REMEMBRANZAS DE LA PUERTA DEL CIELO...

REMEMBRANZAS DE LA PUERTA DEL CIELO...

Un encuentro en Mainz que finalmente no fue allí. Claves secretas que nadie entendió. Un escritor que no le perdió pista a ninguna de las discusiones a la vez que describía en su cuaderno y con su lenguaje ácido a cada uno de los asistentes. Un tango a dos voces con Jaime Caicedo, presidente del Partido Comunista, en la guitarra y Carlos Gaviria, magistrado de la Corte Constitucional.

19 de julio 1998 , 12:00 a. m.

Estas son apenas algunas de las anécdotas de dos días y medio llenos de tensión, de humor -en algunas ocasiones bastante negro- y de fuertes discusiones con un final feliz: el inicio del proceso de paz con el Ejército de Liberación Nacional (Eln) y la firma del primer acuerdo humanitario en 40 años de guerra.

Antes de la llegada al monasterio de Himmpelforten en Wuerzbrg el incidente de la entrada de Daniel García-Peña ocupó a los periodistas. Y a casi todos los que estábamos en la reunión. Que sí entraba. Que no entraba. Que el Eln lo dejaba entrar. Luego que no. Si uno invita a sus amigos a una fiesta y deja a alguien por fuera, no espera que éste venga a golpear a la puerta de la casa , dijo un alto dirigente de Eln al confirmar que no querían que estuviera allí.

Domingo, dos de la tarde. Nos íbamos para un convento en Mainz. No, que ya no pues era en otro lugar a dos horas. Consideraciones de seguridad por parte del Eln , dijeron los curas alemanes. Para controlar a la prensa , respondieron los periodistas. El hecho es que tocó hacer maletas y en el lobby del Hilton esperar a que nos recogieran.

Pero nadie llegó. Era tal el sigilo que desconocíamos donde era la cita. Tres horas nos demoramos en llegar todos al lugar de reunión, un convento al lado de la catedral de Mainz y a tres cuadras del hotel. Supuestamente la dirección estaba al respaldo de la escarapela que nos entregaron a la llegada. Desorden total, no propio de esa precisión característica del pueblo teutón.

Es más, todo era tan secreto, que a quienes llegaron en los últimos vuelos los esperaron a la salida de inmigración del aeropuerto de Francfort con un letrero en clave. Solo había un problema: a alguien se le olvidó decírsela a Juan Manuel Santos y a María Isabel Rueda, que pasaron de largo.

El celo teutón Nos empacaron en cinco busetas en medio de un gran sigilo. No teníamos idea para dónde íbamos. Adelante, atrás y entre las busetas iban unos elegantes BMW con agentes de seguridad del Estado alemán. Policías de cada ciudad cerraban el paso en las calles. La verdad, un poco exagerados resultaron nuestros anfitriones.

Emprendimos viaje hacia el sur por la vía que lleva a Munich. Dos horas después llegamos a este convento del siglo 12 en Wuerzbrg. Unos periodistas alquilaron un carro para seguirnos. Luego nos enteramos que dos carros del servicio secreto les cerraron el paso en una de las desviaciones. Perdieron la platica del alquiler.

Allí nos esperaban los guerrilleros. León Valencia, reinsertado del Eln, estaba nervioso de reencontrarse con sus compañeros siete años después. Hombre, que gusto verlo de nuevo , le dijo Pablo Beltrán al abrazarlo. Se había roto el hielo.

Nos asignaron a cada uno un cuarto, pequeño, sin baño. Supe después que algunos utilizaron el lavamos para hacer pipí en la mitad de la noche. Típica colombianada. Y con unas toallitas para secarse... Al final, se hacía obligatoria la llevada de la ropa a la ducha. Lo que dio para encuentros simpáticos, como el de José Noé Ríos en calzoncillos con María Isabel Rueda. Nada que hacer, cosas de la paz que tiene sus costos.

Ese domingo en la noche vimos la final del mundial en el bar del convento. No había whisky, puro vinito -y muy bueno- de la región. El ambiente era tranquilo. Chiste va, chiste viene. Que dicha tener a mis clientes aquí cerquita , dijo Milton Hernández del Eln al verse rodeado de Luis Carlos Villegas, presidente de la Andi; Eugenio Marulanda, de Colfecar, y Jorge Visbal, de Fedegán.

Apareció el whisky y la polla . Diez marcos por cabeza. Brasil, gran favorito. A María Isabel Rueda le duró la dicha 20 minutos. Su 1-0 a favor de Francia rápidamente se desvaneció. Luego, Carlos Gaviria pidió con total desapego el de la honrilla de Brasil. Tenía 2-1 por Francia. La típica independencia de la Corte Constitucional , gritó alguien desde atrás. Cesar Carrillo, fanático del fútbol, se levantó a servirse un trago. Nos pusimos de acuerdo y todos gritamos goooool! . Corrió como quien ve a un fiscal sin rostro.

