BOGOTÁ, APAGUE Y VÁMONOS

BOGOTÁ, APAGUE Y VÁMONOS

Los problemas graves sólo se arreglan con soluciones de fondo. Un error de los bogotanos ha sido creer que para mejorar la congestión de nuestras vías, y la estrechez de nuestras vidas, basta con un sistema de transporte masivo en la capital. Gastar billones en un metro que movilice multitudes,, aunque sea un mal necesario, sería sólo un pañito de agua tibia ante la gravedad de un problema cuya magnitud no hemos vislumbrado.

16 de enero 1998 , 12:00 a. m.

Ya vemos escasear el agua y mucho hemos sufrido al contemplar la ciudad en su crecimiento desordenado al extenderse incontenible sobre las fértiles tierras de la Sabana.

El problema hay que enfrentarlo de raíz. A esta ciudad lo que hay que hacer es sacarle gente. Hay que trasladar las fuentes de empleo a diferentes sitios del país, a lugares con menos densidad de población, que tanta necesidad tienen de desarrollo. En este plan encontrarán hechos para mostrar muchos de esos recién elegidos alcaldes y gobernadores ansiosos por complacer a sus electores. Algo parecido, lo admito, aunque a todas luces más tímido, han hecho en los Estados Unidos, y con algo más de ahínco en Suecia.

El Estado colombiano, dejando de lado su larga tradición centralista, y en aras de incrementar el desarrollo municipal, comenzaría marcando la pauta y sirviendo de ejemplo. Se podría, primero, pensar en un traslado de los ministerios. El de Agricultura se va para Palmira, Justicia a Medellín y Comercio Exterior a Cúcuta. No estaría mejor el de Medio Ambiente en Villavicencio, el de la Cultura en Ibagué y el de Salud en Manizales? Santa Marta, en homenaje a su tren y su tranvía, se queda con Transportes, y a Barrancabermeja va el de Minas y Energía. Educación construye su sede en Pereira y Hacienda se da el lujo de escoger a Armenia. El Ministerio del Interior haría mejor su trabajo desde Leticia o quizás Buenaventura, tratando, como es su deber, con la cultura negra y los indígenas.

Planeación Nacional me la llevo a Tunja y el Incora al Espinal. La Aeronáutica Civil cumple mejor sus funciones en Rionegro y para las aduanas qué mejor sitio que Riohacha. El Instituto Nacional de Salud quedaría en Neiva, el ICBF en Cali y la Corte Suprema en Popayán. Quién se pelearía la sede del Congreso? Para verdaderos debates acalorados yo sugeriría a Girardot, muy al gusto de la bancada costeña, pero sin dejarlos jugar de locales. Démosle la Comandancia de las Fuerzas Militares a Bucaramanga y mandemos la Contraloría a Barranquilla. La arquidiócesis queda al pelo en Pamplona, Telecom en Chocontá y el Ministerio de Trabajo en Montería. El Banco de la República tiene ya su bóveda en Valledupar, el DAS su escuela en Casanare y la Cancillería su casa para huéspedes no siempre ilustres en Cartagena.

El sector privado será rápido en responder a los incentivos tributarios. La Bolsa de Valores abrirá su sede en San Andrés mientras que las fábricas se dispersan por un centenar de municipios olvidados, permitiendo que la vieja zona industrial se convierta en una extensión del Jardín Botánico. Para la educación tengo grandes planes. Qué tal la Ciudad Universitaria en la bucólica Villa de Leyva, con subsedes en Coveñas y en Cartago, al tiempo que el ICFES se va para Pasto. Por su parte, la Universidad de Antioquia abre sus sedes en Urrao y Apartadó, y la del Valle se trastea para el embalse de Calima. Ya imagino el campus de la Javeriana en Fusa y el de los Andes en Sogamoso. El Rosario, con todo y Capilla de la Bordadita, ni mandado hacer para Barichara o Mompox.

Y así, la vida para los pocos que se quedarían en Bogotá parecería suspendida en un enero permanente sin trancones y sin colas, sólo la llovizna rompiendo el silencio de sus calles. En ese futuro cercano la presidenta, desde su ahora más que literal soledad del poder, presidiría sus consejos virtuales de ministros empleando las más modernas telecomunicaciones. Y entonces más que nunca tendría sentido la otrora famosa frase de un ya olvidado antecesor: aquí estoy y aquí me quedo .

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