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A BATATA LLEGÓ LA PAZ... Y LA LUZ

A BATATA LLEGÓ LA PAZ... Y LA LUZ

Todos miraban hacia el cielo como esperando que de allí cayera el maná que anhelaban. El helicóptero comenzó a descender con un ruido estrepitoso, mientras cientos de campesinos agitaban abajo pequeñas banderas de Colombia. La nave por fin tocó tierra y los habitantes de Batata, corregimiento de Tierralta (Córdoba), la recibieron con sonoros aplausos.

Era domingo y un endiablado sol de 43 grados centígrados hacía de las suyas. La celebración del Día del Campesino se constituía en motivo de reunión, pero lo que la población celebraba con más entusiasmo no era eso, sino la llegada de la acción cívico-militar. Un cargamento de medicinas, mercados, herramientas de trabajo, la dotación del puesto de salud y la inauguración de la electrificación rural, hicieron que los labriegos con el corazón henchido sintieran amor de patria.

Del helicóptero descendieron el gobernador de Córdoba, Angel Villadiego Hernández; el alcalde de Tierralta, Héctor Acosta Pacheco; el comandante de la Primera División del Ejército, brigadier general Víctor Julio Alvarez; el comandante de la Decimoprimera Brigada, coronel Gabriel Díaz Ortiz; representantes del Ministerio de Agricultura, Juan Becerra y Natalia Gómez; representante de la Consejería de la Presidencia para los Desplazados, Martha Yolanda Gómez; médicos y medios de comunicación, entre otros.

Atrás habían quedado los días en que los campesinos, entre el fuego cruzado de la guerra, tuvieron que dejar sus parcelas para convertirse en seres extraños y desarraigados en la ciudad. Ahora ya llevaban varios meses nuevamente en su tierra, cultivando maíz, arroz, yuca, ñame, y otros productos de pancoger que convierten a esta región en la despensa agrícola del Departamento.

Alfonso Castro, un campesino de 29 años, junto a su esposa y seis hijos pequeños sonríe mientras recibe un machete, medicina para una de sus niñas y un mercado que le permitirá variar su alimentación durante una semana. Por un momento aparta la mirada del tumulto de gente, se quita el sombrero y luego de rascarse la cabeza, con un tono pausado, dice Batata ahora es otro cuento, ahora se puede vivir y trabajar .

Muchos campesinos recuerdan que en la plaza donde ahora hay un polideportivo construido por el Ejército y en la cual se desarrolló la jornada cívico-militar, en años anteriores era escenario de encuentros de fútbol entre diferentes frentes de la guerrilla. Las Farc y el Epl se disputaban el territorio.

Nueva vida Mire --dice una señora que prefiere no revelar su nombre-- cuando algún muchacho quería entrar a la guerrilla no tenía sino que venir a este corregimiento y aquí lo aceptaban, lo entrenaban y lo mandaban para el monte. Aquí funcionaba una escuela de entrenamiento .

La ocasión fue aprovechada para condecorar y exaltar el valor de un grupo de soldados, suboficiales y oficiales que entre el 31 de enero y el 1 de febrero impidieron que la subversión se tomará nuevamente la población. Desde entonces el Batallón Junín, adscrito a la Decimoprimera Brigada, de Montería, hace presencia en la zona.

El coronel Díaz Ortiz dice que la población civil de Batata es una de sus consentidas porque no estuvo de acuerdo con la acción de la guerrilla. Estas son gentes buenas que no quieren guerra sino que piden que las dejen trabajar en paz para darle de comer a sus familias .

Batata tiene censadas unas 560 familias, sin contar las que viven en sus 12 veredas. El domingo fueron repartidos 600 mercados y se atendieron a cientos de campesinos que presentaban problemas de paludismo, infecciones de la piel y fuertes virosis en general.

En medio de la atención humanitaria no faltó la nota folclórica, la Banda de la Casa de la Cultura de Tierralta interpretó porros y fandangos mientras que los batateros se confundían en un solo baile. Las décimas y las consignas de paz fueron la constante durante el desarrollo de la jornada.

Este corregimiento a pesar de haber sorteado uno de sus mayores obstáculos, el orden público, sigue reclamando más atención por parte de las autoridades del orden municipal, departamental y nacional. Requieren vacunas contra el paludismo, mejores vías para comercializar sus productos, un puente sobre el río Sinú, a la altura de Callejas, otro puente en la quebrada Tucurá y acueducto.

Mientras se desarrollaba el sencillo programa y se escuchaban las intervenciones de las autoridades asistentes, los pobladores no dejaban de mirar hacía los bombillos que permanecían apagados. Esperaban que de un momento a otro la energía eléctrica llegara, pues les habían prometido que ese día sería inaugurado el servicio. Los minutos pasaban y no sucedía nada...

De pronto, después de escuchar la misa oficiada de manera conjunta por el párroco de Tierralta, Joaquín Pachón; el vicario cooperador de la zona Batata, padre Jorge Uribe; y el capellán de la Decimoprimera Brigada, Marcos Pacheco; alguien grito: La luz, la luz... llegó la luz! . Otro deseo se había cumplido, era otro regalo para los campesinos y otra luz de esperanza para la región.

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