liberales, dirigidos por Horacio Serpa, con la misma técnica con la que ellos jugaron en los últimos cuatro años: armando pactos.

Por eso, Serpa en días pasados aseguró: algunos parlamentarios conservadores, entre ellos Valencia, están propiciando en el Senado toda clase de componendas, de ofrecimientos burocráticos, para estimular el esquirolato y la felonía .

Ayer Serpa no se quiso pronunciarse sobre Valencia. Pidió dejar ese tema para después.

Y es que tal vez de aquí en adelante Valencia dará mucho que hablar, pues el pasado domingo en una reunión que le ofrecieron algunos amigos dijo: los políticos siempre queremos el mejor estadio para servir y la Presidencia de la República es el mejor .

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