SOLIDARIDAD Y DESLEALTAD

SOLIDARIDAD Y DESLEALTAD

Tenemos los colombianos un esquema muy peculiar de relacionarnos frente a los temas de país que afectan a la nación.

30 de agosto 1998 , 12:00 a. m.

La solidaridad se confunde con la complicidad e hipocresía. La crítica y el debate se interpretan como deslealtad. Pretende imperar la regla de una falsa cordialidad, según la cual se despotrica contra el colega en privado o a sus espaldas, pero se le abraza y adula en su presencia.

El país está muy mal, no solo por sus achaques económicos, los altos niveles de corrupción y la violencia. En Colombia hemos aceptado la mediocridad en muchas instancias, argumentando que eso es lo que da la tierra . Es preciso subir los estándares, el nivel de los debates y manejar la autocrítica o la crítica constructiva, que es distinto de cazar peleas áridas cargadas de agresividad, como mecanismo indispensable para salir adelante.

He padecido las dificultades de decir las cosas como son. Algunos me reclaman exceso de beligerancia o de vehemencia. Lo que ocurre es que me siento en el compromiso de estimular, despertar, cuestionar a la sociedad y al país que por muchas razones justificadas han perdido el entusiasmo y la fe.

Son miles los retos que tiene Colombia. En el campo agrícola para empezar, contamos con iniciativas concretas de organizaciones internacionales para financiar y apoyar proyectos de exportación en el campo de la biodiversidad y desarrollo sostenible.

En el marco de la integración hemisférica tenemos valiosas oportunidades a nivel de la comunidad andina para ampliar mercados. Telecomunicaciones, sector financiero e infraestructura son áreas atractivas para la inversión.

Tenemos todavía un país por construir. La pequeña y mediana industria deben reactivarse con estrategias agresivas con la meta de posicionarla en los mercados afines a Colombia como lo han hecho los países de Centroamérica, que a la fecha no tienen mejores preferencias que las nuestras.

Es triste pero la tierra esta disponible, la ubicación geográfica es ideal, las condiciones climáticas inmejorables, hay culturas variadas, mitos, leyendas, y una generosa naturaleza. Lo que falla es el colombiano. estamos llenos de arrogancia, envidia y egoísmo. No hay altura en los debates, ya ni siquiera hay respeto por la lengua. Somos defensivos, respondones y se nos olvida que en este momento, la tierra necesita de un recurso humano más humilde, más capacitado, más trabajador. Pero sobre todo más humilde.

Los que dirigen empresas, ostentan cargos públicos, dirigen gremios, medios de comunicación o se sientan en el Congreso tienen el deber de reconocer su condición de liderazgo.

Hay que ser más sencillos, participar en proyectos para todos los niveles, en especial de las clases populares a quienes debemos enviar mensajes e información de primera mano, cuando se es protagonista de la noticia. Hay que recibir la crítica con altura y grandeza. Dejar de lado la pelea y la confrontación. El país merece que su raza y su gente sea solidaria y leal con su tierra.

* Presidenta de Asofondos.

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