MARINOS COLOMBIANOS, A LA DERIVA

MARINOS COLOMBIANOS, A LA DERIVA

A Juan Guillermo Arévalo poco le importa que algunos lo vean como un soñador y que incluso se atrevan a llamarlo capitán sin barco .

20 de julio 1998 , 12:00 a. m.

Hay quienes piensan que se equivocó cuando decidió dedicar su vida al mar y otros creen que va en contra de la corriente cuando insiste en buscar un oficio que lo mantenga cerca al misterio de sus aguas inquietas.

Arévalo asegura que el mar se lo robó desde muy joven y por eso está dispuesto a continuar con su lucha solitaria y a llegar hasta el final con una pelea jurídica que emprendió hace ocho meses para conseguir trabajo en un barco de bandera nacional.

Su interés es convertirse en el primer colombiano capitán de pesca de altura de atún y conseguir que se cumplan las leyes del país en las que se establece que el Capitán, los Oficiales y por lo menos el 80 por ciento de la tripulación deben ser colombianos.

Después de soportar varios meses desempleado y tras agotar sus propios recursos, este oficial de pesca de altura graduado en el Centro Náutico Pesquero del Caribe, interpuso ante el Tribunal Contencioso Administrativo de Cundinamarca una acción de cumplimiento en la que le pedía a la Dirección General Marítima (Dimar) hacer cumplir las leyes.

La odisea de Arévalo comenzó en septiembre del año pasado, cuando intentó hablar en forma personal con Diego Canelos, gerente de Atunes de Colombia, una empresa que tiene seis de los siete barcos dedicados a la pesca de atún en el país.

Como no lo logró, habló con representantes de la Dirección General Marítima (Dimar), del Instituto Nacional de Pesca y Acuicultura (Inpa) y con personal de la Cámara de Pesca de la Andi y sólo después de varios meses de insistir logró embarcarse.

Tanto insistía que en ese momento me dijeron, listo hermano. Yo creo que ellos dijeron embarquemos a este o si no, nos va a volver locos , afirma Arévalo.

Después de varios aplazamientos la promesa que le hicieron en diciembre, apenas se cristalizó el 19 de febrero, fecha en la que se embarcó en la Motonave Enterprise en el muelle de Atuncol en Cartagena.

Según Arévalo la función que desarrollaría en el barco era la de capitán de navegación en entrenamiento. Realizaría una labor básicamente de observación, con una duración de tres meses y con un sueldo total de 500 dólares.

Yo iba como capitán de navegación en entrenamiento, eso era muy claro. El barco tenía tripulación completa, todo el personal completo, entonces yo era como un observador de las maniobras que hacían. Mi único interés es aprender .

Pero a Arévalo la dicha le duró muy poco, pues luego de iniciar la faena protestó porque, según él, dentro del barco le asignaron oficios que no correspondían a la labor que verbalmente acordaron en una reunión con los representantes de las diferentes entidades y después de quince días fue desembarcado en la ciudad de Manta en Ecuador.

Desde que yo llegué empezaron a darme rejo, el capitán de pesca era un español, un vasco, me puso a trabajar en la cubierta de marinero. Me ponían a estregar pisos, a jalar cabos y de noche me tocaba prestar las guardias de navegación en el puente .

Así se frustró nuevamente su sueño de iniciar el aprendizaje para convertirse en el primer capitán colombiano de un barco pesquero de atún.

A partir de ese momento Arévalo recurrió a las leyes colombianas y comenzó lo que para él ha sido una de las faenas más duras de su vida. Los vientos han soplado en su contra pues en el fallo en primera instancia el Tribunal de Cundinamarca consideró que no existe violación ya que la ley exceptúa la contratación de nacionales en casos donde se requiera especialización.

Sin embargo Arévalo apeló ante el Consejo de Estado al que le corresponderá decir si la razón es del mariano o de la Dimar.

