QUÉ PASA EN LOS COLEGIO

QUÉ PASA EN LOS COLEGIO

En los últimos tiempos, las noticias que llegan de los colegios son alarmantes: expulsiones masivas, intentos de suicidio con y sin éxito, rituales satánicos, alumnos que asisten armados a clase. Pero lo que resulta más diciente es que estas noticias ya no llegan de las grandes ciudades sino de pequeñas poblaciones en las que uno pensaría que la juventud crece al margen de tales cosas.

30 de agosto 1998 , 12:00 a. m.

Otras noticias nos han contado casos de celebraciones de fin de curso lanzando los pupitres por la ventana. De amenazas a profesores para que no denuncien el tráfico de drogas o para que suban las notas. De alumnas golpeadas por pandillas y colegios que tratan de tapar el escándalo. De alumnos de colegios militares que mueren en prácticas de campo y después nadie dice nada por temor a represalias.

Definitivamente Colombia es un país de extremos, parece imposible para nosotros encontrar el justo medio hasta en las cosas más simples. Las generaciones que empezaron a estudiar en los años 40, 50 y 60 oían frecuentemente aquello de que la letra con sangre entra , y así era; parece que la sangre corrió, mas la letra no entró, porque esas son las generaciones que hoy están llevando las riendas del país, y hay que ver cómo estamos.

Después el péndulo se fue hasta el otro extremo. En los años 70 se puso en boga una concepción bobalicona que malinterpretó los hallazgos de la sicología humanista, que había demostrado que la democracia en las relaciones humanas es la forma más eficiente de ejercer el liderazgo, debido a que estimula al máximo la creatividad de las personas. Pero aquí esos hallazgos se interpretaron ingenuamente, en el sentido de que había que dejar a los muchachos hacer lo que quisieran porque, si no los traumatizaban y fue así como muchos educadores cayeron en la permisividad casi total.

El autoritarismo a ultranza, en el que se hacen las cosas porque así es como se le da la gana al tirano de turno, ha sido el tiempo de relación de poder en el que funcionan la mayoría de las familias, los colegios, las empresas y demás organizaciones que conforman nuestra sociedad.

Los grupos autoritarios tienden a fomentar tres tipos de individuos: los fuertes, los sumisos y los hipócritas. Los fuertes son aquellos que imitan a los tiranos, lo hacen dado que pueden competir con algún éxito por el poder; se vuelven egoístas, abusivos, manipuladores y prejuiciados; son personas que están todo el tiempo tratando de explotar a su favor las debilidades ajenas.

Los menos fuertes toman dos caminos: un grupo se torna pasivo, se aísla, pierde confianza y en el fondo se convence de que no es capaz de valerse por sí mismo, entonces se somete y se conforma con que no lo traten demasiado mal.

El grupo restante finge someterse, pero en el fondo odia la autoridad y cada vez que puede sabotea las cosas porque disfruta creándole problemas a quienes dirigen las actividades. Estos son los que tiran la piedra y esconden la mano.

Pero hay algo peor que el autoritarismo: la anarquía. En los grupos en los que los encargados de organizar el trabajo no cumplen con su deber nadie hace nada; y como los extremos se tocan, los más fuertes terminan imponiendo su voluntad para cometer toda clase de atropellos. Es el retorno a la ley del más fuerte.

Cuando la gente crece en ambientes autoritarios y de un momento a otro le sueltan la rienda, se desboca. Por eso es que el tránsito hacia ambientes menos rígidos debe hacerse lentamente, sin que los dirigidos sientan que ellos son los que mandan y sin hacerse ilusiones de que algún día no habrá diferencias entre dirigidos y directores.

Para recuperar el control de los colegios los profesores tienen que partir de la base de que la juventud siempre necesitará disciplina racional y ejercida con justicia. Ese es el término medio. El colegio tiene que ser un ambiente en el que se respete la individualidad de cada quien, en el que todas las medidas sean justificables, en el que se escuche a todo el que tenga algo que decir, pero también debe ser un lugar en el que las transgresiones a las normas sean castigadas, de manera civilizada claro, no a palo como en un colegio militar en el que falleció el alumno, pero no se puede perder de vista que el poder siempre se ha definido como la capacidad de otorgar recompensas y castigos, no existe otra forma.

Un colegio que no pueda expulsar a los alumnos que cometan faltas muy graves no tiene forma de ejercer control e inevitablemente caerá en la anarquía. En un colegio en el que todos pasan las materias por decreto del gobierno y el profesor pierde la capacidad de control que le otorga la nota, es un milagro que un alumno aprenda algo.

Un país que no es capaz de imponer una disciplina medianamente racional a las futuras generaciones, cómo puede pretender que es un país?

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