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VENÉREAS: SE ROMPERÁ LA CADENA

VENÉREAS: SE ROMPERÁ LA CADENA

El Sida desplazó las demás enfermedades de transmisión sexual de las preocupaciones cotidianas. Y, hasta cierto punto, la gente las ha olvidado o, por lo menos, relegado a un plano muy lejano.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
24 de agosto 1998 , 12:00 a. m.

Sin embargo, estas siguen allí. Algunos especialistas creen que la incidencia de algunas de estas ha descendido y dan, como posible explicación, el hecho de que el Sida obligó a hombres y mujeres a usar métodos de protección para un sexo más seguro.

Pero, aún si pueden haber descendido algunas cifras, las enfermedades venéreas siguen ocupando un buen porcentaje de los motivos de consulta de urólogos y ginecólogos. Entre las de mayor incidencia en la población colombiana, se encuentra el Papiloma Virus Humano, uno de cuyos grupos es la causa más conocida de lesiones malignas en el cuello uterino o cáncer de cervix. Este ocupa aún el primer lugar entre los cánceres que se registran entre las mujeres colombianas.

Las enfermedades de transmisión sexual (ETS), también conocidas como venéreas son bien numerosas. Aunque cada una suele tener sus propias características -síntomas y desarrollo- no siempre es fácil distinguirlas unas de otras. Además, es bastante común encontrar a una persona infectada por más de una de ellas.

Y hay más: no son pocos los casos que transcurren sin presentar síntomas y que, al pasar inadvertidos, ocasionan una mayor propagación de la enfermedad.

La clamidia Contrariamente a lo que sucede en Estados Unidos, en donde se calcula que 4 millones de personas son infectadas cada año, la clamidia no es la más frecuente en Colombia. Sin embargo, se le mira con cierto temor porque, de todas las ETS, es la más difícil de detectar, la más resistente y la más larga de erradicar.

Y esto se debe, precisamente, a que se manifiesta en forma poco definida.

La incubación del virus demora entre 8 y 10 días después de la relación sexual y, por supuesto, durante ese lapso de tiempo, no se presentan síntomas. Luego, vienen las primeras manifestaciones: en los hombres puede presentarse (ocasionalmente) dolor al eyacular, y en las mujeres ardor durante las relaciones sexuales.

Los síntomas son más evidentes en la mujer: consisten en una secreción mal oliente (olor a pescado), a veces con prurito en la vagina y ardor al orinar. En los hombres también puede presentarse una secreción uretral de color lechoso. En ambos -siempre ocasionalmente- puede haber dolor difuso en el bajo vientre o zona vesical.

Lo grave de la clamidia es que los síntomas no suelen despertar sospecha y, para ensombrecer el panorama, desaparecen a los pocos días. La persona sigue con el virus, no se da cuenta de ello, y lo va diseminando en cada una de sus relaciones.

El proceso en el organismo tampoco se detiene a pesar de que desaparecen las manifestaciones externas. En el hombre puede llegar a producir infección uretral o en la próstata y hasta llevarlo a esterilidad. En la mujer, llega a desencadenar una enfermedad pélvica inflamatoria que, de no ser tratada a tiempo, degenera en una fibrosis de las trompas.

Cuando se sospecha El urólogo Manuel Rueda Salazar dice que, tanto para la clamidia como para cualquiera de las enfermedades venéreas, el consejo más oportuno es el de no dejar pasar el tiempo sin consultar. Cualquier manifestación, síntomas difusos, irritaciones, ardor, todo debe ser consultado. Responder al tratamiento y erradicar el virus es siempre más fácil cuando éste se encuentra en sus primeras etapas y no cuando ha comenzado ya a causar estragos.

Como es también obvio, y tal como lo indica el nombre dado a este grupo de enfermedades, éstas son transmitidas mediante la relación sexual. Aunque se sospecha que algunas de ellas (entre las cuales la tricomoniasis) podrían difundirse en baños públicos y en ausencia de medidas apropiadas de higiene, la mayoría requieren de un contacto íntimo entre las personas.

Y aquí queda claro que existen grupos de personas con mayor riesgo. Entre ellas, quienes tienen relaciones sexuales indiscriminadas, que no tienen una pareja permanente, y que, en caso de encontrarse con personas poco conocidas, no utilizan los métodos de protección.

Respecto a este último punto, los especialistas consideran que en Colombia, a pesar de que aún existe una gran despreocupación o falta de responsabilidad, el uso de los preservativos se ha incrementado. Y una observación adicional: se ha extendido también, y quizá con mayor incidencia, entre los adolescentes. Existe hoy entre los jóvenes una cultura del condón que no existía hace una o dos décadas .

Esto es atribuido a las campañas realizadas a nivel mundial para la prevención del Sida. En Colombia, algo se ha logrado, pero falta aún demasiado terreno por recorrer hasta lograr una verdadera toma de conciencia sobre el tema.

Qué se necesita? Romper una cadena de transmisión no es nada fácil. Y pretender que una enfermedad de transmisión sexual quede erradicada es ilusorio.

Sin embargo, los especialistas insisten en la necesidad de que cada persona colabore para evitar una mayor difusión.

Los consejos que proporcionan incluyen: Consultar tan pronto aparezcan síntomas de sospecha.

La pareja o las dos personas que tuvieron la relación deben hacerse examinar.

Evitar la promiscuidad. Una sola relación fuera de la pareja permanente es suficiente para quedar con una infección.

Usar los medios disponibles de protección.

Presentarse en forma periódica adonde el especialista.

El control para las mujeres deben hacerse por lo menos una vez al año con el ginecólogo.

Para los hombres, la consulta con el urólogo debe ser imprescindible si se tiene una vida sexual activa y, sobre todo, con varias parejas.

Seguir el tratamiento completo. Algunos casos pueden curarse con una sola toma. Otros requieren de medicamentos durante largos períodos.

Interrumpirlos no hace más que fortalecer el virus.

Para quienes tienen hijos adolescentes, dialogar con ellos e ilustrarlos sobre los riesgos, síntomas y medidas de precaución.

Para las parejas, mantener un diálogo franco. Callar es poner al otro en el riesgo de también enfermar.

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