LAS CARAS OCULTAS DE LA RUMBA BOGOTANA

LAS CARAS OCULTAS DE LA RUMBA BOGOTANA

Una mano anónima pintó alguna vez en un muro de Bogotá una invitación y sentencia al mismo tiempo: a rumbiar que el mundo se va a acabar .

19 de enero 1998 , 12:00 a. m.

La sugerencia sobraba, pues en Bogotá se rumbea de norte a sur y de oriente a occidente sin necesidad de amenazas.

Y también podría decirse que la gente goza de arriba a abajo y viceversa, porque lo hacen los del Chicó y Rosales alto en el estrato seis y los de Meissen, Guacamayas o Lucero alto, en el uno.

Estas rumbas están conectadas entre sí de algún modo. Sólo que para el rumbero esta es simplemente gozo, vértigo, desahogo y exorcismo de las penas y se zambulle en ella sin pensar en conceptos.

La misma rumba bajo la mirada de los investigadores pierde esa apariencia casual y se convierte en una práctica social que puede ser medida, clasificada, descifrada y entendida.

Pérgolis y su equipo Algunos de esos aspectos ocultos de la rumba son desentrañados por los investigadores Juan Carlos Pérgolis, Luis Fernando Orduz y Danilo Moreno en el estudio Redes y Fragmentos de la Cultura y el Espacio en Santafé de Bogotá.

La investigación, patrocinada por el Observatorio de Cultura Urbana, trabaja sobre dos de las muchas redes que se tejen en la ciudad: la de la rumba y la de las creencias religiosas.

En el caso de la rumba , el trabajo señala que los ámbitos en los cuales se desarrolla esta actividad permiten la nostalgia o la utopía. La primera representada en lugares salseros, de vallenatos y en tiendas estilo paisa, entre otros.

Y los sueños y fantasías, en los sitios de son cubano, de rock norteamericano y tabernas alemanas.

Alrededor de estos espacios se presentan formas de agrupación que no son posibles durante el día. La rumba gay, la de los alternativos, la de los intelectuales, la de los despechados.

Los personajes son tan enigmáticos como la mismas sombras: el rumbero , que satisface en la noche sus expectativas; el vampiro, nómada de los lugares sin tradición; las sirenas, clientes permanentes de los rumbiaderos de moda, y los zombies o seguidores de ídolos, que no faltan a los conciertos y se mueven en galladas aportando una connotación de terror con su presencia en la noche bogotana .

Los investigadores escogieron, como sitios más representativos de la rumba bogotana, la Zona Rosa, la avenida Primero de Mayo, Venecia, el Centro Nutabes (en la avenida 19 con 5) y el sector de Suba.

La exploración de la Zona Rosa confirma en el primer vistazo la percepción que algunos medios han difundido del sector: la rumba ligada al espectáculo, a los excesos y los alucinógenos.

Al profundizar, los investigadores descubrieron un complejo mundo sobre el cual tejen análisis igualmente complejos, realizados con una jerga particular, como los excedentes de repertorio simbólico , hibridaciones y fragmentacion , multiplicidades, diversidades y polivalencias , personajes arquetipos de este ritual y el espacio que preexiste a los sujetos .

El estudio analiza los rituales de los rumbiaderos en cuanto a las formas de relacionarse y de comportarse, la simbología de los nombres de las tabernas y de la música. Pero también explora la calle, los hippies que vende collares hasta después de la media noche, la rumba travestí de la vía pública y los nómadas de la rumba , los de a pie y los motociclistas que recorren la zona light de Bogotá en busca de ninfas.

Otra geografía En el otro extremo de la ciudad también brillan las luces de la rumba . En el sur aparece la imitación de la escenografía de la Zona Rosa, pero también lugares más nacionales como tiendas típicas antioqueñas y costeñas. Además se nota la disminución de los excesos, del espectáculo callejero y de la exhibición de las ropas y cuerpos por parte de los participantes.

De allí, los investigadores saltaron al hacinamiento y la diversidad de la rumba y a los riesgos de lo que significa gozarse el centro de Bogotá. También analizaron los rumbiaderos de sardinos en Fátima, 20 de Julio, Restrepo, Venecia y Chapinero.

Aquí se dan duelos de bailadores entre los grupos de muchachos que las frecuentan los fines de semana. En estos lugares, por lo general, reina el breakdance, un ritmo marginal estadounidense de origen jamaiquino que estuvo de moda en la década de los 80s.

Los conciertos, que se consolidaron en la última década en Bogotá, también fueron estudiados por Pérgolis y sus colaboradores, así como los burdeles y whiskerías . Estos últimos, según el estudio, constituyen una de las principales redes en Bogotá, lo cual permite que sus protagonistas trabajen en el norte, en Chapinero, en el Centro o en Sur.

En la investigación se identifican las chicas de Porky s, sensuales, con chaquetas de cuero, Levi s de los caros, perfumadas . Y se revelan las guías turísticas de los hoteles para ejecutivos, y de los lugares discretos, bien decorados y con sauna donde se reservan el derecho de admisión y trabajan muchas universitarias.

Estudios como esta revelan que no es tan cierto lo que se ha dicho sobre que la ciudad está sobrediagnosticada. Las más de 50 investigaciones que ha patrocinado el Observatorio de Cultura Urbana descubren nuevas facetas de nuestra Bogotá, que está en permanente construcción.

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