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LAS DETENCIONES NO BASTAN

LAS DETENCIONES NO BASTAN

No hace muchos años, Colombia era un país respetado y respetable en todo sentido. Pero, por sobre todo, por lo que tenía que ver con la honestidad de sus gentes, la pulcritud de sus funcionarios y la transparencia con la que se celebraban todos los actos públicos y privados. Causaba, de verdad, sincera admiración el que un país en vía de desarrollo (subdesarrollado, como se los denominaba entonces) conservara incólume su decoro, a pesar de las dificultades económicas por las que ha atravesado siempre.

Cuán distinta es la situación actual! Cómo se han transformado nuestras instituciones y nuestros dirigentes! De qué manera hemos dado al traste con esa respetuosa actitud con que se nos trataba en el concierto de las naciones! A todo lo cual hay que agregar la vergenza que nos causa a nosotros mismos una situación que se ha vuelto prácticamente inmanejable.

En muy pocos años la corrupción tanto en el sector público como en la empresa privada ha ido avanzando como un cáncer sin remedio. Sobre todo, en lo que respecta a los funcionarios públicos. Porque no es cosa de poca monta ni mucho menos la grave denuncia que ha hecho la Procuraduría General de la Nación sobre casos de corrupción en contrataciones por valor de 320 mil millones de pesos, suma astronómica, por lo demás que no se sabe a dónde fue a parar, mientras las necesidades de inversión en los sectores más desamparados de nuestra población se acrecientan día a día.

No se trata de unas calderillas insignificantes. Hay cooperativas que están involucradas en sucios manejos por un monto de casi 110 mil millones de pesos, contratos de inversión mal hechos entre municipios y departamentos por 23 mil millones, el desfalco en Caprecom por 120 mil millones, en el Inurbe por 78 mil millones y otros que aún se encuentran en el limbo.

Fuera de esto, hay denuncias por similares anomalías en Ecosalud, el Fondo de Prestaciones Sociales del Magisterio, el Fondo de Seguridad de la Rama Judicial y del Ministerio Público, la Caja Nacional de Previsión (Cajanal), el Sena, La Previsora y otras instituciones estatales, que se han visto afectadas por estas oscuras maniobras de empleados inescrupulosos, o delincuentes de la peor laya, para no andar con rodeos.

La Procuraduría General de la Nación está realizando las investigaciones correspondientes, es cierto, las cuales han dado como resultado la detención de algunos de estos funcionarios deshonestos. Pero hay que ir más allá. No basta con que estos sujetos cumplan una condena, generalmente benévola, y después salgan a disfrutar lo que han esquilmado al Estado y, por ende, a los contribuyentes. Se trata, ni más ni menos, de que respondan con su patrimonio por los dineros que hayan desaparecido o hayan sido mal invertidos, durante su gestión. Sólo así lo pensarán dos veces antes de embarcarse en la comisión de delitos que afectan tan gravemente el patrimonio de una nación. Es que si no hay lucro, para qué robar?

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