EDUCACIÓN Y ACUERDOS DE PAZ

EDUCACIÓN Y ACUERDOS DE PAZ

La primera y la fundamental es bastante obvia, pero difícil de convertir en acciones específicas. Más bien se va volviendo una colección de lugares comunes cuyo mayor peligro es que oculten la incapacidad de cambio de las instituciones educativas.

20 de julio 1998 , 12:00 a. m.

Me refiero a los desarrollos de la Constitución del 91 y la ley general de educación que apuntan a una democratización de la escuela, a incentivar la participación de la comunidad en su gestión, a desmontar los modelos pedagógicos autoritarios, a eliminar las prácticas de discriminación por motivos económicos, étnicos, físicos, religiosos o sexuales, a promover mecanismos racionales de solución de conflictos, etc.

De todas estas cosas se viene hablando mucho en foros, seminarios, conferencias y publicaciones. Algo se ha avanzado, pero aún ocurren cosas inconcebibles en instituciones públicas y privadas desde el preescolar hasta la universidad. El deseo de convivencia y respeto enunciado en leyes y programas oficiales aún está muy lejos de ser una realidad generalizada. Todavía la escuela es un lugar donde el maltrato infantil es parte de la rutina. Se disfraza con unos manuales de convivencia hechos a prueba de tutelas , exámenes de admisión avalados por profesionales que presumen de científicos y un ampuloso discurso democratero que tiende una cortina de humo frente a las necesidades de la sociedad.

Los miles de niños que deambulan por las calles de las ciudades mendigando, aspirando bóxer y asaltando ciudadanos para sobrevivir tienen que ver con la violencia, con la paz y con la incapacidad del sistema educativo para absorberlos y ofrecerles una opción mejor para su vida. Y desde luego tiene que ver con la incapacidad del Estado para hacerse cargo de sus niños de manera adecuada. Sobre todo esto hay que trabajar a fondo, porque si bien es indispensable realizar diálogos con la guerrilla y las autodefensas para lograr un desarme, no es allí donde residen todos los factores de violencia.

Los miles de muertos anuales que se registran en las ciudades no son víctimas de asaltos guerrilleros sino del conflicto social originado en la pobreza y en la ausencia de un Estado que dé a todos los ciudadanos la oportunidad de educarse y generar nuevas opciones para su vida y la de sus familias. Educar a todos, especialmente a los más pobres, no es un lujo que sólo corresponda a sociedades desarrolladas, sino el primer deber de los gobiernos para afianzar la paz en el largo plazo.

La segunda relación entre educación y paz es coyuntural, pero ineludible. Tiene que ver con el inicio de conversaciones con las Farc y el Eln. Tuve la oportunidad de participar como consultor de educación de las Naciones Unidas en el Programa para refugiados y desplazados en Centroamérica entre 1991 y 1993, y pude ver de cerca la importancia que tuvo en El Salvador el tema educativo.

Por una parte, fue tema central de conversaciones y acuerdos para las zonas ocupadas por el Fmln durante el conflicto: no sólo se discutieron temas de cobertura, sino de calidad y de cumplimiento de funciones de los maestros oficiales en esas zonas que por largo tiempo consideraron que la educación de los niños constituía el éxito mismo de la lucha revolucionaria. Allí tuvieron que ceder todos: el gobierno, la guerrilla y el sindicato de maestros. La ministra Gallardo de Cano y su equipo, que llevan ocho años dirigiendo la educación, han logrado un éxito que vale la pena estudiar con cuidado.

Por otra parte, la eventual desmovilización implicará procesos de reeducación para niños y jóvenes que han estado viviendo como combatientes en muchas zonas; reeducación de fuerzas de policía y ejército para que actúen en las zonas de conflicto de acuerdo con nuevas reglas del juego; reeducación de los medios de comunicación para que en vez de seguir echando leña al fuego informen con objetividad y hagan las denuncias necesarias en un nuevo contexto de convivencia.

El papel de entidades como el Sena se vuelve crucial en relación con programas de entrenamiento laboral. También es indispensable tomar medidas inmediatas sobre la educación de poblaciones desplazadas o reubicadas.

Es claro que no es lo mismo vivir en guerra que vivir en paz. Miles de seres humanos en Colombia han sido educados para la guerra desde que nacieron. No será importante ir viendo cómo ayudarles a educarse para los rigores de una paz que no viene en el mismo tren de la abundancia? feseduc

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.