ROJO PERCUDIDO

Cuando proclamen a Horacio Serpa como candidato de los convencionistas se escuchará una salva emocionada de aplausos, una ovación para Samper con el propósito de agradecer su brillante tarea de gobierno y, quizás, Martha Catalina Daniels derrame una lagrimilla de emoción al comprobar que en este país, gracias a personas como ella, todavía pueden triunfar la lealtad y la ley.

19 de enero 1998 , 12:00 a. m.

Por su parte, el Tribunal Etico certificará que dentro de la sacrosanta convención no se sabe nada de serruchos, ni de miti-mitis y que, más allá de elefantes, monitas retrecheras y dineros del narcotráfico, todos los convencionistas son unos apóstoles y próceres.

Así, a la hora del Himno Liberal, hasta los diputados, concejales y ediles cantarán a pleno pulmón eso de que somos el partido del pueblo irredento y muchos sacarán a relucir sus solapas con claveles rojos, sus corbatas rojas o sus medias rojas.

A todas estas supongo un grupo de delegados se pondrá en la tarea de recoger firmas de solidaridad y amistad, para todos los presos del 8.000, compañeros del alma, víctimas de la justicia espectáculo .

Lo de fondo, sin embargo, serán los discursos pronunciados por los padres de la Patria y una proclama en vibratto sostenido en Do mayor a cargo de Horacio Serpa. Qué viva el gran Partido Liberal! Que las maquinarias clientelistas, aquí y en Cafarnaum, dominen las convenciones de los partidos para escoger candidatos no es ninguna novedad. De hecho, casi sin excepción, siempre ha sido así. Las convenciones, por naturaleza, son proclives a las encerronas y las componendas. Por su naturaleza restringida y restrictiva, son manipulables y manipuladas, amangualables y amangualadas.

A la convención van los políticos liberales. Van buenos, regulares y malos. Pero no va el pueblo liberal. Por eso resulta extraño que un dirigente que tiene tanto arraigo popular como Horacio Serpa haya preferido derivar su candidatura de un escenario cerrado de escasa legitimidad que lo obligará a convivir con los más caracterizados exponentes de la corrupción liberal. Sus razones tendrá.

En todo caso, y más allá de las consideraciones particulares sobre Horacio Serpa, lo que resulta más grave es que, a punta de esguinces a los estatutos micos que van, conejos que vienen el Partido Liberal haya decidido pisotear la tumba de Luis Carlos Galán, zapateando sobre ella un joropo de oportunismos y vanidades.

La historia se debe recordar. La consulta que incorporó el Partido en sus estatutos, aprobada por mayorías abrumadoras y avalada por Luis Carlos Galán y Julio Cesar Turbay, no se contempló como mecanismo voluntario ni potestativo. No. De manera contundente se pactó como mecanismo único, principal e insustituible. Ese espíritu se ha debido rescatar.

Pero no. Va un réquiem para otro avance democrático que ha quedado tendido en el camino por la fuerza de una aplanadora ciega e inmisericorde que se lleva por delante todo cuanto pueda poner en riesgo sus ánimos desaforados de poder político y de lucro económico. Réquiem para la consulta y para el esfuerzo de Galán.

Rodrigo Lara Bonilla en su última campaña dijo que si era necesario que el Partido Liberal fuera derrotado para depurarse y para poder recuperar sus principios y sus nobles compromisos con el pueblo, así debería suceder.

Por cuenta de la defensa ciega de una bandera roja que mancharon de narcotráfico, corrupción e infamia en la campaña samperista, no se puede seguir conduciendo al país al precipicio.

El Partido Liberal podría merecer la oportunidad de seguir gobernando a Colombia si fuera capaz de limpiarse, de volverse a sintonizar con el país y de anteponer los intereses generales de los colombianos frente a los afanes políticos de sus caciques que priman hoy.

Nota final y posdata Me sumo a la campaña que se viene adelantando sobre el voto transparente para renovar el Congreso, y pregunto: ya se aseguró usted de que sus candidatos al Congreso no hayan recibido dineros del narcotráfico? P.D. No todo son malas noticias. Sabe cuántos días faltan para que acabe el gobierno Samper? Sólo 200! ... o serán muchos, todavía?

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