ANÁLISIS

La renuncia de Santos es casi un hecho que bien puede oficializarse hoy.

20 de enero 1998 , 12:00 a. m.

Un rápido vistazo a la novela liberal de los últimos meses, con todos sus ires y venires, maturrangas , aculillamientos , bailes a cualquier son y luego orquestas desafinadas ; con todos sus imprevistos y cambios de juego a cargo de distintos actores (primero el Consejo Electoral, luego la Junta Parlamentaria, más adelante, el Tribunal de Garantías...), demuestran que estratégica y políticamente a Santos le queda bastante difícil seguir adelante.

La consulta se hundió, y en cierta medida eso se debió a la reiterada insistencia de Santos de no comprometerse abiertamente a respaldar al ganador de ella, a pesar de ser este precisamente uno de los pilares de ese mecanismo.

Luego vino la decisión de la junta de parlamentarios (en su mayoría serpistas) de pedir la convocatoria de una convención para el domingo 25 de enero. Su finalidad?: enterrar por decisión mayoritaria la consulta.

Con el correr de los días, la otra intención se fue haciendo más evidente: proclamar a Serpa candidato de una vez. El Tribunal de Garantías del liberalismo dio el puntillazo final cuando la semana pasada emitió un fallo en el que consideraba que la convención era soberana, inclusive para acabar con la consulta.

A lo largo de este rosario de acontecimientos, se escucharon las voces altisonantes de los independientes (Lleras y Valdivieso) criticando el desorden liberal, los contubernios y jugadas tapadas, y reafirmando su decisión de estar por fuera. El mismo Santos habló de una maturranga urdida por Serpa para matar a la consulta.

En general, sin el escenario de la consulta, Santos no tiene mucho juego ni pinta muy exitosa su intención presidencial, para el 1998-2002 o incluso para el futuro. Dentro del liberalismo, es él el evidente antagonista del continuismo, si no para ganar, ya que las encuestas dan a Serpa como ganador de lejos, al menos para plantearse como fuerza independiente con la cual contar.

Por fuera de la consulta, ese espacio anticontinuista está demasiado competido por Lleras, Valdivieso, y otros como Pastrana, Sanín y Bedoya.

Ahora bien, en una convención, la competencia con Serpa es todavía más desigual e imposible. Serpa, bien puede tener cerca de un 80 por ciento de los convencionistas.

Aunque los dos precandidatos negaron estar buscando un acuerdo, es cierto que hubo diálogos y que la propuesta era clara: Serpa, candidato; Santos jefe único por dos años y protagonista fundamental de la paz.

En el fondo, políticamente no es una mala salida: Santos se muestra como un hombre de partido, se pone en la fila como primera opción para el 2.002, asegura juego y presencia política por dos años.

Sin embargo, no todo es color de rosa con esa decisión: cómo presentar ante la opinión una alianza luego de tantos vituperios y de una tajante oposición al Gobierno y a su eventual continuismo? Cómo quedar amarrado definitivamente a un eventual gobierno de Serpa por dos años? Y por el lado de Serpa: cómo soltar un tema tan neurálgico y protagónico como el de la paz? Habrá algún camino para Santos distinto a retirarse?

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