...Y se matan? Nunca se había bebido tanto trago en ese convento. Caicedo sacó la guitarra y cantó música colombiana con Villegas. León se emborrachó de felicidad. Quizás pudo presagiar lo que venía. Hasta los alemanes estaban preparados. Del equipo de sonido en un momento salió un típico pasillo colombiano.

Empezamos a conocernos. No solo con los guerrilleros sino entre nosotros mismos. Beltrán es serio. Mesurado y preciso en sus palabras. Milton, un mamagallista puro, a todo le saca cuento. Era tan relajado el ambiente, lleno de sonoras carcajadas, que uno de los curas alemanes dijo: Viéndolos aquí reunidos no entiendo porque se están matando allá en Colombia .

El lunes todo transcurrió en calma. Hasta que llegó el bombazo de Pablo Beltrán. No nos desarmamos, no nos reinsertamos y queremos poder territorial . Una posición de negociación franca. Lo sorprendió la reacción de muchos. Que poquito nos conocen , me dijo después. Y que poquito nos conocen ustedes a nosotros , le respondí.

De nuevo el humor negro. Se imaginan una CUT binacional? , dijo Marulanda. De donde vamos a sacar un clon de Lucho Garzón? .

Me pido irme a vivir a la república independiente de Barranca. Se imaginan a H.H. (Hernando Hernández, presidente de la USO) de Presidente y a Cesar Carrillo de ministro de Hacienda? Esa no me la quiero perder , agregué.

Clientes de Milton Luego, al almuerzo, Milton, alentado por Jaime Alberto Cabal, presidente de Acopi, molestaba a Marulanda con el problema de las tractomulas. Ala, Milton , preguntó Marulanda en su acento cachaco y señalando a Cabal, y ustedes no han pensado en diversificarse? .

Esa noche, cual pilatuna de niño, Sabas Pretelt, el presidente de Fenalco, logró convencer al padre Stelle que los dejara salir. Pero luego se confiesan conmigo , les dijo al entregarles las llaves. Salieron, además, el Procurador Jaime Bernal Cuéllar; el secretario del Consejo Nacional de Paz, Hernando Angarita; el asesor de ese organismo Mario Gómez, el senador Samuel Moreno Rojas, Juan Manuel Santos, Marulanda y Visbal.

Santos se devolvió pues tenía una gripa terrible. Pero el resto siguió, como el caballo blanco, en su aventura. Unas cuadras más adelante se encontraron con un parque de diversiones y allá fueron a dar.

El Procurador se montó en la montaña rusa. Sabas y Marulanda se quedaron esperándolo. Pero cuando lo vieron pasar, despelucado y con cara de quien vio un fantasma, les tocó sentarse para no caerse de la risa. Montaron en carros chocones y en tiro al blanco el experto resultó Visbal. 11 de 11 dianas. En quién estaría pensando? , comentó uno de los asistentes.

Al día siguiente, martes, en medio de la negociación del acuerdo humanitario donde la tensión duró por lo menos ocho horas una vez se avanzó en el tema del secuestro y se distensionó el ambiente, afloró el humor del Procurador.

Al acordar a quiénes no se secuestraría de manera inmediata, el Defensor del Pueblo, José Fernando Castro, pidió incluir a los discapacitados. Se imaginan cómo caminarían los habitantes de Tibú , dijo al mismo tiempo que se levantó y comenzó a simular una cojera. Y en el tema del petróleo, cuando se planteó cesar la voladura del oleoducto mientras sesiona un foro especializado, pidió cambiar sesiona por dura . Para sustentarlo explicó: Pueden volar el tubo durante el almuerzo .

Ya al final de la reunión, cuando se estaban aprobando en plenaria todos los puntos, en medio de la alegría por lo obtenido, Eduardo Umaña, padre del asesinado defensor de los Derechos Humanos, afirmó con su voz de trueno: Aquí se está germinando la desestabilización del Estado colombiano . Parece ser el único sensato de esta reunión , apuntó otro de los asistentes.

Regreso a Mainz. Las mismas busetas y agentes de seguridad. En Colombia, poco a poco se conoció el texto del acuerdo. Villegas llamó exultante a su esposa. Esta, furiosa, le dijo: Dígales a sus amigos que les agradezco muchísimo, pues no clasifico en ninguna de las categorías para que no me secuestren .

Llegada al Hilton. Los periodistas aún seguían en la rueda de prensa. Un visitante tomó las fotos del grupo con la cámara desechable de Villegas, mientras Alfredo Molano hizo lo propio. Los recuerdos y la esperanza hacen hoy causa común.

...y León se emborrachó de felicidad. quizá presagió lo que venía .

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