PROBLEMAS DE FAMILIAS COJAS

PROBLEMAS DE FAMILIAS COJAS

Una de las fantasías más generalizadas y erradas hoy en día es la de que la separación es la solución a todos los problemas matrimoniales. El vive tranquilo en su casa, yo en la mía, los niños pasan temporadas con cada uno y todos somos felices .

19 de julio 1998 , 12:00 a. m.

Pero lo que en realidad suele ocurrir es todo lo contrario. Al acabar con el matrimonio por lo general se agravan los problemas ya existentes y surgen otros nuevos.

Si los conflictos eran por plata, después de separados serán peores pues hay que sostener dos casas y los gastos se duplican. Si los problemas eran por incompatibilidad de caracteres , más incompatibles serán cuando se vean mutuamente como el enemigo que le puede quitar todo lo que tiene.

Si los problemas eran por falta de comunicación, una vez separados las conversaciones se reducirán a alegatos e insultos disputándose quién tiene derecho a qué. Si los problemas eran a raíz de los hijos, las dificultades se agudizan porque los padres divididos son más fáciles de vencer que los padres unidos.

La separación no es esa panacea que a menudo se cree, salvo en algunos casos en que el matrimonio es intolerante porque alguna de las partes tiene problemas graves que afectan el eje fundamental de la relación marital (abuso de drogas o alcohol, principios morales incompatibles, etc.), o se ha llegado a extremos de abuso emocional o físico tales que la convivencia es nociva para toda la familia.

Lo más parecido a una familia encabezada por un padre o madre separado es la situación de una persona que ha perdido una pierna: los esfuerzos para transitar lo que otros recorren con facilidad son mucho mayores. Los trechos difíciles, como la adolescencia, de los hijos o cualquier problema que enfrente uno de ellos, serán más peligrosos de cruzar y habrá mayores riesgos de tropezar y caer.

Además, los padres que están solos en un hogar tienen el doble de responsabilidades, el doble de cargas y viven mucho más agobiados que aquellos que sí cuentan con el respaldo y la presencia cotidiana de su cónyuge.

Así mismo, los niños de estos hogares, al igual que los brazos de una persona que tiene que caminar permanentemente con muletas, ya no están libres para dedicarse a crecer y explorar el mundo porque tendrán que apoyar a su familia en tareas y conflictos que no les corresponden a quienes viven con sus dos padres.

Y si se cree que la separación es una opción para establecer una nueva relación matrimonial más satisfactoria y enriquecedora, vale la pena recordar que adaptarse a una prótesis es un proceso largo y doloroso que demanda muchos ajustes y esfuerzos. Armar una familia producto de una segunda unión es un proceso mucho más complejo y exigente. Por buena que sea la prótesis siempre será algo añadido y por eso mismo tendrá ciertas desventajas.

Vale la pena preguntarnos quién escogería vivir sin una pierna si pudiera vivir con las dos? Esto no significa que la mejor opción sea continuar de por vida en una relación matrimonial desdichada.

La alternativa es decidirse a cambiar de vida, no simplemente a cambiar de cónyuge. Si en lugar de centrarnos en lo negativo y desventajoso que tiene la relación o la pareja, nos concentramos en lo positivo y comenzamos a construir sobre sus virtudes, habrá buenas posibilidades de lograr un matrimonio armónico. Se necesitan más esfuerzos para acabar un matrimonio que para arreglarlo.

El compromiso que adquirimos con los hijos desde el momento en que somos padres es de tal magnitud que de ahí en adelante nuestra felicidad depende de la felicidad y prosperidad de ellos. Recordemos que lo más importante para ellos es vivir al lado de las personas que más aman y necesitan en su vida como son su papá y su mamá. De tal manera que así como ninguna persona escogería tener una sola pierna cuando pudiera tener las dos, ningún padre debería pensar en separarse mientras no haya hecho todo lo posible por tener y ofrecer a los hijos el matrimonio unido y armónico que ellos precisan.

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