Arévalo se equivocó El capitán de navío Ricardo Alvarado, ex secretario general de Dimar, considera que a pesar de que las leyes colombianas son difíciles de cumplir pues en el país no existen suficientes centros de capacitación especializada en la pesca, Arévalo desaprovechó la oportunidad que se le dio.

No funcionó porque en los buques hay que ser muy disciplinado y el capitán es el que manda .

Para Alvarado el gran error del marino fue la falta de humildad para aprender pues el oficio de pescador de atún requiere muchos años de práctica que él no tenía.

A él no le gustó que lo pusieran a hacer aseo y otras cosas, pero si uno quiere ser capitán de pesca debe saber todas las maniobras , dice.

RECUADRO El capitán manda Según el gerente de Atunes de Colombia, Diego Canelos Velasco, la intención de su empresa no es discriminar a los pescadores colombianos sino que en el país no existen expertos en este tipo de oficio.

A Arévalo quisimos ayudarlo porque no tenía empleo, pero le advertimos que su grado no valía en esta empresa, que no era oficial dentro del barco y que quedaba a órdenes del capitán del Enterprise. Y eso no lo entendió , dijo Canelos.

Es más, en un barco atunero todos los 20 tripulantes realizan labores propias de marinos, desde fregar pisos y recoger la red. No hay jerarquía diferente al del capitán del barco .

Para el gerente de la compañía, el capitán Arévalo quiso convertirse en capitán de barco atunero de un día para otro, sin hacer el curso. Para ser capitán de un barco de pesca de atunes se necesitan 10 años de experiencia , aseguró. Canelos dijo que en sus seis embarcaciones hay una veintena de pescadores colombianos.

Faltan expertos La instauración del recurso legal dejó al descubierto los inconvenientes que tiene la aplicación de las leyes pesqueras en nuestro medio. Además puso a pensar a las autoridades colombianas sobre la falta de capacitación para formar personal especializado en el oficio.

Los representantes de entidades como la Dimar, el Inpa, el Ministerio de Agricultura, la Cámara de Pesca de la Andi y el propio director de Atunes de Colombia, están de acuerdo en que la pesca de atún aún es muy incipiente en el país.

Aseguran que es una práctica de apenas cinco años y que requiere de un personal muy especializado.

Sin embargo, proponen que antes de reformar la capacitación es necesario hacer estudios para establecer si la industria pesquera de atún tiene futuro en nuestro medio y si es más importante capacitar colombianos para vincularlos laboralmente a este oficio, o seguir empleando nacionales en otras labores relacionadas con la producción de atún, pero en tierra.

Las leyes dicen cosas que no se pueden cumplir porque en primer lugar el Estado colombiano no tiene bien organizados los centros de formación y capacitación , dice el capitán de navío Ricardo Alvarado, ex secretario general de Dimar.

Según Alvarado en casos como el de Arévalo es más difícil hacer cumplir las leyes pues las embarcaciones son buques de más de mil toneladas cuyo avituallamiento está valorado en unos 800 mil dólares y que necesita de gente capacitada.

El Centro Náutico Pesquero de Cartagena, forma marinos rasos que no reciben capacitación tan especializada , asegura.

Según Iván Darío Escobar, profesional especializado de la Dirección General Pesquera y Acuícola del Ministerio de Agricultura, el problema del país no es solo la falta de personal capacitado para pescar atún, sino que esa industria es incipiente en el medio.

Según el funcionario el Minagricultura creó un grupo de trabajo para actualizar la ley 13 de 1990 o Estatuto Nacional de Pesca, el cual está trabajando temas como el abanderamiento, la tripulación de embarcaciones y la situación de los puertos.

Entre tanto, Armando Hernández, director ejecutivo de la cámara de Pesca de la Andi, considera que la mayor capacidad de generación de empleo de los pesqueros es en tierra. Mientras un barco tiene en promedio 20 personas a bordo, una planta de producción y procesamiento puede tener entre 450 a cien mil personas.

Según Hernández la And le hizo una solicitud al Ministerio de Agricultura para estudiar la competitividad de la pesca de atún.

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